¿Cuál es el secreto de las parejas que funcionan?

Las medias naranjas no existen. Te desvelamos todos los secretos para tener una relación feliz

Las parejas que no saben separarse, las que cuelgan fotos preciosas en Instagram, la que a los dos días se declaran amor eterno… tarde o temprano serán las que se consumirán y acabarán rompiendo. (el último ejemplo lo tenemos con Adelina y José, la pareja pluscuamperfecta de la Isla de las Tentaciones que acaba de hacer un comunicado anunciando su ruptura). Y sin embargo, esas parejas que saben quedar con sus amigos por separado, que no causan embarazo en las reuniones sociales y que muchas veces nadie daba un duro por ellas son las que sobreviven felices.

¿Sabes por qué? ¿Cuáles son los factores que hacen que personas diferentes tengan relaciones más sólidas que aquellos que a priori son complementarios?.

La realidad es que lo más importante, más allá de la afinidad de las personas es el tipo de relación que ambos deciden construir juntos. La dinámica que se construye importa más que las personas. Por supuesto, hay que valorar muchos otros factores como la propia personalidad, gustos compartidos, el deseo y las ganas de hacer feliz a la otra parte por encima de nuestro propio egoísmo.

Hay claves que sí que comparten todas esas parejas que conviven (felices) desde hace años: un compromiso mutuo, confianza plena, comprensión sexual y pocas discusiones. La apertura mutua y la comunicación es un factor que debe ser desarrollado para que una relación prospere de manera satisfactoria.

La vida es un proceso constante de cambio y las parejas tienen que saber cómo afrontarlos juntos para prevenir las crisis. Es inevitable tener problemas, tensiones e incomprensiones, pero es trabajo de cada uno el querer (sobre todo querer) resolverlos para continuar unidos.

Es por esto que la comunicación es primordial dentro de una pareja, y que un reproche no dicho no crezca y se “haga bola” hasta que explote como crítica feroz. De hecho las verdaderas parejas son las que maduran y crecen con las crisis. Hay un refrán que dice que “mar en calma no hace marinero” y en los asuntos del amor sucede lo mismo. Todas las disyuntivas que nos vamos encontrando en nuestras vidas constituyen momentos que pueden unir o separar a las parejas.

Sentimiento o erotismo

La psicología clínica ha demostrado que existen dos tipos de relaciones, la complementaria y la simétrica. La relación complementaria es aquella en la que las dos piezas encajan y se completan. Aunque pudiese parecer el sumun de la perfección, como todo, los extremos son nocivos: en este tipo se pueden meter también el maltrato torturador- víctima.

En la relación simétrica se prioriza el respeto por el otro y la autonomía personal, como dos vías de tren que transcurren paralelas una a la otra sin cruzarse jamás.

Para que una relación funcione se necesita mezclar estos dos estados, la simetría y la complementariedad. En caso contrario, la pareja seguramente terminará, ya sea por exceso de lejanía o por no saber diferenciar uno del otro.

El sexo tampoco es una garantía de éxito: es cierto que representa un plus añadido para las parejas felices cuando todo va bien, pero no garantiza ni la estabilidad ni la duración a lo largo del tiempo.

El sentimiento entendido como una unión afectiva se tiene que basar en la fe en el otro, en poder confiar incluso nuestros defectos y fragilidad en la mayoría de los casos es más potente que la unión sexual. El deseo antes o después se agota, el sentimiento de pertenecer y proteger no.

Ojo, no confundamos tampoco felicidad con seguridad, que para muchas personas es un bien mucho más preciado, personas que en este caso buscarán el placer fuera de casa, desde las relaciones extra-conyugales a los chats por internet subidos de tono.

La receta secreta es tan fácil de decir como difícil de llevar a la práctica: hay que aspirar a que ambos miembros de la pareja sean capaces de cultivar su propia autonomía personal y al mismo tiempo mantener un recíproco cortejo que alimenten la esfera erótica, unido a una protección y respeto.

¿Qué necesita la relación para durar?

Las claves a desarrollar sería la intimidad, el deseo y la complicidad

Intimidad

La vida de una pareja requiere de sinceridad y tener proyectos comunes. También es importante saber cómo decirse las cosas que nos hieren o molestan: insultar o decir palabras hirientes al discutir van socavando poco a poco el respeto y las ganas de continuar juntos.

Deseo

Sin pasión, los amantes pasan a ser amigos y ese es el fin de muchos matrimonios. El cariño se puede construir poco a poco, el deseo no puede ser forzado. Lo que sí podemos hacer es cultivarlo: hay que seguir arreglándose y esforzándose para ser atractivos a ojos de nuestra pareja. Por desgracia, muchas parejas con el tiempo se abandonan pensando que “ya lo tienen todo hecho”.

Complicidad

Hay parejas que con una mirada o una sonrisa se lo dicen todo. Al contrario de la pasión, la complicidad sí que se va desarrollando con el tiempo. Complicidad significa estar los dos en el mismo bando incluso cuando uno de ellos se equivoca. La complicidad significa sostenerse y hacer frente común a todas las amenazas que la vida pueda poner a la relación (terceras personas, problemas laborales o de salud…).

La complicidad aumenta con la vida en común y con el conocimiento de las virtudes y los defectos del otro. Se nutre de intimidad, sinceridad y confidencias y se destruye con los celos, los miedos y la cólera.

El amor, entonces, no es algo que existe y que se queda por sí solo: es algo que viene continuamente desafiado y puesto a prueba, por lo que hay que renovarse continuamente. Renacer de las crisis. De lo contrario, lo más fácil es abandonarlo y darse cuenta un día que la llama ya no está.