Política

00:00. Empieza la Reconquista

De Covadonga (732) a Córdoba (1236), cinco siglos de batallas pero sólo 48 horas en la vida de un candidato, Santigo Abascal. La pegada de carteles no es lo que era. A comienzos de la democracia el ritual era seguido por miles. Hoy apenas sirve para la foto

Abascal, para muchos de sus votantes, es una especie de redentor ungido por el signo de los tiempos / Foto: Efe
Abascal, para muchos de sus votantes, es una especie de redentor ungido por el signo de los tiempos / Foto: Efe

España, dicho con la boca bien abierta y sin encoger los hombros. Patria, declamado como sólo se hacía antaño en los mítines de las plazas de toros, sin micrófonos. A viva voz. Reconquista, simbolizada con la pegada de carteles de Santiago Abascal en Covadonga, santuario que Vox presenta como un decorado excepcional en el inicio oficial de la campaña; el oficioso lleva con el motor en marcha desde hace meses. De Covadonga (732) a Córdoba (1236), cinco siglos de batallas pero sólo 48 horas en la vida de un candidato, Santiago Abascal, que vino a darse un chapuzón de masas el martes. El viernes, a medianoche, Vox Córdoba se unió a la pegada de carteles del comienzo de campaña.

La madrugada sigue siendo fría en Córdoba, pese a que el mes de abril está ya maduro. Las calles están semivacías, pero la gente se inquieta alrededor del poste público para anuncios. Libre expresión, dice. Hay fotógrafos y en torno a medio centenar de teléfonos lanzando destellos del «flash». Aparecen los protagonistas. «Córdoba presente», grita alguien del centenar. El candidato número uno en las listas de Vox Córdoba, José Ramírez del Río, llega acompañado de una de las caras conocidas del partido, el portavoz del grupo parlamentario, Alejandro Hernández. «Por España», reza el lema. Verde, blanco, pero también el rojo y gualda. En la sombra, el perfil inconfundible de Santiago Abascal. «Ésos son mis poderes», exclaman a la espalda.

Son las 00:00 en punto. La pegada de carteles no es lo que era. A comienzos de la democracia el ritual era seguido por miles de simpatizantes y curiosos. Todo un acontecimiento. Hoy apenas sirven para la foto. Indudablemente, los candidatos nunca están solos. Manda la campaña. Si no viene nadie, se llama al hermano, a la mujer, al padre o al primo. «La familia es un pilar fundamental para Vox, también las tradiciones, por eso escuece que Sánchez ningunee la Semana Santa», dice este votante que se hace llamar Roberto. El Jueves Santo y el Viernes Santo, Vox suspenderá los actos de campaña. Luto por el Mesías.

Córdoba reparte seis de los 350 escaños en las elecciones del 28 de abril. Quedan dos semanas mal contadas y reina la expectación. Es un proceso electoral altamente incierto. La abstención y el voto de última hora serán decisivos, algo que no es novedad. La grey de Vox, sin embargo, lo tiene claro. Y sin tapujos. Era de esperar. En Córdoba están confiados en poder arrebatarle el diputado a Ciudadanos. Tres serán del PSOE, quizá dos. Dos quiere el PP, que sólo tiene asegurado uno. Parece que Podemos sumará otro. «Lo vamos a conseguir», zanja Roberto, cuya fe en el partido sobrepasa la del mero converso. Antes votaba al PP. También votó a Podemos, aclara.

En la medianoche cordobesa apenas hay un alma, a excepción los grupos que acompañan a los distintos candidatos. Raúl estuvo el martes pasado en la Mezquita-Catedral, adonde Abascal irrumpió con un megáfono a insuflar vida a las almas. Fue un discurso salvífico, casi de púlpito. «Vox es el voto patriótico», resume Raúl, un cuarentón con cuerpo de gimnasio y tatuajes asomándole por la manga que, más que ondear, blande una bandera de España. «Ya está bien de ser el feudo comunista», dice aludiendo al clásico poder de la izquierda en la capital cordobesa.

Abascal, para muchos de sus votantes, es una especie de redentor ungido por el signo de los tiempos. La situación en Cataluña, la «inmigración desbocada» y «las políticas de género y de memoria». El martes, el líder de Vox «colapsó» de simpatizantes las calles del centro. Su representante en Córdoba es Ramírez del Río, arabista, traductor y profesor que explica el modo en que «Vox da voz a los silenciados», que según dice «son muchos». Habla de «millones». En la pegada de carteles posa junto a Hernández. «Somos la voz de la gente», dice al recordar los resultados de las elecciones andaluzas.

Los vídeos de la Plaza de Colón en Madrid dan brío a la reunión. La política es cada vez más un estado de ánimo y partidos como Vox son conjuntos de almas que han encontrado el horizonte. Los comicios auguran una nueva sorpresa. La marcha está lanzada. Ahora, en campaña, la Reconquista se conjuga en gerundio. «Es alguien que por fin dice las cosas como son», remata Raúl antes de irse de vuelta a casa. Esta noche soñará con toda la caballería.

Durante el periodo electoral no hay amigos. Los otros partidos de la derecha son adversarios directos, rivales naturales. Porque Vox, para los suyos, ha surgido para apretar las costuras. «Por España», lleva como eslogan la campaña. España viva. A la carga. Hay quienes están cansados de la media tinta.