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El Conde de Barge o Carlos Alberto de Saboya, Rey de Cerdeña

Usó este alias en su exilio, y le encantaba.

  • Haciéndose pasar por el Conde de Barge hizo creer que él mismo había abdicado en favor del duque de Saboya
    Haciéndose pasar por el Conde de Barge hizo creer que él mismo había abdicado en favor del duque de Saboya

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02 de septiembre de 2018. 02:46h

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Amadeo-Martín Rey y Cabieses- Doctor en Historia.  2/9/2018

En 1849, Carlos Alberto de Saboya, rey de Cerdeña, que en familia era conocido como «Lolo», después de las derrotas de Custozza y Novara ante Austria abdicó en el palacio Bellini de esa última ciudad. Pasado el tiempo escribió: «Siendo mi abdicación un hecho consumado, habiéndome despedido de mis hijos y de los generales que me acompañaban, creí que en interés del nuevo rey lo mejor era que me alejara de nuestros Estados y sobre todo del Ejército». En consecuencia, se hizo extender por la comandancia piamontesa de la plaza un pasaporte a nombre de conde de Barge –uno de los llamados «título largo» de los reyes de Cerdeña, luego reyes de Italia–, coronel retirado del ejército piamontés. Otros señalan que el pasaporte especificaba que el conde de Barge era un «oficial en misión» y que contaba con visados de Francia, España y Portugal.

En cualquier caso, con ese documento inició el camino de un voluntario destierro en la noche del 23 al 24 de marzo, atravesando Francia y España. Su destino era desconocido hasta para sus más íntimos servidores: Oporto. Parece que sí lo reveló a sus dos hijos. Tras una hora de viaje, su coche, un carruaje en cuya portezuela se leía el lema «Espero mi astro», fue detenido entre Novara y Vercelli por una patrulla austríaca. Tras algunas horas de espera fue conducido a la presencia del general Thurn. Éste relató así el episodio: «El viajero que se presentó ante mí era un hombre bastante alto, de espalda algo curvada, pálido el rostro, alta la frente, con ralos cabellos en las sienes. Se me presentó como conde de Bars (sic) y me dijo que había sido coronel piamontés, y que aquella noche había dimitido. En conjunto me pareció abatido, pero tenía el porte de una persona de fina educación...».

Engaño

El xonde de Barge añadió que los austríacos habían ganado totalmente la batalla y que el rey Carlos Alberto –es decir, él mismo– había abdicado en favor del duque de Saboya, y que deseaba proseguir su viaje a través de Vercelli para llegar a Niza. El oficial austríaco, considerándolo del todo inocuo, lo dejó partir. Probablemente Carlos Alberto no fue reconocido, aunque para algunos se trató del postrer homenaje de un oficial enemigo a un rey vencido. Prosiguió su viaje pasando por Mónaco, Niza, donde se entrevistó con el Intendente General, el conde Teodoro di Santarosa, hijo de Santore di Santarosa. El 26 de marzo se detuvo en Antibes, donde su secretario, el duque de Castagnetto, le esperaba para recibir instrucciones sobre su patrimonio. Pasó luego por Beaucaire, Pézenas, Toulouse y Tarbes, y llegó a Bayona el primero de abril. El 2 estaba en San Sebastián, pero no encontrando ningún navío que partiese hacia Oporto, prosiguió su viaje a través de España atravesando Tolosa, donde se le reunieron el marqués Carlo La Marmora y el conde Ponza di San Martino, delegados del gobierno piamontés para recoger la abdicación escrita del rey, que solo la había emitido de modo verbal. Continuando su viaje, en Torquemada el ministro de Cerdeña en España lo invitó a ir a Madrid de parte del Rey, pero Carlos Alberto rehusó. El Domingo de Ramos estaba en León, donde visitó la catedral y donde le ovacionaron, lo que demuestra que su incógnito era relativo. Rechazó la hospitalidad del obispo de Valladolid y del gobernador de Valença, en Portugal, donde un destacamento le rindió honores disparando veintiún cañonazos. Carlos Alberto llegó a Oporto el 19 de abril de 1849. Se instaló en la villa «Entre Quintas». Conde de Barge fue el título que usó en su exilio y de hecho amaba repetir «non sono altro che il conte di Barge», y continuaba «non voglio più fare il re. Mi sono stabilito qui per vivere tranquillo, fuori del mondo». Añadiendo que: «no deseo ver a nadie. Si se me importuna con visitas me iré, aunque sea a América».

A raíz de las revueltas de los carbonarios, el 21 de marzo de 1821, el entonces príncipe Carlos Alberto de Saboya-Carignano, luego rey de Cerdeña, quiso poner a salvo a su mujer, María Teresa de Austria-Toscana, y a su hijo Víctor Manuel. La princesa dejó Turín bajo el falso nombre de condesa de Barge.

su carÁcter

Carlos Alberto tenía fama de bondadoso y de hecho fue llamado «El bueno» y «El magnánimo», además de «El benéfico astro de Italia». La Prensa francesa llamó a Carlos Alberto de Saboya, «El héroe del Trocadero». Eso se debió a que, siendo aún príncipe de Carignano, para secundar la política de Metternich combatió en España en la batalla del Trocadero, en 1823, junto a la expedición francesa enviada para sofocar la revolución liberal. Algunos poetas de su época, en cambio, se despachaban contra Carlos Alberto. Para Berchet, por ejemplo, era el «esecrato Carignano», y para Carducci el «Italo Amleto». Su carácter dubitativo y vacilante le valió el sobrenombre de «Re Tentenna» (de tentennare, vacilar, titubear), que le dio, entre otros, el médico Domenico Tortone en unos satíricos versos.

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