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“Pague impuestos, muera rápido y no estorbe”

“Dejar el tabaco es una de las mejores cosas que cualquiera puede hacer por su salud”, ha afirmado el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, y estoy muy de acuerdo.

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Sin embargo les regalo esta máxima de Duvert de la que nunca recuerdo haber podido sustraerme, ni el día de mi Primera Comunión:
“El vicio corrige mejor que la virtud. Soporta a un vicioso y tomarás horror al vicio. Soporta a un virtuoso y pronto odiarás a la virtud entera.”

Esta semana la Ministra de Sanidad ha anunciado que piensa restringir aún más las condiciones para los fumadores, por si no eran ya suficientemente penosas. La nueva propuesta consiste en prohibir en las terrazas y exteriores el tabaco convencional e incluso los vapeadores, los cigarrillos electrónicos y los de chocolate.

En breve, tampoco podremos fumar en casa, háganse a la idea, compañeros, tendremos que ocultarnos en viejas catacumbas o llevar parches de nicotina ocultos bajo la ropa interior para satisfacernos.

La verdad sea dicha: me gustaría dejar de fumar, quiero dejar de fumar, pero esta izquierda tan opresiva...no me lo pone fácil siendo como soy, de naturaleza insurrecta, díscola, subversiva, especialmente si la norma procede de intelectualmente dudosa autoridad.

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Verán, yo, como muchos de ustedes, crecí en la idealización de la izquierda y el desprecio condescendiente y fino por la derecha, pero esta izquierda nuestra me ha perdido, amigos míos y nos pierde a todos cada día por su severidad mesiánica, su totalitarismo sin fisuras y su paternalismo agotador.

Para ella (personificando a la izquierda, me la imagino como una mujer fea, enjuta e insatisfecha, ¿ustedes?); para ella, los cuidadanos adultos somos como un grupo de pubertos hormonados que enderezar, unos jovenzuelos que, en este caso, fuman a expensas y a espaldas de mamá estado (que tiene complejo de Señorita Rottenmeier).

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En el nuevo régimen de la España de hoy, principios irrefutables como el respeto, la honestidad, la responsabilidad, la fidelidad, la paciencia, el perdón o la compasión han dado paso a nuevos preceptos morales para ser aceptado e integrarse, la mayoría insustanciales y segregacionistas donde el más sobrevalorado es sin dudarlo el sentimiento del tonto.

Entre los muchos pecados capitales del puritanismo gubernamental están si es usted hombre: decir piropos a las mujeres o acostarse con ellas.

Especialmente si su propósito es mantener relaciones sexuales con alguna señora de su agrado, asegúrese de llevar preservativos, chicles de clorofila y, lo más importante, un documento contractual o consentimiento informado cuya firma deberá solicitar cortésmente y sin presiones a la interfecta (de lo contrario, el asunto podría devenir en “acoso” y volvemos a la casilla de salida).

Yo les recomendaría requerir el papelito por ejemplo, mirando hacia otro lado, silvando una desenfadada cancioncilla mientras extienden el bolígrafo a su amante, o encendiendo elegantemente un cigarrillo, como si tal cosa ¡Un momento! ¡Tabaco no! ¡Alarma!.

En fin, olvídenlo todo ¿han pensado en el celibato? ¿no les parece que ya han tenido juerga suficiente en dos mil años de heteropatriarcado? ¿podrían dejar algo para los demás? ¡ya está bien de tanto señor cochinote, vicioso, violador, asesino y, lo que es peor, fumador.

¿Parece una broma eh? Pero en nuestra nueva moralidad ser hombre heterosexual convencido constituye una amenaza potencial para la salud pública, un individuo bajo sospecha hasta que se demuestre lo contrario.

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Por otra parte, usted, señora no se ría si le van conceptos como “entrega” o “devoción” que la madre amantísima de sus hijos es la nueva personalidad prohibida en el régimen castrista, perdón castrador, que vivimos. Si lo suyo es, por profesión o vocación, cuidar de su familia, alerta, disimule; si disfruta esperando a su maridito con un delicioso estofado en el horno, recíbalo con las persianas echadas; sepa que pronto existirán teléfonos gratuitos de alerta para que cualquiera de sus vecinos pueda denunciar estos desórdenes.

Señora, le recomiendo, si su propósito es coger la fregona, asegurarse antes de que su pareja también tenga en sus manos algún instrumento depurador de espacios como la, antiguamente conocida como, escoba, o al menos una bayeta.

Luego tenemos cosas que están prohibidas para todos, a saber, el humor, vivimos en la era de la literalidad, cualquier manifestación verbal en abstracto podrá considerarse contraria al ordenamiento jurídico de la sociedad y la más mínima chanza constituirá una acción típica, antijurídica, imputable y culpable, sometida a una sanción penal, queridísimos.

Y bueno, lo del tabaco: El Consejo de Ministros ha aprobado 9,5 millones de euros para restringir el consumo de alcohol, tabaco y 'vapeadores'. Se proponen estrangularnos aún más a los fumadores cuando el Ministerio de Hacienda debería lanzarnos claveles y bragas (como las fans de Jesulín), que quitando la primera calada de cada cigarrillo, todo son impuestos.

El Ministerio de sanidad, que tal baila, tendría que dar besos por donde pisamos, que somos un ejemplo, ciudadanos modélicos entusiastas, hedonistas... Y tenemos el buen gusto de morirnos, no como los de la cúrcuma, el aguacate, la quinoa y las lentejas con kale y tofú, que van a ver quién se los quita luego de en medio, verán como dejan estos la bolsa de las pensiones, pero eso ustedes no lo valoran.....