1.000.000 € aún por repartir

Algunos muebles, varios cuadros y algo de dinero en cuentas quedan pendientes de asignar. Además, el día 20 se abrirá el «otro» testamento

Alfonso Díez ya tiene su ligero equipaje empaquetado en el palacio de Dueñas camino de Sanlúcar y de Madrid. Seas duque o carpintero, cuando mueres, la Ley es igual para todos y nos dan diez días para que aparezcan los testamentos. Nadie recordaba que existiera otro que no fuera el de marzo de 2013, vagamente alguien insinuó que pudiera haber uno antiguo. Así que, cuando apareció en el despacho del notario Alfonso Madridejos un sobre lacrado con cinco sellos rojos, todos temblaron porque ¿y si a Cayetana se le había ocurrido hacer unas últimas voluntades entre 2013 y finales de 2014? todo lo acordado podía desvanecerse. Falsa alarma. El misterioso sobre lacrado sí es un testamento depositado ante notario y con la firma de cinco testigos, pero de 1973. Como marca la Ley, el notario lo presenta en el registro de los juzgados de primera instancia de Madrid y por deferencia se lo comunica al juez decano, Antonio Viejo. El responsable del Juzgado 81 de primera instancia llama a los cinco testigos para reconocer sus firmas antes de abrirlo. Se da la circunstancia de que cuatro de ellos están muertos y que el notario Alberto Ballarín, al que Cayetana le dejó en depósito el testamento de 1973, es muy mayor y está ingresado. Alberto Madridejos es el notario que saca a relucir el testamento: «Sólo he sido un depositario y no he conocido nunca a la Duquesa de Alba, ni a sus hijos. Recordé ese testamento que me deposita Ballarín cuando se jubila porque es una cosa notoria, como lo es también que haya estado 42 años en secreto».

El único testigo vivo es un antiguo empleado del banco en el que Cayetana tenía en esa época sus cuentas. Lorenzo Suárez acudirá ante el juez el próximo martes día 20 para que allí, junto a los cuatro DNI de los fallecidos, el juez compruebe las firmas de los testigos y Suárez declare si los lacres están alterados o son los que él testificó en su momento. Entonces el juez pedirá las pruebas caligráficas antes de proceder a su apertura y eso necesita tiempo. Ha habido más testamentos posteriores que están todos revocados por el último de 2013, pero la expectación ante éste es grande. La única sorpresa serían nuevos bienes de los que no se supiera su existencia y entonces, se procedería a repartirlos en la misma proporción que marca el testamento de 2013. Una vez abierto el documento, irá al archivo histórico, donde pasará 100 años custodiado hasta que pueda hacerse público.El día 20 no se sabrá el contenido del testamento de 1973, pero diga lo que diga, el único testamento que tiene validez es el último, el de 2013, y ése ya se conoce y al parecer, según los propios implicados, a día de hoy, ni la Fundación Casa de Alba, ni en el último testamento se acuerda pensión vitalicia alguna para el viudo. Tampoco están previstos sobresaltos del tipo a hijos ilegítimos, adoptados, etc. porque en el caso de una mujer está descartado.

El testamento de marzo de 2013 se abrió en presencia de los hijos y el viudo, después de haber celebrado en la real basílica de San Francisco el Grande de Madrid el funeral por Cayetana el día 15 de diciembre del año pasado. En realidad, el asunto ya estaba debatido y los herederos lo conocían perfectamente. Cayetana sólo le regaló a su último marido la casa de Sanlúcar, que se escrituró a nombre de Alfonso aunque la pagase Cayetana y algunos regalos que pudo hacerle en vida, pero nada valioso de los bienes de Alba. Abrir las últimas voluntades de Cayetana no encerraba ninguna sorpresa de última hora. Todos acudieron a cumplir con el trámite oficial sabiendo lo que se iban a encontrar al abrirlo y, curiosamente, algo que para muchos sería una auténtica fortuna para los Alba son «flecos y una pequeña cantidad a repartir» que supera el millón de euros.

La Duquesa de Alba quiso, como bien es sabido, repartir en vida, en julio de 2011, el grueso de su fortuna entre sus seis hijos y justo antes de casarse con su tercer marido, como medida de gracia para favorecer el visto bueno de sus herederos, ante la enorme oposición filial al matrimonio de la aristócrata con un sencillo funcionario palentino 24 años menor que ella.

A estas alturas ya es conocido que las joyas fueron todas a manos de su única hija Eugenia; que a las ex nueras, incluida Genoveva, no les dejó nada y que el viudo no pidió por escrito ningún objeto en especial. Cayetana dejó sin repartir y se reservó un poco de dinero en el banco, unos cuadros y algunos muebles de valor medio porque las piezas relevantes están bajo la tutela de la Fundación Casa de Alba, que ahora dirige Carlos Fitz-James Stuart, XIX Duque de Alba. Y precisamente de ese «pequeño» remanente, saldrá la cuota usufructuaría viudal para Alfonso Díez. En la familia son tajantes en asegurar que no es cierto que le deje una pensión mensual de 5.000 o 6.000 euros, aunque en un principio algo de esto pudiera haberse hablado, excepto que se estime pagar en plazos el total que le corresponda y que esos pagos se establezcan en esas cantidades. Si Cayetana les comentó a las amigas que le iba a dejar a Alfonso una pensión mensual de 5.000 o 6.000 euros, desde luego a quien tenía que comunicárselo oficialmente no lo hizo y no hay nada por escrito que lo demuestre.

Lo cierto es que, la cuota usufructuaria viudal se establece con arreglo a la edad del viudo, 64 años, y es un porcentaje del caudal hereditario más o menos un 25 o un 26 por ciento del tercio de libre disposición de ese «pequeño» remanente; hablar de cantidades es prematuro porque aún se están inventariando, pero sí pasa ampliamente del millón de euros.

Alfonso Díez, antes de casarse con la 18ª Duquesa de Alba, Cayetana Fitz-James Stuart, hace unas capitulaciones, unos acuerdos matrimoniales y además, firma una escritura notarial por la cual renuncia a sus derechos como viudo. Esto es un hecho muy loable y caballeresco pero que no tiene ningún valor jurídico. Tiene el valor moral de dejar constancia por escrito que renuncias a todo lo material por amor, pero si ahora, viendo lo que queda por repartir o se le torciera la situación y quisiera hacer valer sus derechos y pedir la legítima que le corresponde, podría hacerlo.

Los «acuerdos morales»

La pregunta que surge es: ¿en qué fase se encuentra el reparto? Pues exactamente se encuentra en la fase de preparar toda la documentación e inventario exacto, de algunos cuadros buenos de Liria, algo de dinero en cuentas corrientes y unos muebles del palacio de Monterrey que quedan por repartir. Con ello se harán seis lotes uno para cada hijo y el cálculo del pago de la cuota viudal que le corresponde a Alfonso Díez y que saldrá de ese remanente, que es la única fortuna que hay para repartir y que puede ser pagada en dinero en metálico o en especie con alguno de esos cuadros o muebles. Eso está aún por definir. Todo este papeleo es lento y aún pueden pasar tres meses o más para dar por zanjada la herencia material que deja Cayetana.

La herencia afectiva irá por otros cauces, pero, desde luego, en lo que todo el mundo coincide es en que las relaciones son cordialísimas y que si siguen así, los «acuerdos morales» se respetarán. Alfonso Díez es un señor, así lo aprecian en la familia y en el entorno de amistades de Cayetana, que a buen seguro seguirá levantándose sobre las siete de la mañana, haciendo su tabla de ejercicio físico, mientras escucha a Pablo Alborán, Rod Stewart o Paul McCartney y no echará de menos vivir en el Palacio de Liria porque nunca residió allí o a la sociedad sevillana porque tampoco llegó a ser parte de ella, y las maletas ya las tiene fuera de Dueñas.

La nueva Casa de Alba

Una casa tan vinculada a la monarquía como es la de Alba también redecora los cimientos y comienza etapa nueva al tiempo que los Borbón. Al XIX Duque de Alba, Carlos, el estilo Genoveva Casanova no le gusta. Así que la primera medida es poner punto y final a la vinculación de la ex mujer de su hermano Cayetano con la Casa y pedir perfil bajo al resto. A falta de Duquesa de Alba oficial, Carlos asume la representación de la Casa en solitario. Y aún queda por resolver entre los hermanos si Cayetano seguirá gestionando las fincas en producción de donde salen las naranjas, aceites, carne y fiambres que comercializan bajo el nombre de Casa de Alba, una forma de rentabilizar el enorme patrimonio de la familia que antes estaba en una sola mano. Al desaparecer la Duquesa, que era quien las tenía en usufructo y había decidido que fuera Cayetano el que llevase la gestión, ahora cada una tiene su propietario y tienen que decidir si siguen así o cada uno se encarga de su propiedad.