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Andalucía

Griñán: el muñidor de un cambio que no pudo protagonizar

«Dejo mis resposabilidades sabiendo que mi tarea ha sido hacer la transición». Defiende que su generación no puede ser un «tapón» y llama al inconformismo

Griñán: el muñidor de un cambio que no pudo protagonizar
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Susana Díaz Pacheco, sevillana-trianera de 39 años, será el eje donde anclar el PSOE-A. Ha quedado más que claro en el segundo congreso extraordinario en la historia del partido, celebrado este fin de semana en Granada y convertido en un canto a la renovación. Hasta llegar ahí, los acontecimientos se han sucedido desde que el 12 de marzo de 2010 José Antonio Griñán accediera a la Secretaría General en el primer cónclave extraordinario en sustitución de Manuel Chaves, quien, según la versión del sucesor, precipitó el congreso para evitar los problemas de «bicefalia». De hecho, once meses antes ya lo había relevado en la Presidencia de la Junta.

Con 63 años Griñán se convirtió entonces en el socialista más veterano en liderar a sus compañeros de siglas, pese a no haber ocupado cargos orgánicos de brega, ya que su trayectoria se había forjado en el ámbito institucional. Desde el comienzo se marcó y le marcaron como reto llevar a cabo «cambios» internos. Intentó separar el partido de la institución, de la Junta, e inició una senda de transformación que cuestiones de índole personal, a sumar al cerco de casos judiciales como el de los ERE, le han impedido concluir en primera persona.

En el camino hubo otra fecha significativa: el 25-M de 2012, cuando los socialistas perdieron las elecciones autonómicas, pero lograron salvar el Ejecutivo andaluz «derrotando a las encuestas», como recordó el ya ex secretario general del PSOE-A al plenario. Fue entonces cuando asumió una triple responsabilidad: seguir gobernando en Andalucía, hacerlo en coalición con IULV-CA y cortar la deriva de los malos resultados electorales que los socialistas encadenaron en 2011, lo que implicaba iniciar un proceso de renovación interna que ha culminado en el actual congreso.

En ese sentido, respondió a quienes lo han tildado de ser «un presidente y un secretario general de transición» que lo que ha querido es serlo «para la transición», tras tomar conciencia de que su tiempo «ya había pasado», de que su generación podía correr el riesgo de llegar a ser un «tapón» para la siguiente, pese a haber «prestado un buen servicio a España y Andalucía». Palabras estas últimas que se interpretaron como un nuevo mensaje al secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, sobre la conveniencia de que dé ya un paso atrás. Lectura que negaron fuentes de la dirección regional del partido.

Griñán cede ahora el testigo de la Secretaría General a una «creíble» Susana Díaz, quien el pasado 7 de septiembre se convertía también en presidenta de la Junta. Es la primera mujer en ostentar ambos cargos lo que, según fuentes del entorno del ex presidente, supone «un legado de orgullo» para él. «Relevo generacional y de género», recalcan complacidos.

Quien ha llegado a su famoso río y cruzado el puente, para «seguir en la orilla del socialismo democrático», quiso romper una de sus normas, no dar consejos, para brindarle uno a quienes dirigirán los designios futuros del PSOE-A. «No os dejéis llevar por la corrección política hasta el extremo de haceros previsibles», les exhortó para añadir: «Sed indomables, incansables, transgresores, inconformistas». Y les señaló un faro: los alcaldes y concejales socialistas, «el alma, la fuerza y el ser más profundo de este partido», sostuvo para avisar de que el trabajo de la formación «está en la calle».

«Dejo mis responsabilidades», apuntó, «sabiendo que mi tarea ha sido hacer la transición». «No aspiraba a más –apostilló–, tampoco a menos. Soy deudor de cuantos habéis estado a mi lado, de quienes habéis sido críticos de mi gestión, a los que pido perdón públicamente; y de toda la militancia porque el contrato que nos une es de comunidad», proclamó con emoción, consciente de su adiós.

Antes, el ex presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, lo había incluido en la categoría de «los muy buenos socialistas», tras destacar su coherencia y su «gran lección de generosidad», que ya por la tarde su heredera volteó en «coraje» para ceder su sitio.

El ex secretario general saliente sacó adelante el informe de gestión de su Ejecutiva con el apoyo unánime de los más de 800 delegados participantes en un congreso en el que el sector crítico se había diluido antes de empezar. El nuevo tiempo está servido por un «hombre bueno» quien un día pidió a los suyos que lo llamaran Pepe.