María Iglesias: «Si no queremos migrantes no podemos esquilmar sus países»

La periodista y escritora relata en “El granado de Lesbos” su experiencia como cronista de la crisis de los refugiados

La periodista y escritora María Iglesias / Foto: Manuel Olmedo
La periodista y escritora María Iglesias / Foto: Manuel Olmedo

La periodista y escritora relata en “El granado de Lesbos” su experiencia como cronista de la crisis de los refugiados

Relata en «El granado de Lesbos» (Galaxia Gutenberg) lo ridícula que se sintió la primera vez que sacó libreta y boli en un rescate y como los guardó para secar a un bebé ¿Cómo ser profesional y humano?

-Le he dado muchas vueltas allí y aquí y me alegra haber tenido la dura experiencia de afrontar el dilema porque ahora tengo claro que es instintivo, te sale ayudar, pero además creo que racionalmente es positivo como periodista porque te permite luego recabar una mejor información para el lector. Las personas que acaban de sobrevivir a la muerte, que vienen temblando, para las que la prioridad es de salud porque había gente con hipotermia, no es el momento. Ya tienes la sensación que puedes transmitir en la crónica sin hablar con ellos y no te pueden dar un testimonio coherente. Sin embargo, si en ese momento tienes una actitud empática, que no es premeditada, te sale, cuando por la tarde vuelves a los campamentos, donde ya están a salvo, serenos, se genera un clima de confianza en el que te abren sus sentimientos, sus testimonios mucho más.

–Entre los muros y el buenismo ¿qué vías reales hay?

–No es un tema ético, es de legalidad internacional. La que rige es fruto de la hecatombe de la II Guerra Mundial. Lo más peligroso que está pasando es que, igual que con el antisemitismo en los años 40, ciertos grupos políticos están normalizando que hay una categoría subhumana en la que no rige la ley y que da igual lo que les pase. A los migrantes como a los no migrantes les rige la legalidad. A cada uno, no en cuotas ni por origen, si le corresponde le corresponde y hay que aplicarlo porque el peligro de saltárnoslo es la arbitrariedad.

Para quienes huyen de guerras vale pero ¿y los migrantes económicos?

–Para mi sorpresa he descubierto que el artículo 13 dice que todo ser humano tiene libertad de movimiento para desplazarse y establecerse libremente.

Abrimos fronteras pero ¿cómo les garantizamos unas condiciones dignas?

–Hay un primer paso, antes de ponernos a ayudar, que es dejar de esquilmar. Lo que no podemos es tener unos acuerdos pesqueros en caladeros de Senegal o Marruecos para nuestros pescadores y que los de esos países no pueden pescar y pretendemos que no se busquen la vida fuera. Si no queremos que haya movimientos migratorios no podemos ir a otros países y esquilmar sus recursos, sigue en marcha el neocolonialismo después de las colonias. De los 54 países africanos, sobre 14 hay una moneda que emite Francia les obliga a que sea el país prioritario para cualquier negocio. Lo que no podemos es poner unas condiciones leoninas para la población de países extracomunitarios y pretender que no migren, o promover conflictos bélicos.

– ¿Qué diferencias vio entre Lesbos y Algeciras?

–Primero la cantidad, allí se concentró la llegada de 800.000 personas en dos meses. Y paradójicamente como periodista he tenido un acceso a los campamentos de refugiados envidiable con respecto al acceso que tenemos aquí a los CIE, que es ninguno. El libro es una sucesión de historias y he tenido acceso porque podía hablar con ellos. Cuando el verano pasado fui para otro proyecto documental a Tarifa, estábamos en el muelle y la Guardia Civil nos dijo que podíamos filmar pero no hablar con las personas que desembarcaban. No puedes hacer el mismo trabajo porque no les puedes dar voz.

¿Y la población local? En Lesbos los acogían y pedían ayuda al no dar abasto. En Ceuta y Melilla piden vallas.

–Europa es un continente de 500 millones de habitantes, África tiene 1.300 pero es que en 2040 va a tener 2.400. Las autoridades que aplican estas políticas nos están distrayendo con algo que no va a funcionar, la contención no va a ser práctica. Y transmitir la idea, que en Europa se está haciendo, de que los problemas de vida, trabajo, precaricación son resultado de que vienen los migrantes es tan loco. Es un tema de qué tipo de economía tenemos, de reparto de beneficios, es que no tiene nada que ver con ellos. Al revés, ellos son unas víctimas extremas de lo que aquí la ciudadanía empieza a ser una víctima ya preocupante, del paro, la precarización. El Fondo Monetario Internacional acaba de decir que económicamente Europa necesita la llegada de inmigrantes. Lo ves a través de las historias del libro. La esposa iraquí del señor con los tres hijos que veo desembarcar en el primer capítulo y me hace el hueco para señalar que falta un cuarto, llegó antes a Alemania. Trabaja 12 horas en casas, intenta reagruparlos, le deniegan el asilo, al marido y los hijos los mandan a Chipre, donde no pueden entrar y salir, y ella tras resistirse mucho porque ya estaba en Alemania, trabajando, se va a Chipre, porque se está perdiendo la vida de sus hijos, y cuando se ha ido Alemania anuncia que necesita 1,2 millones de extranjeros.

– Los bomberos de Proem-Aid, del barco de Open Arms ¿hay una estrategia diseñada contra las ONG?

–Estoy totalmente convencida y eso sí que ha funcionado. El flujo lo han cortado. Eso no significa que el periplo migratorio no siga, están taponados en Turquía, en Libia y en Marruecos en unas condiciones de tortura. En paralelo, han quitado las ONG que han permitido los ojos de los periodistas y a través nuestra de los ciudadanos, y las han quitado de en medio para que no veamos que la gente se está ahogando. Y que en el Sáhara muere más gente que en el Mediterráneo asfixiados y abandonados.

– Su padre era de Conil y va con frecuencia y se baña donde hace poco se ahogaron una mujer y un menor ¿instinto de supervivencia?

–Voy y seguiré yendo pero para mí no es lo mismo. Los griegos en el verano de 2015 estaban en la toalla y como empiecen a ser muchos muertos no vamos a tener donde escondernos. Es una situación muy parecida, estamos muy cerca, el país del otro lado es muy poco democrático. Marruecos, como Turquía, tienen el papel de contención pero es que la mayoría de los que están viniendo son sus propios nacionales.