Castigos ejemplares

La Razón
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Varios periódicos del domingo ofrecían en portada –con gran despliegue en el interior– el grave desencuentro político y personal de la vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría y la ministra de Defensa y secretaria general del partido en el poder Dolores de Cospedal. No hace falta decir que esta enemistad divide al Ejecutivo entre sorayistas y cospedalistas. Hace poco más de un año, este periódico organizó un acto en el Alcázar. Al mismo habían confirmado su asistencia dos ministras y un ministro. Una de ellas anunció que llegaría a primera hora y que estaría poco tiempo por necesidades de agenda. La otra pareja ministerial, a través de un ayudante, se informaron de que su compañera de gabinete se había marchado antes de aparecer ellos en el acto. Por tanto, esto se sabía desde hace tiempo, pero nunca se había escenificado tan públicamente. Como seguramente saben, en la celebración de la comunidad madrileña del día 2 de mayo, en la tribuna de autoridades, las dos ministras se sentaron dejando una silla de por medio. No se saludaron ni intercambiaron una palabra. Con esta actuación, no hay dudas de que ambas querían hacer público lo que hasta entonces era conocido por unas miles de personas. Como el martes es buen día para la ironía, me pregunto qué castigo va a imponer a estas dos damas su jefe, el presidente Rajoy. A primeros de abril el desencuentro de nuestras dos Reinas en un acto público en Mallorca fue noticia mundial –se entiende porque la Familia Real es conocida en el mundo y además interesan sus actos–. No es el caso de las ministras, que fuera de España nadie sabe quién son. En nuestro país fue lo mas comentado en días por todos los medios. El Rey dictó su castigo y la Reina Letizia tuvo públicamente que rendir pleitesía ante doña Sofia. Este incidente no fue más que una descortesía, que no afecta al buen funcionamiento del Estado, pero ésta pelea de gatas sí puede entorpecer la buena marcha del Gobierno. Si además que lidiar con la oposición en un Gobierno en minoría, éste tiene en su propio seno dos bandos, mal vamos a la hora de resolver el día a día de los españoles en tiempos no precisamente de tranquilidad. ¿Quién le abrirá la puerta del coche a quién?