Stealthing: la peligrosa agresión sexual de quitarse el condón

Esta nueva “moda” es una falta ética y un acto que puede implicar riesgos para la salud física y psicológica en la mujer.

Retirar el condón sin permiso es una práctica peligrosa
Retirar el condón sin permiso es una práctica peligrosa

Las redes sociales han propiciado un aumento de los encuentros sexuales de todo tipo de pelaje y por desgracia, muchos de ellos no son nada seguros ni divertidos. Las aplicaciones para ligar han desvirtualizado tanto a las personas que muchas veces se olvida que quien contesta a los mensajes no es una máquina sino alguien con sentimientos. Y muchos han interiorizado que la gente se puede usar a su antojo con la misma empatía que se le da a una piedra. En los últimos tiempos se han popularizado diferentes prácticas sexuales que suponen un riesgo para la salud de las personas implicadas, e incluso llegan a ser directamente una agresión sexual. Entre ellas se encuentra el stealthing, una práctica cada vez más extendida entre la población más joven.

Stealthing significa literalmente con sigilo. El término stealthing hace referencia al momento en el que el hombre se retira el condón de manera no consensuada durante una relación sexual. Como este acto se lleva a cabo en secreto, sin que su pareja tenga conocimiento de ello ni haya dado su consentimiento para una relación sin protección, se ha catalogado como una agresión sexual.

En una relación sexual, ya sea homo o hetero, cuando ambos miembros han acordado mantener relaciones con preservativo pero de forma unilateral una de ellas decide retirar el condón durante el coito, se está vulnerando la libertad sexual de la otra parte y además se le está poniendo en riesgo.

No se puede olvidar que el stealthing es una acción voluntaria por parte de ese sujeto, es decir, aquí no caben roturas o que el condón se salga involuntariamente durante la penetración. Es un acto totalmente premeditado. Tan solo se necesita una pausa, un cambio de posición y se lo quitan sin que la otra persona se dé cuenta. De hecho, existen hasta foros donde los hombres comentan cómo hacerlo o qué decir si les pillan en ese momento. Las redes sociales también están haciendo que esta peligrosa práctica se popularice especialmente entre los más jóvenes.

¿Por qué se realiza?

Muchos hombres buscan activamente provocar un embarazo. Otros, quieren incrementar su propio placer sexual al tener relaciones “a pelo”. Un tercer motivo es que la persona se toma como un reto personal que la pareja no note la retirada del preservativo, así que le motiva el riesgo de ser descubierto.

¿Agresión sexual?

Las víctimas se exponen a riesgos físicos de embarazo y enfermedad. El stealthing supone un elevado riesgo para la persona que lo sufre, y es que se aumenta el riesgo de embarazo no deseado, así como de contagio de diversas enfermedades de transmisión sexual como el VIH, la sífilis y la gonorrea. Además, ese abuso de confianza también es una grave violación a su dignidad.

El problema aparece cuando la mujer (o el hombre en las relaciones homosexuales) se sienten confusos y enfadados pero no saben qué hacer y muchas veces no hacen nada, porque el abusador suele quitar importancia al hecho o tacharles de exagerados “no es para tanto”, “si llego a pensar que te ibas a poner así no lo hubiera hecho”.

Es cierto que la ley no es igual en todo el mundo, pero en opinión de Sandra Paul, abogada experta en delitos sexuales, “la persona está potencialmente cometiendo una violación”. “Tiene que haber algún acuerdo de que se va a usar el condón o que se va a retirar”, explica. “Si la persona no sigue las reglas, la ley dice que no hubo consentimiento”.

En lenguaje menos legal, si acuerdas tener relaciones sexuales usando un preservativo y te lo quitas sin decir nada, ya no tienes consentimiento.

Y la violación es cuando “penetras a otra persona y esa otra persona no lo consintió”.

Qué hacer si te sucede

Muchas personas se quedan con la sensación del abuso pero no saben qué hacer. Generalmente estos casos no son denunciados debido a que algunas de las víctimas ignoran que se trata de un delito o incluso a que consideren que al haber consentido acostarse con el agresor esa práctica en cuestión también está implícitamente consentida. En lo que respecta al agresor, muchos no consideran estar violando la ley ni llevando a cabo un abuso, o bien quitan importancia a su acto.

No hay que perder el tiempo y se debe actuar rápidamente. Lo primero, ir a una farmacia y comprar la píldora del día después si se es mujer y el hombre eyaculó dentro. Después, hay que hablar con alguien de tu confianza, como un amigo o familiar pues en ese momento se necesita a alguien que te apoye y te escuche.

No hay que descartar tampoco acudir a un especialista para hacer una revisión de salud y poder descartar enfermedades de transmisión sexual.

No hay que sentir ni culpa ni vergüenza, pues la víctima del stealthing no ha pedido ser abusada, jamás. La responsabilidad recae al ciento por ciento en el hombre que se extralimita.

Y por supuesto, si te sientes con fuerzas y ganas, acude a una comisaría y denuncia a ese sujeto que no te ha respetado como persona.

Consecuencias legales

Ya hay condenas sobre este reprobable acto, y es que se trata de una práctica sexual no consentida, que es penada por ley. Según se recoge en el Código Penal español, la persona que sin consentimiento realice actos que atenten contra la libertad o indemnidad sexual será considerado responsable de abuso sexual, cosa que el stealthing cumple. Las penas pueden ir entre uno y tres años de prisión o multas de entre dieciocho y veinticuatro meses. Y ello no ocurre únicamente en nuestro país. Por ejemplo, en estados como California ha sido incorporado a la definición de violación.

En diciembre de 2018, en Alemania, un caso de stealthing se hizo viral y se resolvió con la sentencia del acusado a ocho meses de cárcel y a pagar una multa de 3.000 euros, además de 96 euros adicionales para costear la prueba de salud sexual de la víctima, que esclareció lo que había ocurrido.

El año pasado en nuestro país, el Juzgado de Instrucción 2 de Salamanca condenó a un hombre como responsable de un delito de abuso sexual a una pena de 12 meses de multa a razón de 6 euros de cuota diaria, es decir, 2.160 euros. Además, tuvo que sufragar 900 euros a la víctima como indemnización por los daños causados y 101 euros a la Gerencia Regional de Salud de Castilla y León en concepto de indemnización por los gastos sanitarios generados.

Según los hechos probados, el “hombre se encontraba en su domicilio particular junto a la mujer, y tras acordar ambos mantener relaciones sexuales con empleo en todo caso de preservativo, y en el curso de las mismas, tras hacer uso de un primer preservativo y colocarse otro, él se quitó el segundo preservativo sin conocimiento ni acuerdo previo por parte de ella, y continuaron las relaciones sexuales entre ambos con penetración”.