Paleolítica: Disonancia evolutiva

Más allá del marketing que le rodea, forma parte de un estilo de vida, que no sólo abarca la alimentación, sino la actividad física u otros hábitos como tomar el sol. En cuanto a la alimentación, parte de la base de la disonancia evolutiva entre lo que estamos diseñados para comer (hombres del paleolítico) y lo que finalmente comemos, en nuestra dieta occidental. Esta dieta se estudia desde los años 70 y ha reunido evidencia científica a favor de su investigación. Su máxima: fuera alimentos procesados, cereales, lácteos y legumbres.

Lo bueno

- Propone disminuir o eliminar el consumo de harinas refinadas ( bollería, galletas etc), comida rápida, productos procesados (altos en azúcares, grasas trans, harina refinada), alcohol y precocinados. El consumo de carne, pescado y huevo asegura una fuente de proteínas de buena calidad, y por otro lado se aumenta el consumo de verduras y frutas, una de las bases de la dieta. Otro aspecto positivo es que las principales técnicas culinarias son sencillas.

Lo malo

- La eliminación de alimentos como legumbres, debido a su contenido en antinutrientes por su efecto en la absorción de otros nutrientes presentes en la dieta puede ser gestionado mediante el remojo o la germinación, puesto que las legumbres son un alimento muy completo de por sí. La eliminación de lácteos y derivados sí que es cierto que sabemos que generan problemas a un porcentaje de la población, pero para el resto existe buena tolerancia y adaptación. Por último, los cereales integrales. En los últimos años hay más datos que se indican una sobreestimación de sus beneficios; no obstante, personas que practican deportes de resistencia pueden verse beneficiadas de su introducción de cara a su rendimiento.