Javier Urra: «Uno nace con el derecho a darle un bofetón a su hijo, pero no dos»

-Enseñar a ser padres hoy tiene mucho éxito.

–He escrito varios libros de educación, pero éste busca dar respuesta a las preguntas. Voy viendo los agobios de padres, educadores, alumnos: los celos, por qué lloran, cómo los sanciono, qué hago si dudo de su orientación sexual, cómo consigo que no esté tomando rebujitos a todas horas...

–¿Qué pueden hacer esos «agobiados»?

–En él digo cómo hacerlo, cómo se rompe el huevo para hacer la tortilla. Tiene de novedad que damos instrumentos que a veces no se han planteado, como la intuición, la creatividad, el sentimiento de trascendencia de la vida, remarco el tú como esencial para el yo. Y luego las cosas clásicas, respeto a los padres y figuras esenciales como abuelos o maestros. Y también refleja las nuevas tecnologías, que hacen que haya muchas posibilidades de que por ejemplo un chico tenga pareja, muchísimas más de que esa pareja se rompa... hay que prepararlos para la ruptura. ¿Los estamos preparando? No.

¿Hay mucho «intrusismo» en esto de la paternidad? ¿Recomienda formarse antes de afrontar un paso así?

–Convendría leer alguna cosa, para anticipar algo. Tampoco es planificar el viaje, pero sí tener un pequeño camino educativo. No quiero unos padres que hagan un máster, ni soy quién, pero sí hay que plantearse a qué van a dedicar su tiempo de ocio, dónde van a tener amigos... eso te va a cambiar. Si dices: vamos a ir los sábados a las nueve de la mañana a la piscina, pues estás bloqueándole la posibilidad de que salga por la noche demasiado. Eso sí está en tu capacidad, el resto no. Y sobre todo la coherencia interna y el entorno familiar.

–¿Desterrar el «cuando seas padre, comerás huevos»?

–Yo no escribiría este libro si no fuera un tipo moralmente irreprochable. Hay que enseñar a los hijos a tener voluntad y que la vida no es fácil. Tienen que pensar que un día desaparecerán y con 12 años ya plantearse si están haciendo algo que merezca la pena porque no hay ninguna garantía de que vaya a ser mayor.

–¿De ahí viene la frustración al llegar a una edad y ver que la realidad no es como decían?

–Pero le pasa al chaval y al adulto, que no ha entendido qué es la vida. Lo último que te preguntarás posiblemente antes de morir es ¿para quién he vivido? Una madre la tiene casi contestada. Luego, los padres educamos, pero también la escuela, la red social... tenemos una influencia relativa. Y si quieres educar igual a tus hijos, tendrás que hacerlo de distinta manera. Allport, que fue un psicólogo espabilado, decía que con el mismo fuego que haces un huevo duro derrites la mantequilla.

–Lo mínimo que debe pedírsele a un libro sobre educación es sentido común. ¿Por qué triunfó el «método Estivill»?

–La gente busca muchas veces receta, para dormir a los niños y para todo. Tengo buena relación con Supernanny, me parece que el programa está bien, pero, cuidado, no creo que haya que hacer de las casas un laboratorio. La gente lo mide todo, pero en el tema de la educación, las cosas dependen. Las normas que se ponen, el niño debe interiorizarlas. En este país, por ejemplo, veo que todo se legisla, pero me parece que falta la conciencia personal.

–Explíquese...

–Una persona tienen un accidente de tráfico, no voy a poner nombres, y parece que ha bebido y en ese accidente muere una persona. ¿Tiene derecho a tener un abogado, a no declararse culpable? Sin duda. ¿Tiene un abogado derecho a decir que se ha roto la cadena de...? Sí. Éticamente, no, moralmente, no. Tiene que decir, «yo lo hice, yo había bebido, me arrepentiré el resto de mi vida y voy a apoyar a esa familia». No asumir la responsabilidad no es de buena persona

–Y queda la sensación de que no hay consecuencia a los malos actos.

–Pero más que ir a la cárcel es que al final los niños tienen que tener sentimiento de culpabilidad. Si eres culpable, tienes que penar por dentro. Cuando un asesino o un violador sale , dice «yo ya he pagado». ¿Qué vas a pagar? Yo a «El Rafita» se lo dije, no has pagado, no pagarás nunca lo de Sandra Palo. Si lo que dices es que has pagado la medida judicial que te impone la Justicia española, sí. Ahora, tienes que mirarte al espejo todos los días y preguntarte: ¿merece la pena que yo siga viviendo? Pero la mayoría de los padres educa muy bien, los actuales son los que más ganas e ilusión le ponen y los mejor preparados.

–En el libro se lee: «Hay que razonar con los niños sin pegarles». ¿Por qué sigue siendo necesaria esa aclaración?

–Porque la gente pega mucho, el maltrato es muy generalizado. Creo que uno nace con el derecho a darle un bofetón a su hijo, pero no dos. Así, cuando se lo vas a dar hoy, te lo tienes que pensar, porque dices, «a ver si lo voy a gastar y mañana lo necesitaría más». Otra cosa es la sanción, no todo hay discutirlo, hay normas que imponemos porque tenemos criterio y sentido común, igual que los vacunamos. Los padres tienen que hacerse respetar, es lo más difícil.