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Y después de las elecciones, ¿qué?

  • Un hombre toma una foto a su hija con el eslogan «Gracias UE» durante las elecciones europeas en Praga
    Un hombre toma una foto a su hija con el eslogan «Gracias UE» durante las elecciones europeas en Praga

Tiempo de lectura 4 min.

26 de mayo de 2019. 19:06h

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Sophie Pornschlegel .  26/5/2019

Hoy se elegirá un nuevo Parlamento Europeo. Si bien muchos dejan de preocuparse por la UE una vez que se publican los resultados, lo contrario debería ser el caso: lo que viene después es mucho más interesante que lo que sucedió antes. Primero, las negociaciones entre los partidos nacionales para decidir a qué grupos parlamentarios se unirán pesará sobre la toma de decisiones en el Parlamento Europeo en los próximos cinco años. Los cambios en el panorama en países tan poblados como Francia tendrán un efecto importante en las relaciones de poder. La República en Marcha de Macron se unirá al grupo ALDE. En Italia, Alemania y Francia, las fuerzas socialistas y socialdemócratas han perdido apoyo significativamente desde las últimas elecciones; y el Partido Popular Europeo también ve que su poder disminuye a medida que las fuerzas populistas de derecha ganan terreno en toda Europa, últimamente también en España, donde Vox entró en el Parlamento en abril. Las negociaciones sobre el extremo derecho del espectro político también deben seguirse con atención. La pregunta aquí es si los partidos euroescépticos y los de extrema derecha lograrán presentar un frente unido en la UE o permanecer divididos. La coalición de Salvini con Reagrupamiento Nacional de Marine Le Pen, Alternativa para Alemania y el FPÖ austriaco en un nuevo grupo parlamentario (Alianza Europea de Pueblos y Naciones) es un intento de unir a los nacionalistas de Europa. El Fidesz de Viktor Orban podría tener diferentes planes.

En segundo lugar, las consecuencias de las europeas llevarán a la elección de los principales puestos de la UE. Junto a las tres presidencias en las principales instituciones (Comisión, Consejo y Parlamento), estarán disponibles otros dos puestos: el Alto Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad y la presidencia del Banco Central Europeo. Un gobierno de múltiples niveles como el de la UE requiere figuras con talla política y experiencia, pero también el equilibrio correcto entre nacionalidades y colores políticos. Aún no está claro si los Estados miembros se mantendrán fieles al proceso relativamente nuevo del «spitzenkandidaten» para elegir al próximo presidente de la Comisión. Este proceso se implementó por primera vez en las últimas elecciones de 2014 y se supone que debe politizar a la UE y otorgar más poder al Parlamento. Sin embargo, esta vez ni Merkel ni Macron tienen interés en dejar que el candidato bávaro Manfred Weber se convierta en presidente (ya que es probable que el PPE gane la mayoría de los escaños). Para Merkel, Weber no es lo suficientemente popular en Alemania y no tiene un perfil político suficiente para el puesto principal de la UE, ya que nunca ocupó ningún cargo en el Gobierno nacional. Para Macron, tener un candidato que no sea de su propio grupo tampoco le interesa, y tiene una clara preferencia por Michel Barnier, un político proeuropeo francés, procentroeuropeo y negociador principal del Brexit. Sin embargo, abandonar el proceso del «spitzenkandidaten» significa deshacerse de un intento de politizar la UE y quitarle el poder al Parlamento, una medida que podría llevar a críticas de muchos lados.

Si bien la atención se centra a menudo en la presidencia de la Comisión, uno tiende a olvidar la importancia de los otros cargos. De hecho, será crucial ver quién se convertirá en el alto representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, ya que esta área ha ganado importancia con la reorganización global del orden internacional desde la elección de Donald Trump y el creciente juego de poder entre EE UU y China. Queda por ver cómo el próximo Alto Representante equilibrará los diversos intereses de política exterior de los Estados miembros de la UE.

Además, la elección para la presidencia del Banco Central Europeo también se produce en un momento importante, dado que los socios de la UE no lograron dejar que la zona euro quedara «a prueba de crisis» desde la última de 2012. La responsabilidad del BCE es garantizar la estabilidad de la zona euro. Si la promesa de hacer «lo que sea necesario» no se cumple con el próximo presidente del BCE, esto podría tener consecuencias fatales para los países en situaciones económicas difíciles.

Este tema sensible seguirá siendo relevante a medida que aumenten las demandas de una Europa más proteccionista. Como ejemplo, tanto la extrema derecha como la extrema izquierda en Francia exigen políticas más proteccionistas, e incluso el programa de Macron destaca la importancia de una «Europa que proteja».

Por último, el entorno político, con los Estados miembros de la UE gobernados por partidos antieuropeos y partidos de extrema derecha, no facilitará que las instituciones de la UE trabajen juntas de manera efectiva y encuentren consenso sobre una serie de cuestiones apremiantes. En primer lugar, las negociaciones sobre el marco financiero plurianual (MFP) 2021-2027 seguramente continuarán siendo objeto de difíciles discusiones. En segundo lugar, el Brexit continuará generando incertidumbre, ya que todavía no está claro cuándo Reino Unido abandonará la UE. Y por último, una serie de áreas políticas requerirán una atención especial: cambio climático, transformación digital, lucha contra la desigualdad y evasión fiscal, cuestiones de seguridad y defensa, así como el permanente problema migratorio, pero también las prioridades relativamente nuevas relacionadas con los valores europeos y el Estado de derecho.

Analista del Das Progressive Zentrum de Berlín

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