Origen Clandestino: identidad garantizada, icono a la vista

Vanguardia atrevida y fusión prometedora. Brillante sucesión de argumentos culinarios y réplicas gustativas sin descanso.

Ceviche quisquillas con lulo y yuzu
Ceviche quisquillas con lulo y yuzu

Vanguardia atrevida y fusión prometedora. Brillante sucesión de argumentos culinarios y réplicas gustativas sin descanso.

Fiel a su inquebrantable compromiso culinario Junior Franco y su restaurante Origen Clandestino llevan ocho meses de vida, con una concluyente actividad creativa. Desde su Manizales natal, en la Colombia cafetera, donde germinó su afición magna hasta al histórico barrio del Carmen valenciano hay un largo recorrido.

Cocina de larga meditación improvisada, un viaje introspectivo a la semilla de los territorios de la infancia colombiana, sin pasar por alto las sugerencias niponas y los guiños mediterráneos. Con ambas cocinas sintoniza durante su exilio académico, tras pasar por las catedrales culinarias de Riff, Kabuki, Diverxo y coger músculo en Suculent. Referentes culturales en los que apoya sus composiciones. Son los territorios en los que se desenvuelve, en un viaje gustativo de ida y vuelta, siempre anexionado a la fusión atrevida con un sello personal.

Nos adentramos en tierra ignota. Sentimos curiosidad. Un cocinero empieza a ser libre el día que pierde el miedo a experimentar, caben las demasías y los excesos. Esa concepción escrupulosamente creativa de su cocina queda de manifiesto en platos como la Ostra Valenciana con maracuyá y aji amarillo peruano. Una declaración de principios.

Sus menús suelen ceñirse a un ilimitado metraje de sabores y sensaciones, donde prevalece la sorpresa gustativa, ceviche de quisquilla con lulo y yuzu. La magia y la sensibilidad no pasan inadvertidas ante nuestro paladar. El crecimiento cualitativo es exponencial conforme avanza la comida. Se masca la alegría gustativa: croqueta de pollo curry tailandés y anguila glaseada con tamarindo y caña de azúcar.

El menú se convierte en una brillante sucesión de argumentos culinarios y réplicas gustativas sin descanso: Latín «crab» con mazorca de feria y pluma ibérica a la brasa. De cierre, un postre descomplicado, sorbete de mango biche con sal, pimientas y chile que redondea la sobremesa. Ah para finalizar bendito café... Un tinto colombiano sin perdón.

La incredulidad de los clientes al llegar al taller gastronómico es latente. Al salir la conclusión es evidente. No se resiste ninguno. Compendio de vanguardia atrevida, y fusión provocadora. Es una realidad culinaria brillante y prometedora.

Origen Clandestino trasciende con el ardor culinario desmelenado. La riqueza de lo diverso. No todo vale... Despacito. Es el código de nuestro protagonista que aboga por la libertad de sabores y disfruta de la naturaleza culinaria en estado puro. Esperemos que, en un futuro no lejano, no limite los arrebatos creativos para consuelo de sus devotos. En ese apetito insaciable en la búsqueda de nuevos platos dejamos a Junior con su odisea gustativa camino del éxito.

Cocina sin enmienda ni suplicatorio gustativo después de ver la solidez creativa demostrada. Origen Clandestino se ha convertido en antídoto contra la vulgaridad gustativa.

Un canto gastronómico para convertir una sobremesa en recuerdo. Espontaneidad culinaria controlada que no crea malentendidos en el gusto de los clientes. Disimula imperfecciones menores, de eso se trata, para eso es un taller gastronómico que ofrece resultados magnéticos. Entre la creatividad y el atrevimiento culinario parece latir una tácita sintonía estratégica basada en el respeto a la fusión gustativa.

Origen Clandestino nos permite descubrir una cocina sorprendente que hace del aburrimiento algo imposible.

Creatividad y sentido de la oportunidad. Obren en consecuencia y jueguen con ventaja. Y déjenme contarle la penúltima: Reserven con antelación. Origen clandestino, Identidad garantizada. Icono a la vista.

Pisando fuerte

En unos tiempos estos en los que el éxtasis culinario está más cerca de la química que de la mística gustativa. Los nuevos cocineros significativos, no pasan de largo, dejan huella al fomentar una interacción directa. Las aptitudes gustativas de Origen Clandestino no cogen desprevenida a la familia comensal, tras el viaje gustativo llegamos al destino. Reconocimiento inmediato: «Hay que volver». Existe cierta unanimidad. No existen opiniones encontradas. La creatividad culinaria encuentra su interlocutor ideal: Junior Franco pide paso. Pisando Fuerte.