El destino trágico de Kardam

Kardam de Bulgaria, junto a Miriam Ungría.
Kardam de Bulgaria, junto a Miriam Ungría.

Tras más de seis años en coma a causa de un accidente, falleció ayer a los 52 años de edad

Agosto de 2008. Un coche; un Jaguar. Un kilómetro; el 42 de la A-1 y una hora; las 14.50 horas, marcaron para siempre la vida de la familia Bulgaria-Ungría. Si la boda con el primogénito de una de las dinastías más antiguas del Gotha real europeo, el economista Kardam Sajonia Coburgo-Gotha, convertía a Miriam de Ungría, en princesa, ese kilómetro 42 la ha convertido en viuda, seis años y cuatro meses más tarde. A los dos los sacaron malheridos entre el amasijo de hierros en los que se había convertido la lujosa berlina que les devolvía a Madrid, después de haber pasado unos días en su casa de Riaza. Ella, diseñadora de joyas, tenía medio cuerpo roto y al límite de quedarse paralítica. Kardam, que era el conductor, sufría el impacto en la cabeza y entraba en un coma del que no se ha despertado, pese a que Miriam siempre mantuvo la esperanza de «volver a pasear de la mano con él por el campo algún día» y jamás, y no por ser creyente, sino porque realmente estaba convencida, jamás tiró la toalla y ha vivido con la esperanza de que ese coma que mantenía a su marido en ese estado de estar pero sin estar, revertiría. La mayoría de sus allegados siempre supieron que era irreparable, excepto para Miriam. Ha tenido siete años para pensar en ese fatal desenlace y cuando ha ocurrido toda esa lucha se le viene abajo.

Instalados en La Moraleja

Después de intentarlo todo, y tras una larga estancia en Galicia tratándose con un especialista, el matrimonio se instaló definitivamente en la casa familiar de La Moraleja, una urbanización en la zona norte de Madrid. Es un piso bajo de un edificio de varias alturas con jardín. Miriam hace las reformas necesarias para adaptar la vivienda a las nuevas necesidades de un hombre inerte en coma que tiene que estar permanentemente asistido por personal especializado y ella, por esa esperanza que nunca perdía, se adelanta a una hipotética recuperación e instala agarraderas por las paredes por si algún día Kardam se levanta de la silla.

Boris y Beltrán, los hijos del matrimonio, lo asumieron desde el primer día con una enorme entereza, pese a ser unos niños de 10 y ocho años cuando el 15 de agosto de 2008 ocurría el accidente y vivían el sufrimiento de ver en esa situación a su padre. Aún así, a Kardam se le hablaba y los amigos que iban a casa le saludaban y charlaban por si acaso él, en su estado vegetal, estuviese escuchando. A Kardam se le celebraban los cumpleaños y Miriam reunía a la familia a su alrededor por cada nuevo avance que ella imaginaba. En definitiva, se le hacía partícipe de todo lo que ocurría en el mundo exterior. Kardam, aunque sólo participase con su presencia y abriese ocasionalmente los ojos, tosiera o moviese imperceptiblemente una mueca de su rostro, ha sido uno más y hasta ayer siete de abril que moría en el hospital de Sanchinarro a pocos metros de su casa, han sido cuatro los miembros de esa familia.

Miriam, una mujer tímida, realista y racional aunque se aferrase a ese mínimo tanto por ciento de «milagro» más que de realidad, ha dado a los amigos una lección de vida. Ha dado cariño y fuerzas sin tenerlas ella mientras que jamás perdió la esperanza, porque la mente es un misterio y ha habido casos en los que una persona despertaba de un coma profundo. Ella se ha aferrado hasta el final, a esa mínima opción que le quedaba.