¿Por qué me enfado con los demás cuando estoy triste?

La respuesta es sencilla: te estás prohibiendo sentir.

¿Has sentido alguna vez que te enfadas con los que te rodean sin motivo aparente? ¿Después de haber tenido algún encontronazo con los tuyos te has arrepentido de haber dado una mala contestación o de haber dicho cosas que no deberías haber dicho? Gracias a los consejos de la psicóloga y doctora en neurociencia y fundadora de Vidas en Positivo, Ana Asensio, así como del profesor de Psicología de la universidad CEU San Pablo,Fernando Miralles, hemos comprendido que la irascibilidad es una consecuencia habitual de la tristeza y que la segunda no tenemos por qué refrenarla.

“La tristeza es una emoción saludable, necesaria, fisiológica, orgánica y natural del nuestro cuerpo”, comenta Asensio. Nos dice que es una respuesta química a diferentes situaciones. Una función más del organismo. Por eso asegura que, ante todo, tenemos que “darnos permiso para estar tristes”. “Llorar la tristeza, depurar esa química, es como hacer limpieza de la casa interior y vaciar lo que ya no sirve, lo que soltamos, lo que donamos o regalamos, es limpiar, ordenar y cuidar nuestra casa interna”, señala a modo metafórico la experta.

Llegados a este punto nos explica que es cuando no nos permitimos la tristeza cuando surgen los problemas. Si la consideramos un acto de fragilidad, la tristeza y otras emociones como la rabia, la ira, el enfado, y en ocasiones también es el miedo se presentan como emociones superpuestas. “Cuando esta inseguro se cree por debajo de sus posibilidades”, dice Miralles. “Una de las formas de defensa es mostrar un distanciamiento con los demás”, argumenta. “El enfado viene como mecanismo de defensa frente a una emoción que no quiero mostrar”, dice por su lado Asensio. Y ¿cómo atajamos esto?

¿Cómo evito enfadarme con los demás cuando estoy triste?

Según los expertos el secreto radica en buscar un espacio para nosotros. Para nuestra conexión. Para sentir y llorar si es necesario. “Todos tendríamos que tener al día cinco minutos para reflexionar. Deberían enseñárnoslo desde pequeños”, asegura Fernando Miralles.

Asensio se lleva esto último al plano práctico y nos dice que “está el claro ejemplo de estar triste y tener eventos y trabajo y no poder permitirnos el estar “hacia dentro”. Pero nada es problema para la psicóloga. “En este caso aguantamos un poco, pero somos conscientes de que esto habrá que sacarlo, y es preferible que una vez en casa busque un espacio para mí, para mi conexión o incluso para llorar, antes de que todo empiece a molestarme y salga un mal humor en ocasiones desproporcionado que como consecuencia puede traernos más quebraderos de cabeza”, apunta. “Para no enfadarnos por el hecho de estar tristes, es necesario aprender a aceptar la tristeza como algo humano, necesario y normal”, añade. “Recuerda que no hay emociones positivas ni negativas, las emociones están para ser sentidas”, dice Asensio para terminar.

Salir del bucle

Si ya nos encontramos en una situación de permanente tristeza e irascibilidad y sentimos que todo es como una especie de pescadilla que se muerde la cola, es probable que necesitemos pedir ayuda. Miralles en este sentido nos habla de neurosis y alude al “visillo que se pone entre la persona y la realidad”. “La persona ve el mundo distorsionado por ese visillo. Hasta que alguien no le ayude a objetivar no se lo v a quitar”, dice el experto. “Confiar en psicólogo pareja o amigos para hacer agujeros en ese visillo”, dice. “Es lo que se conoce como reestructuración cognitiva”, comenta. Por eso, en definitiva, si no nos queremos enfadar con los demás cuando estamos tristes, tenemos que:

  • Permitirnos la tristeza como una respuesta natural de nuestro cuerpo
  • Normalizar pedir ayuda a los demás cuando creamos que lo necesitamos