Oda a los Sabores de Paterna

Salud endosó a esta fábrica gaditana los mismos males que a la sevillana Magrudis, que ha evidenciado desde el inicio de la crisis de listeria que la chapuza era su modus operandi

Salud endosó a esta fábrica gaditana los mismos males que a la sevillana Magrudis, que ha evidenciado desde el inicio de la crisis de listeria que la chapuza era su modus operandi

Un paseo por la gaditanísima comarca de la Janda es como adentrarse en una familia numerosa en la que, como corresponde, cada hijo tiene su personalidad. Está el hermano mayor sabio, anciano y apegado siempre a la cosa aristocrática que representaría Medina Sidonia; tenemos a la hermana alta y guapa en Vejer de la Frontera; al socialista de corazón en Alcalá de los Gazules, al anarca que fue de joven Benalup-Casas Viejas, también estaría en esta familia el hermano problemático que lucha ahora por sacar cabeza que observamos en Barbate; el hermano aventurero y deportista sería Tarifa y el más familiar de todos, Conil de la Frontera... Falta uno, el hermano desconocido: Paterna de Rivera, sabemos que le gusta el flamenco pero no mucho más.

Porque, no nos engañemos, a menos que usted sea un buen aficionado al cante y sepa que ésta es la tierra de la petenera y de ese mítico cantaor que fue el Perro de Paterna, dueño de un timbre melódico sin par que hizo piña con Juanito Valderrama, la primera vez que escuchó hablar de Paterna de Rivera fue el pasado 6 de agosto. Aquella tarde el consejero más campechano (también el más imprudente) del Gobierno de Juan Manuel Moreno Bonilla –llamadme Juanma- pronunció las palabras malditas: «Esta misma mañana hemos recibido la comunicación del laboratorio confirmando el positivo por listeriosis en un lote de carne mechada de la marca Sabores de Paterna».

A ojos del ciudadano histérico-listérico, Jesús Aguirre endosó los mismos males a esta empresa que a Magrudis, que ha evidenciado desde el minuto 0 de esta crisis que la chapuza era su modus operandi. Pero ni Magrudis es Sabores de Paterna, ni un garaje que por fuera parece uno de esos tugurios en los que Heisenberg preparaba meta es lo mismo que una empresa que lleva años levantando la economía de un pueblo maltrecho por el desempleo que en plena crisis llegó a rozar el 58% de paro. No es lo mismo, que cantaba Alejandro Sanz, queridísimo en toda esta tierra, por cierto.

Decíamos que cada pueblo de la Janda tiene su personalidad y de alguna forma también su oro. Lo que La Chanca, Gadira o Herpac son para Barbate con el atún, lo es desde hace décadas Sabores de Paterna con el cerdo para este municipio de apenas cinco mil habitantes.

Por eso no nos extraña que en nuestro paseo entre fachadas encaladas que repelen este pegajoso sol de septiembre nos topemos en plena calle Cristóbal Barroso con una inédita protesta popular que desafía el mercurio de la tarde: más de un centenar de vecinos de distintas generaciones sostienen cartelas hechas a mano con lemas que de no verlo con nuestros ojos serían carne -¡perdón!- de chiste: «Bartolo, queremos bocadillos de carne mechá ya», «Sabores de Paterna, te queremos» o «50 años dándonos sabores».

La prensa escrita, a la que en los pueblos se le da más valor que en las ciudades, también sirve aquí como panfleto y medida exculpatoria: «Sanidad no encuentra ningún caso de listeriosis asociado a Sabores de Paterna», leemos sobre las declaraciones de la ministra Carcedo en algunos recortes del Diario en esta manifestación «silenciosa y pacífica», según remacha una de las convocantes que porta un folio donde se lee «El consejero se quiere lavar las manos». Clarito queda. Aquí no se gasta la mercadotecnia política de imbricados eslóganes que a la postre no se entienden.

Porque en el pueblo antes que inquietud por una posible contaminación alimentaria si se da buena cuenta de media de carne mechada o una de chicharrones hay indignación, cabreo y también orgullo herido. Juan Luis, vecino de El Punto, el barrio donde se ubica esta fábrica de embutidos, no ahorra elogios: «Sabores de Paterna es una empresa familiar, que lleva muchos años dándonos de comer, la familia Rodríguez es gente humilde y muy trabajadora y queremos mostrarle todo nuestro cariño». A su lado, asiente un señor al que la edad se le ve en las manos y no en el DNI: «El fin de semana antes de que salieran diciendo eso me llevé un papelón de carne mechá al campo, al terrenito donde tengo plantado de todo, y nunca me ha pasado nada. Ni al médico he ido».

Pero el miedo existe. La prevención, más bien. Hasta que se aclare todo, el Ayuntamiento de Vejer ha suspendido la V Día del Lomo en manteca, que se iba a celebrar el próximo 13 de octubre. De vuelta, paramos en la Venta Pinto –clasiquísimo punto para coger fuerzas en La Barca de Vejer- y charlamos con el vecino de barra: Manuel, jubilado de Los Barrios que ha venido a echar el día al Palmar ahora que ha amainado el Levante. «Sentarme por las noches con un picoteo de carne mechá, de chicharrones, con un vinito me gusta de toda la vida. Desde que ha saltado todo esto, no lo como. Ahora me pico un tomate», reconoce.

¿Será todo esto fruto de una cruzada contra la obesidad? Veremos.