Antes (y después) del amanecer, del atardecer y del anochecer

¿El desgaste de la pareja en el confinamiento es una distorsión o es al revés y las parejas que no tenían mucho en común, las poco compatibles, han salido a la luz como una realidad inapelable?

La gata sobre el tejado de zinc.Archivo

Hace años leí en un comic algo que para mí es una verdad como un piano de cola, que las únicas parejas que de verdad funcionan son las compuestas por un tándem perfectamente armonizable: “calzonazos y manipuladora”.

Me eché a reír con cierta lástima, porque, a pesar de ser una magnífica manipuladora (como casi cualquier mujer inteligente que no haya alcanzado el nirvana), no me atraen mucho los calzonazos y por ello mi vida amorosa estaría sembrada, o sazonada, si lo prefieren, de emociones, no todas ellas deseadas.

Según mi ex marido, que además es psiquiatra, dada la condición miserable y débil de cualquier representante del género humano, el destino de la convivencia entre dos seres pensantes que inicialmente se sentían atraídos el uno por el otro es el aborrecimiento. Dice, desde su socarronería incorregible, que el único destino lógico y sano en una pareja de larga convivencia es el desprecio.

_Todo el mundo le tiene manía a su pareja, digan lo que digan_ se muere de la risa.

_Todo el mundo no… también existe el amor…

_No es incompatible.

¿Y ustedes cómo lo llevan, amigos? Después de casi tres meses encerrados, en pleno ejercicio de la desescalada, nos encontramos ante dos opciones a la hora de valorar los problemas amorosos en la cuarentena:

1) ¿Produce tal vez el confinamiento, con la excesiva cercanía y los demás estresores del coronavirus, una distorsión de la opinión que tenemos sobre la relación y sobre el otro? (No en vano, cuando intentamos leer un libro excesivamente cercano a nuestros ojos no vemos las letras con nitidez…)

2) ¿O, por el contrario, es al revés? ¿Está poniéndonos el confinamiento en nuestro sitio, y mostrándonos (el camino hacia el juzgado) tal cual somos?

Antes de la pandemia, las pocas horas que compartíamos con nuestra pareja favorecían un mayor atractivo, y no hablo sólo de la indumentaria (que indudablemente era otra) sino de una actitud más sofisticada y misteriosa, con el encanto que sólo produce el trato ocasional (porque una pareja normalmente está muy poquitas horas al día junta y despierta…) Y toda esa la frescura de lo que uno traía de nuevo cada día al regresar a casa…

Preguntemos a los expertos, ¿el desgaste de la pareja en el confinamiento es una distorsión o es al revés y las parejas que no tenían mucho en común, las poco compatibles, han salido a la luz como una realidad inapelable? Angel Fernández, psicoterapeuta de Grupo Laberinto apunta a la segunda alternativa: “Las dos hipótesis podrían cuajar, el nivel de estrés que supone vivir confinados es alto, sobre todo si hay problemas de salud, económicos o empresariales… es normal que se distorsione la manera de ver al otro. Sin embargo, me quedo con la segunda opción. El confinamiento ha supuesto un experimento afectivo de cómo funciona cada pareja y nos ha hecho ver el estado o la calidad de nuestras relaciones”.

Lo cierto es que nos elegimos sin sospechar que un día tendríamos que permanecer encerrarnos en casa durante semanas sin ver a nadie más e incluso tele trabajar indefinidamente y autoabastecernos de todo, limpieza, cocina, diversión, dialogo, comprensión y amor. A lo mejor la persona que te enamora o te erotiza por una serie de características no es la persona que necesitas para una reclusión. Es innegable que no elegimos a nuestras parejas con vistas a estar confinados sino para vivir de manera independiente. Tal vez si nos hubieran avisado escogeríamos un perfil más compatible con nuestra forma de existir dentro de una casa porque pasar 24 horas del día encerrados requiere más que de amor, de mucha compenetración, afinidad y entendimiento.

“El confinamiento nos ofrece una dosis de realidad de lo que es la otra persona y uno mismo y a lo mejor han salido facetas que estaban ocultas o que eran soportables en pequeñas cuotas, pero durante el confinamiento no se pueden soportar.”

Y luego es que discutir dónde va el trapo de los cristales o quien lleva los cartones a reciclar es de un patetismo ilimitado, así como enfadarse ante las muchas opciones de series de Netflix y futilidades semejantes. Lo peor es que la limpieza de la bañera puede llevar a otros desencuentros más profundos si la relación no era buena.

“Existen varios perfiles de parejas confinadas: las parejas emocionalmente dependientes, que al principio habrán estado muy bien; las parejas de corte evitativo que prefieren no compartir mucho espacio e ir por libre, donde el hecho de estar conectados todo el rato sin posibilidad de un escape para la intimidad habrá supuesto muchas dificultades; pero lo peor son las parejas mixtas, con uno dependiente y el otro evitativo, donde la regulación confinados es imposible. Las parejas que mejor funcionan son aquellas en las que ambos son seguros, tienen una capacidad de mentalización alta y saben ver e interpretar a la otra persona en todo momento” apunta Fernández.

“Hay parejas que se regulan y parejas que no se regulan; tiene que ver con las relaciones afectivas y de apego que hemos aprendido durante toda la vida. Las parejas que no se regulan son las que se disparan continuamente sus estilos de apego y son las más vulnerables ante determinados acontecimientos, como por ejemplo un confinamiento”

Las parejas con hijos lo tienen mucho más difícil, se habla de un baby boom cuando volvamos a la normalidad (si volvemos) pero en parejas que no tenían hijos previamente; las que sí los tenemos tele trabajamos, los entretenemos, aseamos, alimentamos y paseamos cada día mientras procuramos continuar con nuestra vida profesional no les quiero ni contar...

Una encuesta realizada por ‘Ashley Madison’ señala qué comportamientos hacen que las personas no quieran tener intimidad ni sexo con su pareja en la pandemia y algunos de los más señalados son el ver al otro pegado a la pantalla de su dispositivo, aguantar el mal humor o el desorden y el escaqueo en las tareas del hogar. “Las parejas aprenderán a regularse, pero si ya venían de una situación frágil puede ser insalvable.” “Habrá parejas que no podrán salvarse porque han visto una parte de la otra persona que no les gusta.”

¡Qué fantasía! Me recuerdo en nochevieja, brindando despreocupada por los locos años veinte… Tal vez el crack de la pareja discurra paralelo al de 1929, donde sólo los más fuertes permanecieron.