Política

Las calores de enero

El PSOE pagó autobuses para protestar ante el Parlamento durante la investidura de Juanma Moreno / Foto: Manuel Olmedo
El PSOE pagó autobuses para protestar ante el Parlamento durante la investidura de Juanma Moreno / Foto: Manuel Olmedo

Al Parlamento le sucede en estos inviernos crudos lo que a tantas casas de la Baja Andalucía: el frío es más demoledor dentro que fuera. El primer día de la investidura de Juan Manuel Moreno, el sol en el barrio de la Macarena invitaba a salir y solazar en la calle. No tanto a los 59 parlamentarios que un día después votaron al primer presidente sin un carnet socialista en 37 años. Hacía calor fuera. La izquierda levantisca había dado la voz a su infantería gritona y allí estuvo, unos dos mil individuos (e individuas), lanzando ripios, arengando rumbas y pataleando adioses.

Maite no sabe taconear ni le interesa. «Al menos por ahora». Así remata esta mujer de 50 años una conversación en el Bar Plata, frente a la Puerta de la Macarena, sobre la bulería y el rococó festivo de la manifestación. «La protesta alarma menos si se sonríe», dice. Maite se unió hace dos días a la manifestación feminista que fue a protestarle a un Gobierno nonato. Preventivamente, un aborto por amenazas, por si acaso. «Eso no quiere decir que los de izquierdas no seamos demócratas; quiere decir que no consentiremos una ley contra la mujer», explica. Maite trabaja en una asociación que asesora legalmente a mujeres inmigrantes. Hasta cuándo lo hará... eso no lo sabe.

El PSOE ha regido el poder ejecutivo en Andalucía desde el origen de los tiempos democráticos. No tanto ha llovido. Casi cuatro décadas después, el vigor socialista se resume en la media docena de autobuses que el primer día de investidura estacionó alrededor del Parlamento, helado en su interior, haga escrache en la calle o impere el derecho a la pataleta. Se cuentan por miles los empleados elegidos a dedo por la Junta de Andalucía que van a ser desterrados de la madre patria, de su teta y pesebre cotidianos, una vez que se haga efectivo el relevo de Gobierno. Y hay quien está sulfurado.

Al comentar la actualidad, Cristóbal defiende que su modo de ser y de estar es menos cínico que «afortunado». A veces, confiesa, le gusta actuar y presumir de «bon vivant». Habla de la suerte que ha tenido en la vida por ser de cuna sindicalista y por haber nacido donde ha nacido, en un pueblo de la Sierra Sur que prefiere omitir «por si acaso». Ha sido salir Susana Díaz de su sillón de San Telmo y volverse muda toda la izquierda. Menos en las manifestaciones, claro. «Las elecciones han chocado a muchos», explica Cristóbal en un banco de la Plaza del Pumarejo.

El próximo Gobierno del PP y Ciudadanos planteó como prioridad acometer una auditoría de la gestión de la administración andaluza. Levantar alfombras, destapar camastros y abrir ventanas. Desde el PSOE, con esa soberbia marca de la casa, se han reído. En la tribuna y fuera de ella, dentro y en el exterior del Parlamento, donde a esta hora, y al sol, hace bastante menos frío. Los números están todos en orden, aseguró el ya ex vicepresidente, Manuel Jiménez Barrios, Chiqui, quien no parece incomodarse comparándose con los imputados Manuel Chaves y José Antonio Griñán. Él sí parece saber qué se asa con precisión desde Ayamonte hasta Pulpí.

Juana presume de feminista. «No es el equivalente femenino de machista», pretende aclarar antes de reflexionar sobre el significado exacto de la palabra «igualdad». «Bueno, es que es necesario no ser del todo iguales para conseguir ser del todo iguales». Juana se ha enzarzado en un retruécano del que no sabe escapar, así que mejor no salirle con la comparación del cerdo orwelliano. Mientras tanto enseña, ufana, el color de los calcetines. Es la bandera transexual, dice, Tiene un tono rosa y otro celeste propios de la Inmaculada Concepción. «El Gobierno va a arrasar con todo», clama. Se refiere, añade, a «las operaciones de cambio de sexo», al «asesoramiento psicológico» y a «los estudios de género». Y sigue en su retruécano.

La izquierda dañada en las urnas se ha esparcido por la calle para buscarse. El calor y el ruido deben de ser el escenario idóneo para legislar. En el Parlamento, parecen insinuar, hace demasiado frío. Durante la investidura de Juan Manuel Moreno, un par de miles de almas jugó a advertirle al legislador de que la democracia es cosa de ellos, del eslogan y del color. Violeta, rosa, arco iris, del PSOE, PCE, Adelante, Pacma, CCOO, UGT, CNT... Y, con camisetas celestes, un grupo que exige el derecho a la custodia compartida. Pero para la manifestación eran «fachas» y tuvieron que irse. Debieron de ser las calores de enero.