Para negociar hay que vestir de azul

La dificultad actual para formar Gobierno nos obliga a buscar ambientes propicios al entendimiento. En estos, el color es fundamental

El Gobierno debería ser azul (y explicamos por qué). Los colores pueden jugar un papel fundamental a la hora de encontrar los puntos en común que ayuden a desatascar la situación política que vive ahora nuestro país. Por muy conciliador que intente ser Albert Rivera con Mariano Rajoy y Pedro Sánchez poco conseguirá si en su empeño decide vestir algo naranja: es, de lejos, uno de los peores colores que se pueden elegir para intentar empatizar con otras personas. Es uno de los últimos tonos que conseguimos distinguir cuando somos niños y, junto con el negro, uno de los que más alertan a los expertos si lo usa un niño.

Cuando todo parece que se complica y el futuro del Gobierno se convierte en un nudo marinero que nadie sabe por dónde desenredar, es el momento de intentar echar una mano creando ambientes propicios al entendimiento y en eso tienen mucho que ver los colores: «Son uno de los estímulos más potentes para el ser humano, sobre todo si los combinamos con otros como la ropa o la actitud», afirma la psicóloga clínica y facilitadora de programación neurolingüística Glòria Farran. «Aunque no podemos perder de vista que el color y su influencia varía según las culturas, no es lo mismo el significado del amarillo en China, donde es el color reservado al emperador, que en el resto del mundo. En Europa, si bien es cierto que podemos encontrar una simbología común, hay diferencias de matices».

w colores primarios

La pasividad que algunos achacan a Mariano Rajoy quizás esté motivada en parte porque se sepa poseedor del mejor color a la hora de conseguir llevar a la gente a su terreno. «Los colores primarios, azul, amarillo y rojo, son los que recibimos con mayor agrado», asegura Lucina Llorente, técnica especialista en tejidos del Museo del Traje. «Pero es el azul el que acogemos con más amabilidad. Nos gustan las personas que visten de azul, en cambio, nos retraemos ante alguien vestido de naranja». El segundo que mejor aceptamos es fácil de adivinar: el rojo. «Somos la cuna del rojo, para nosotros es alegría, vida» continúa Llorente. «El morado, en cambio, tiene un doble juego. Es un color difícil pero también se asocia al poder político. Era el color del emperador romano, la púrpura simbolizaba majestad y poder y a nosotros nos queda el reflejo inconsciente del respeto por el que viste de púrpura».

Saber, por tanto, interpretar el significado de los colores puede ayudar a crear un ambiente más distendido en las innumerables reuniones que se están produciendo con la intención de dar por fin un nombre para la cartera de Presidente del Gobierno. El Rey Felipe VI hizo un pequeño guiño esta semana con su corbata verde (esperanza). Quizá les toca ahora a nuestros líderes políticos vestir de azul y rojo para conseguir dar con la solución a la complicada ecuación que nos dejó el 20-D. Un traje azul combinado con una camisa azul clara o blanca y una corbata en rojo o azul podría ser una muy buena forma de empezar a sentar las bases del futuro de nuestro país. O por lo menos puede que ayuden a encauzar la situación.

Pedro Sánchez (o por qué no Rajoy, Rivera o Iglesias) pueden recurrir al famoso rojo Valentino para lograr el éxito. Lo que quizá no sepan es que ese rojo no es realmente una creación del diseñador italiano. En su exposición «Valentino: Master of Couture» le preguntaron al diseñador cómo llamaba él a su color, recuerda Llorente. «Muy fáci», dijo. «Como todo el mundo, lo llamamos rojo español».