Ocio

El 69,4% ve excesivos los precios en los restaurantes de autor

Además, el 42,5% de los encuestados cree que este tipo de establecimientos gastronómicos no tiene ningún futuro

La sostenibilidad aplicada a los  alimentos y lo políticamente correcto se ha colado también en las cocinas
La sostenibilidad aplicada a los alimentos y lo políticamente correcto se ha colado también en las cocinas

Además, el 42,5% de los encuestados cree que este tipo de establecimientos gastronómicos no tiene ningún futuro.

Comer es una necesidad. Y también un negocio. Sobre todo para algunos. Desde el trabajo con las distintas materias primas –animales o vegetales– hasta la elaboración y emplate de los alimentos procesados. Como toda actividad humana sujeta a modas e influencias la cocina, los cocineros –más que las cocineras, con menor relumbrón– han pasado y pasan por distintos momentos de éxito y críticas. Como apunta la encuesta de NC Report la mayor parte de los consultados descalifica los precios de las creaciones gastronómicas de los restaurantes con estrella por el alto precio de esos platos.

Desde las cocinas, los que están en los fogones subrayan la importancia económica de sus platos en atención al tiempo y esfuerzo que se exige al equipo de cocina. Unido a esa idea se apunta también que el 42,5% no considera que en lo que se ha venido a llamar «nueva economía» tengan futuro. Esas nuevas pautas económicas han dejado atrás –muy, muy atrás– conceptos como el de «comida rápida», se lanzaron luego al «slow food», la comida hecha como en el pasado, sin prisas, lenta y «con cariño» y en tiempos más recientes apuestan por «soluciones alimenticias» respetuosas con el medio ambiente, con los seres vivos o con la vida de las plantas.

Esto es, el movimiento vegano parece haber llegado para quedarse y no son pocos ya los casos de carnicerías atacadas por furibundos animalistas que quieren «denunciar el asesinato» de animales. Llegados a este punto no hay restaurante de cocina de autor que se atreva a ofrecer fresas en invierno. La sostenibilidad se ha convertido en un dogma, y quien se aparte de él deberá pagar con su patrimonio la osadía. Tendrá que poner «Se alquila» en la puerta de su antaño afamado local. Frivolidades pocas.