Helen Lindes: «No seré la señora de Fernández»

Helen Lindes Griffiths, modelo española de padre andaluz y madre británica, nacida en Gerona y criada en Lanzarote. Ganar con 18 años el certamen Miss España 2000 le proporcionó comenzar una carrera de modelo por Australia, Milán y Nueva York. Hace un año anunció que se casaba con el jugador de baloncesto Rudy Fernández, lo hará vestida de blanco por Rosa Clará al caer la tarde del 4 de julio en Sa Fortaleza de Pollensa, en Palma de Mallorca. Será una boda civil «porque somos católicos pero no practicantes». Helen tiene muy poca familia, al contrario que el jugador del Real Madrid, de ahí que se celebre en «territorio del novio»; además, la primera casa que se han construido juntos ha sido en Baleares. Rudy mide 1,98 y Helen, 1,75, a cambio ella le saca cuatro años. Gracias a su novio ha aprendido idiomas, cuatro, a moverse por el mundo y a ser puntual en el trabajo.

–La suya es como una boda real, la anunció a un año vista.

–Tan sólo con un año de anticipación porque es difícil cuadrar las agendas. Lo estoy pasando muy bien planificándolo todo porque hay poca gente que se case hoy en día, la gente vive junta sin necesidad de casarse. Ahora las bodas se viven mucho más. Para mí es una reunión de amigos y familiares y es como una fiesta, quiero sorprenderlos, que lo pasen bien, y hay tantos detalles que necesito mucho tiempo.

–¿Por qué uno se casa después de llevar viviendo como casados cuatro años?

–Porque es necesario conocer a la persona antes de casarse. Lo bueno de hoy es que podemos vivir juntos sin estar casados para conocer absolutamente todo de esa persona, porque antiguamente no se podía y te unías con un desconocido.

–¿Cómo cree que le cambiará la vida?

–Supongo que es dar un paso más para formar una familia y que a partir de entonces seamos más. No me caso por la iglesia, nos casamos por lo civil.

–¿La nueva Iglesia del Papa Francisco no la ha motivado a pasar por la vicaría?

–He sido bautizada y también hice la Comunión, mi familia es católica y he crecido rodeada por la influencia de la Iglesia. Respeto a los que creen, pero he ido desvinculándome de todo eso. No creo que haya un ser todopoderoso, creo más en la ciencia y en las energías. Me parece que el Papa está haciendo una buena labor consiguiendo que la imagen de la Iglesia sea más cercana y, especialmente, porque pone en práctica las enseñanzas de siempre: austeridad, cercanía a los necesitados...

–¿Cuántos trajes le está haciendo Rosa Clará?

–Uno, yo quiero que mi traje sea el que me ponga ese día y quitármelo antes de irme a dormir esa noche. Llevo tres pruebas porque el primero fue para definir el estilo, en la segunda concretamos cosas y en la tercera prueba determinamos las telas y detalles. El equipo de Rosa Clará me trata como una princesa y en la última visita llevé a mi perrita «Vela» y todas estaban encantadas. Es un vestido que me identifica.

–¿Y cómo es Helen Lindes?

–Discreta pero elegante, sencilla pero con un elemento que destaque. El vestido irá por ahí. No me pondría palabra de honor, ni volumen, ni mangas. Me gusta el escote y la cola. Es el día más especial de mi vida y quiero un traje que me represente. Del de Rudy no puedo saber nada porque queremos sorprendernos mutuamente.

–¿Entrará en su casa en brazos de su marido?

–Ni me lo he planteado; dicen que da buena suerte entrar así en la casa. Ya veremos a qué hora nos acostamos esa noche. No soy nada supersticiosa, quizá si me hace ilusión hacerlo, no porque crea que me dará suerte. Tampoco lo de algo nuevo, prestado o azul; si coincide lo llevaré. No soy como los deportistas, que casi todos tienen unas manías impensables. Obviamente, Rudy tiene sus manías y rutinas imposibles de cambiar.

–¿Es difícil vivir con un deportista de élite?

–No, porque los dos somos superexigentes y tenemos una personalidad muy parecida, nos entendemos el uno al otro. Somos muy tranquilos y fáciles para convivir, somos dos personas que no damos problemas y tenemos mucha comunicación.

–Su novio tendrá manías, pero su petición de mano no la mejora ni Richard Gere en «Pretty Woman».

–Pues fue alucinante porque Rudy montó él solo una parafernalia tremenda. Era un lunes 10 de marzo en Madrid. Me llevaron engañada diciéndome que tenía un evento en un hotel. Me puse un pantalón negro, top y taconazo. Me vino a recoger un coche que tenía de todo, revistas de moda, bombones y música clásica, yo estaba tan sorprendida que incluso desde el coche le enviaba mensajes a Rudy contándole cómo era de alucinante el vehículo. Llego al restaurante de uno de los rascacielos de Madrid y estaba vacío, con todos los camareros de punta en blanco y en fila. En el reservado había una mesa con fresas con chocolate, champán, y Madrid a nuestros pies iluminado y de fondo sonando banda sonora de Molino Rojo, que es nuestra canción. Se puso de rodillas y me regaló un anillo, que había ido a comprarlo con ayuda de su madre y es precioso, un solitario montado en oro blanco.

–Rudy le regaló el solitario, ¿y usted, el reloj?

–No, le regalé unos gemelos que diseñé yo misma con nuestras iniciales juntas en oro blanco que se pondrá en la boda.

–¿Ustedes son consecuencia del idealizado «flechazo»?

–Sí, nos fuimos a vivir juntos a los cuatro meses de conocernos y así llevamos juntos cuatro años. Fue un flechazo, nos conocimos porque él necesitaba que acudieran «famosos» a un evento benéfico que estaba organizando. Un amigo común le dio mi teléfono y desde ese momento nos caímos bien.

–¿Le ha quitado las campañas publicitarias a Irina Shayk?

–No le quito las campañas; la relevo, que es distinto.

–¿El destino es la NBA?

–No lo sé, nuestro trabajo es inesperado. Ahora mismo Rudy tiene tres años más de contrato con el Real Madrid, estamos muy contentos en España. Para mí ha sido como volver a casa y estar cerca de la familia. Todo esto ha propiciado que queramos casarnos y formar una propia, porque nos sentimos más seguros al estar en casa. Soy una persona muy flexible que he vivido en todos los continentes y estaría encantada de mudarme dentro de tres años a otro país, así mis hijos aprenderán otros idiomas.

–Para tener la fiesta en paz en su casa, ¿será del Real Madrid?

–Soy del equipo en el que juegue mi novio.

–Después del matrimonio, ¿será señora de Fernández?

–No, porque me gusta mucho mi apellido y me daría pena perderlo. Cuando vivíamos en Denver todo el mundo me llamaba Miss Fernández y me parecía muy extraño.