¿Por qué la mayoría de los adultos no puede beber leche?

En países como China o Japón la intolerancia a la lactosa afecta a más del 75% de la población, mientras en España solo al 15%

En países como China o Japón la intolerancia a la lactosa afecta a más del 75% de la población, mientras en España solo al 15%.

Solo el 35 por 100 de la humanidad puede hacerlo. El resto milita en las filas de la conocida intolerancia a la lactosa y, por ello, se expone a sufrir desagradables dolores y diarreas si osa beber leche después de cumplidos los 7 u 8 años de edad. Y es que durante la mayor parte de la historia de la evolución, la lactosa de la leche fue esencialmente una toxina para adultos. Solo los infantes no destetados podían procesarla.

Pero hace unos 11.000 años el ser humano comenzó a abandonar su estrategia cazadora aprendió a domesticar animales y a tratar algunos de los subproductos de su crianza, como la leche de las vacas o las cabras. La fermentación láctea necesaria para fabricar quesos, requesones o primigenios yogures reducía la lactosa de esos productos que sí podían consumir los adultos. De ese modo, también los mayores introdujeron algo de leche no materna en sus dietas. El paso definitivo pudo darse por azar. En algún momento de la evolución (probablemente hace menos de 7.000 años) una familia de humanos que habitaba lo que hoy llamamos Europa nació con una mutación genética que le permitía mantener la producción de lactasa (la hormona que ayuda a digerir la lactosa) durante toda la vida. Los portadores de este nuevo gen no cambiaban su metabolismo digestivo después del destete. Sin duda, ellos no lo sabían, pero iban a modificar los hábitos de alimentación de la humanidad para siempre. Lo que pudo haber sido un error de la naturaleza se convirtió en una gran ventaja. En caso de crisis alimentaria (por ejemplo, cuando las cosechas se perdían) estos individuos podían completar su menú con leche extraída directamente de otros animales. Así que su estirpe creció y se multiplicó por toda Europa y luego por el resto del mundo. Los europeos de hoy en día somos prácticamente todos descendientes de aquellos pioneros bebedores de leche. Ello demostraría por qué Europa es hoy el continente donde menos intolerantes a la lactosa viven. Por ejemplo, en el norte de Europa esta condición sólo afecta a menos del 10 por 100 de la población. En España la prevalencia ronda el 15 por 100. Entre la población americana de origen caucásico está en torno al 10 por 100 pero entre los afroamericanos hay casi un 60 por 100 de intolerantes a la leche. En China, más del 75 por 100 de la población lo es y en Japón cerca del 80. Los que
hoy no soportan la leche son herederos de familias diferentes a aquella primigenia en la que se produjo la curiosa mutación genética.

¿Los incendios forestales enfrían el planeta?

Los incendios provocan la liberación a la atmósfera de grandes cantidades de pequeñas partículas, conocidas como aerosoles. Estos aerosoles, como el hollín o los productos químicos liberados por la quema de árboles, pueden enfriar el planeta al reflejar la luz solar hacia el espacio. Hasta ahora, los expertos creían que antes de 1750, previo a la primera Revolución Industrial, hubo menos incendios forestales que hoy pero recientes investigaciones, han demostrado que los incendios pueden haber sido tan comunes antes de 1750 como en la actualidad, posiblemente más.

La cifra

64% de las mujeres y el 34 por 100 de los hombres han padecido amaxofobia, miedo a los coches, en algún momento de sus vidas.

¿Cuántos cigarros hay que fumar para volverse adicto?

Según un estudio publicado el año pasado en la revista «Nicotine & Tobacco Research», tres de cada cinco personas que prueban el tabaco una sola vez acaban fumando a diario. Los datos son el resultado de 215.000 encuestas de un censo global de información sobre salud: más del 60% de los participantes admitieron haber probado los cigarrillos al menos una vez. El 68,9 de quienes lo hicieron se convirtieron en fumadores.