Política

Relevo en Andalucía

Andalucía, día -28: Díaz deberá pactar sí o sí

La secretaria general del PSOE andaluz, Susana Díaz, interviene en el acto en el celebración del Día de Andalucía por parte del PSOE en el Palacio de Congresos de Granada.
La secretaria general del PSOE andaluz, Susana Díaz, interviene en el acto en el celebración del Día de Andalucía por parte del PSOE en el Palacio de Congresos de Granada.larazon

La presidenta se verá obligada a llegar a acuerdos con el Partido Popular o con los populistas de Podemos.

Cuando a Alfonso Guerra, padre de la demoscopia electoral española, le caía una encuesta en las manos, le interesaba una información por encima de cualquier cifra. «¿Quién la ha encargado?», preguntaba. Sólo en un punto resultan los sondeos fiables al ciento por ciento: el pagano sale siempre favorecido en el retrato que le sirve, convenientemente cocinado, su proveedor de datos. Por eso, todos los partidos que concurren en las elecciones autonómicas que dentro de un mes se celebrarán en Andalucía hablan con verdad cuando se auguran excelentes resultados, pues todos se han gastado el dinero en contratar a unas empresas demoscópicas –o en aprovechar los organismos dependientes de las administraciones que controlan– que contestan a las preguntas con la obsequiosidad con la que respondía el espejo mágico de la madrastra de Blancanieves, pionera de la sociología contemporánea.

Nada hay más sencillo para cualquier alevín de reportero que montar una información, en plena berrea electoral, con las previsiones de los propios partidos sobre sí mismos, pergeños de profecías autocumplidas que se filtran bajo la elocuente expresión de «manejan encuestas internas». Nótese el empleo de un verbo de la familia léxica de «manipular» y de la paradoja que lo sigue. ¿Por qué se sondea el estado de la opinión pública si el resultado de ese sondeo no va a publicarse? Pues para «manejar» (manipular) esa encuesta con el mimo y la intención espuria de quien maneja una sustancia tóxica. Pues ésa y no otra es la función de toda «encuesta interna» que el político filtra con alegría: la intoxicación.

¿Qué dicen las «encuestas internas» en Andalucía? Después de una ardua investigación consistente en unas cuantas llamadas telefónicas de unos treinta segundos a personas semidesconocidas que gustosas se travisten de lenguaraces fuentes reveladoras de un arcano se puede afirmar que el PSOE maneja datos que dejan a Susana Díaz al borde de la mayoría absoluta, que el PP dice moverse en cifras colindantes con el «empate técnico» con índices de popularidad de su candidato inéditos desde que Felipe González vestía chaqueta de pana, que Podemos romperá sin duda el techo histórico de la izquierda regional, que IU seguirá siendo una «fuerza decisiva de gobierno» y que otras tres formaciones (Ciudadanos, UPyD y los andalucistas) aseguran que irrumpirán en el legislativo autonómico «con un grupo propio». Ciento nueve diputados se sientan en el Parlamento regional, que habrían de ser cerca de doscientos si todas estas «encuestas internas» tuviesen visos de certeza.

En realidad, el mapa preelectoral en Andalucía a un mes de las elecciones es bastante simple... lo que propiciará una cámara enrevesada y a lo peor ingobernable.

Ningún estudio serio pone en duda el triunfo socialista, lo que no deja de ser una novedad, porque hace tres años sufrió José Antonio Griñán a manos de Javier Arenas la primera derrota en unas autonómicas, aunque el pacto alcanzado con Izquierda Unida para gobernar en coalición endulzó la derrota. Con una visión de la política por completo personalista, Susana Díaz capitalizará el resultado propagando que ha «roto la dinámica perdedora» del PSOE, lo que es cierto, pero también una verdad a medias, pues ni las mejores previsiones le acercan al 39,52%, ya de por sí catastrófico, que obtuvo en 2012. Cercada por la corrupción y en lo más crudo de su batalla interna contra Pedro Sánchez, la presidenta se contentaría si limitase la sangría a cuatro o cinco puntos de pérdida. A los socialistas andaluces les interesa que la abstención sea alta, ya que cuentan con una importante bolsa de votantes altamente motivados por su dependencia directa de la Junta, alrededor de medio millón de personas que no cambiará de papeleta haga frío, nieve o ventee.

El Partido Popular caerá varios puntos porcentuales con respecto a su 40 por ciento largo de hace tres años. Sin embargo, los conservadores evitarán el desplome gracias al suelo bastante sólido que mantienen en la región, al que no es ajeno su poder local. El PP gobierna con mayoría absoluta en los ayuntamientos de las ocho capitales de provincia, además de en otras ciudades muy pobladas como Jerez o Marbella, y la gestión de esos alcaldes (algunos tan relevantes como Zoido en Sevilla y De la Torre en Málaga) supone un formidable aval.

La composición del Parlamento en estos momentos podría ser la siguiente: el Partido Socialista puede llegar a los 45 diputados (lejos de la mayoría absoluta de 55), el PP se situará sobre los 40 escaños y podría sumar algunos más y los restantes se los repartirán las demás fuerzas, entre las que Podemos destacará, pero no se llevará la parte del león porque su implantación en la Andalucía rural es aún limitada y porque se advierte un claro cambio de tendencia en lo que hasta hace unas semanas era una meteórica ascensión.

Este panorama obligará a Susana Díaz a pactar la investidura bien con los populares, que es su deseo para afianzar su imagen de mujer de Estado, o bien con los populistas, como quieren Pedro Sánchez y cuantos en su partido se decantan por reeditar el infausto Frente Popular de hace tres cuartos de siglo. El Estatuto de Andalucía es muy restrictivo en lo tocante a la investidura y no prevé que el presidente pueda ser nombrado con el apoyo minoritario de la Cámara, ni siquiera en segundas o terceras votaciones, por lo que las elecciones habrían de repetirse en el caso de que ninguno de los candidatos recabase el voto favorable de al menos 55 electos.