Historia

José Calvo Poyato: «Mariana Pineda es en realidad el espíritu de la bandera pero no su bordadora»

«Mariana Pineda es una heroína desconocida para muchos españoles y andaluces, símbolo de la represión absolutista del reinado de Fernando VII, Federico García Lorca le dio fama mundial al convertirla en la protagonista de una de sus obras de teatro. Sin embargo, además de todo lo anterior, la vida de Mariana es la de una mujer que decide participar de manera directa en los avatares de su tiempo, tomando partido en intrigas políticas contra el poder pero también sosteniendo una posición de libertad personal saliéndose de los márgenes que la sociedad del siglo XIX otorgaba a su sexo. José Calvo Poyato acaba de publicar en Plaza&Janés «Mariana, los hilos de la libertad», una novela que muestra perfiles hasta ahora desconocidos del controvertido personaje histórico.

–¿Cómo es que Mariana Pineda no bordó ninguna bandera?

­ –(Risas) Porque la verdad es que no bordó ninguna, ya que lo que ella hizo fue un encargo. La importancia de esa bandera es que se convierte en la prueba de cargo en el juicio en el que la someten para condenarla. Ella la encarga a las bordadoras profesionales del Albayzin y es en realidad el espíritu de la bandera pero no su bordadora.

–¿El mito se ha comido al personaje histórico?

–Creo que aquí el hecho material de la bandera en sí no es lo importante, sino que se le encargue una bandera que en opinión de las autoridades absolutistas llama a la sedición. La clave está en quién hace el encargo. No creo que el personaje histórico haya sido arrollado por el mito, lo que sí está claro es que tiene mucha fuerza y está relacionado con el deseo de convertir a Mariana en una figura popular, en el sentido de perteneciente al pueblo, y verla como bordadora es un elemento que la acerca a ese pueblo. Sin embargo, si aparece como una dama de la pequeña aristocracia granadina pierde parte de ese aura que los liberales quisieron darle en el siglo XIX. Lo mismo sucede con Pedrosa, el subdelegado de la Policía de Granada, pieza clave en la condena, a quien Federico García Lorca lo convierte en un amante despechado. Nos encontramos más con un policía que quiere hacer carrera que con un individuo que se siente ofuscado por el rechazo de Mariana.

–¿Hay mucha diferencia entre el personaje real y el literario?

–Mariana es una mujer, y en este sentido, sí hay cierta relación. Es una mujer que no se adapta a los cánones que la sociedad de su tiempo tiene para ella. El propio hecho de que participe en reuniones políticas clandestinas no es lo que se esperaba de la mujer en su tiempo. En aquella época la política era reservada a los hombres y la mujer tenía muy poco sitio. Por otro lado, su vida sentimental, queda embarazada muy joven, está al margen desde muy pronto y eso está mal visto por la sociedad granadina del momento. Por eso, la imagen que escribe García Lorca, de presentarla como una mujer que no se adapta a su época, es muy correcta. Luego, ese enamoramiento de Pedrosa es lo que no responde a la realidad.

–Además, ella defendía a unos liberales que nada tienen que ver con los que hoy se denominan liberales.

–Es un concepto de liberalismo del siglo XIX que no tiene nada que ver con el que se usa hoy salvo cuando lo hacemos en términos históricos. Los liberales de entonces quieren recortar los poderes del Rey y que el imperio de la ley esté impuesto para que afecte a todos los ciudadanos, pero pensando siempre en volver a la Constitución del Doce. Incluso ellos defienden una monarquía constitucional, ellos lo que buscan es un monarca que debe estar sometido al imperio de la Constitución, que es lo que no hacía Fernando VII.

–El PSOE ha afirmado hace poco que es un partido republicano, pero que no cree que sea un proceso viable. ¿Estamos ante un nuevo «¡Vivan las cadenas!»?

–No, creo que el «¡Vivan las cadenas!» es un apoyo al absolutismo, porque el cambio mental de una sociedad requiere de mucho tiempo, un cambio cronológico y lento. Aquí se hizo una Constitución en 1812 que pudo oler como antifrancesa, aunque en el fondo, la idea de Constitución llega con los franceses, que son los hijos de la Revolución de 1789. Para algunos españoles, esa idea podía tener semejanzas con los franceses y eso provocaba un rechazo importante. Por otro lado, las formas de gobierno tradicionales contaban con el apoyo de sectores muy importantes en la sociedad como la propia Iglesia. Los liberales eran muy pocos y se necesitaba de mucho tiempo para cambiar las cosas.

–De todas formas, en el siglo XIX no tiene mucho sentido declararse republicano y negar que pueda alcanzarse la República en España en algún momento.

–Eso es una contradicción en todos sus términos.