¿Cuál es el órgano del cuerpo que consume más energía?

La respuesta está dentro de nuestra cabeza: el cerebro es la parte de nosotros que más gasta

La respuesta está dentro de nuestra cabeza: el cerebro es la parte de nosotros que más gasta.

No hay ninguna duda: el cerebro. Este órgano pesa, de media, entre 1.300 y 1.600 gramos y si su superficie estuviera extendida ocuparía un área de entre 18.000 y 22.000 centímetros cuadrados (posiblemente no cabría en el suelo de un cuarto de baño).

Se cree que en su interior alberga entre 22.000 y 100.000 millones de neuronas. La verdad es que el abanico es muy grande, pero hay estudios científicos para todos los gustos.

Aunque supone sólo el 2 por 100 del peso medio de una persona, el cerebro consume más del 20 por 100 de la energía que generamos (esto viene a ser unos 20 watios al día con una dieta de 2.400 kilocalorías). El principal combustible de nuestro órgano pensante es la glucosa. Sí el cerebro es un glotón y, además, caprichoso. Si deja de recibir alimento durante sólo 10 minutos empezarán a producirse en él daños irreversibles. Ningún otro órgano del cuerpo tiene una dependencia energética tan urgente.

Esto sucede porque, en realidad, el cerebro es una máquina en funcionamiento casi pleno las 24 horas del día. Eso no quiere decir que en cada momento de nuestras vidas el 100 por 100 de nuestras neuronas estén trabajando al mismo tiempo, pero los neurólogos han podido demostrar que usamos prácticamente la totalidad de nuestro órgano más preciado y, lo que es más importante, lo hacemos prácticamente sin parar nunca.

En el simple acto de levantase del sofá para servirse un refresco, el Homo sapiens pone en marcha los lóbulos occipital y parietal, el córtex sensomotor, los ganglios basales, el cerebelo y el lóbulo frontal, por lo menos. En todo ese procesos aparentemente sencillo una cascada de descargas neuronales recorre todo el cerebro en los pocos segundos que dura el acto de volcar la botella sobre el vaso con la inclinación correcta, en el momento exacto y con el pulso necesario para no derramar ni una gota.

Por ello, cabe preguntarse, ¿tenemos entonces el cerebro a pleno rendimiento? Probablemente no. De hecho, ningún músculo del cuerpo se utiliza a plena potencia casi nunca (se mantienen dudas de que incluso lo consigan a menudo los atletas de élite), pero de lo que no cabe ninguna confusión es de que todo el aparato nervioso del órgano intracraneal está a nuestra disposición siempre que lo requerimos.

Desde hace bastantes siglos, muchas personas piensan que el ser humano únicamente tiene la capacidad de utilizar una parte de su cerebro y que, si fuéramos capaces de usar todo su potencial, tendríamos habilidades ahora impensables. Se trata de una falsa creencia, de un rumor popular y extendido de generación en generación. La naturaleza está diseñada para optimizar al máximo los procesos en los que se embarca. La evolución no habría dejado que un órgano que consume tanta energía no se utilizara en plenitud de condiciones.

¿Los mosquitos pican más a unas personas que a otras?

Sí, y la ciencia sabe por qué o, al menos, tiene alguna que otra teoría al respecto. Una de ellas asegura que el culpable de que unos cuerpos atraigan más a estos insectos es el CO2. Pero este gas no es el único responsable de las picaduras. A la emisión de gases que genera espontáneamente nuestro cuerpo se unen el perfume, el calor corporal o sustancias como el ácido láctico que producimos cuando hacemos ejercicio y que es un potente atrayente de mosquitos hembra.

¿Por qué no se ven polluelos de paloma en las calles?

Las palomas urbanas, del género paloma bravía, suelen anidar en grietas y lugares muy escondidos para protegerse de los depredadores. Allí cuidan a sus crías hasta que los polluelos están suficientemente madurados como para sobrevivir solos. En esa fase el plumaje de las palomas es muy similar al de los adultos y se confunden con ellos.