Del bocadillo: fantasía y sencillez

Es un método que se plantea para aquellas personas que comen fuera de casa. ¿Su promesa? Perder de 4 a 5 kilos por mes, o hasta 3 kilos por semana. Básicamente, consiste en reemplazar una comida completa por un la ingesta de un bocadillo de no más de 15 centímetros. Aunque no vale cualquiera. La dieta nos da la opción de bocadillo de jamón y lechuga, de tomate y queso fresco, de carne asada fría y ensalada y otras opciones a base de un alimento proteico y vegetales. El resto del día, platos sanos a base de pescado, pechuga de pollo o verduras varias.

Lo bueno

- Lo más positivo de esta dieta es su sencillez y que promueve la ingesta de verduras y hortalizas como ingredientes del bocadillo. Sin embargo, no cubre nuestras necesidades de fibra, vitaminas y minerales. Por otro lado, la recomendación sobre la naturaleza del pan puede ser válida, pero, en ocasiones, la industria del pan pone a nuestra disposición un «pan integral» basado en harinas refinadas, con algo de salvado, por lo que nuestra elección a veces no acaba de ser acertada por terceras partes. La exclusión de alimentos como embutidos, rebozados, bollería y frituras debería ser una recomendación general dentro de unos hábitos saludables.

Lo malo

- Se clasifica como «dieta milagro» por poseer un nombre fantasioso que destaca un alimento como clave para adelgazar. No es personalizada ni ajustada a las necesidades de cada persona, lo que la vuelve universal. Aconseja realizar platos saludables para la siguiente comida principal del día; no obstante, no especifica ni describe sus posibles características, por lo que las deja al libre albedrío y puede provocar un flaco favor para el que sigue la pauta, al generar un efecto diferente en cada uno de sus seguidores.

La nota: 4