Donde no cabe el silencio

Irene Escolar y Bárbara Lennie estrenan el viernes en Sevilla «Hermanas», un texto de Pascal Rambert sobre las relaciones familiares

Las palabras lo engullen todo. Así es el teatro de Pascal Rambert. Y no suelen ser amables. Los conflictos y la violencia verbal habitan en sus escenarios, desnudos de todo lo que no sean los cuerpos y las voces de sus personajes. Irene Escolar y Bárbara Lennie son los «instrumentos» que ha elegido en esta ocasión el dramaturgo francés para su siempre particular versión de las relaciones humanas. Dos papeles que fueron escritos pensando expresamente en estas dos actrices, a las que somete a una hora extensa de enfrentamiento en el momento en que la madre de ambas fallece.

Rambert escogió desde el principio a Lennie y ésta a Escolar –otra versión se representa en París, encarnada por otros «dos cuerpos», los de Audrey Bonnet y Marina Hands–. La obra reclamaba tener enfrente, al lado, a alguien cercano. «Somos casi hermanas», aclaraban.

«Me interesan las personas con una gran herida, me parecen hermosas. Aquellas a las que les va todo bien no son interesantes», aseguró el autor francés. Su apuesta por un teatro desnudo implica al público también. Sin romper la cuarta pared, las dos hermanas buscan acercar al espectador para consevar la fuerza dramática. Así lo explicó Manuel Llanes, director del teatro Central, donde el viernes se producirá el estreno antes de iniciar su gira por España.

«No hay argumento. Son dos hermanas que se reencuentran y a partir de ahí sucede todo», según el autor. Un reencuentro ofrecido como un espejo donde -advirtieron- será fácil reflejarse. «Cualquiera que tenga hermanos podrá sentirse identificado», en palabras de Llanes, quien no escondió su alegría por la elección de Sevilla por parte de la compañía Kamikaze para el arranque de la obra.

Del odio al amor

«Hay mucha violencia, mucha defensa de las ideas de cada una y mucha necesidad de reivindicarse, pero también hay mucho amor. Me ha costado mucho entender que donde había odio podía haber también amor», admitía la madrileña. Para Lennie, que repite experiencia con Rambert, el ofrecimiento supuso una mezcla de «expectación y terror sobre qué me esperaba». Su anterior colaboración fue en «La clausura del amor», donde protagonizaba un violento –otra vez– enfrentamiento con quien era su pareja en aquel momento, el actor Israel Elejalde. Ha cambiado aquellos dos monólogos angustiantes por un diálogo igualmente cargado de reproches.

Ambas coincidieron en resaltar la complejidad de la obra y la exigencia de un director cuyas indicaciones se limitan a lo escrito. «No habla nunca de personajes, no sabes de dónde vienen ni por qué. No se parece en nada a Stanislavski», bromeaba Lennie. Ni siquiera les cambia el nombre. Las personas responden al mismo que los personajes, un artificio con el que amplía el juego de la confusión. Son Bárbara e Irene, en el escenario y fuera de él. Dos mujeres en las que el silencio no cabe.