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Sánchez Gordillo: «Me pondré en huelga de hambre para que el Humoso no se venda»

  • Juan Manuel Sánchez Fordillo reaparece para exigir al Gobierno andaluz que se replantee su intención de vender la finca de Marinaleda
    Juan Manuel Sánchez Fordillo reaparece para exigir al Gobierno andaluz que se replantee su intención de vender la finca de Marinaleda
Sevilla.

Tiempo de lectura 4 min.

18 de agosto de 2016. 13:38h

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Sevilla. 18/8/2016

«La Junta de Andalucía quiere vender los terrenos del Humoso, empuja fuerte desde hace meses en esa dirección, pero nosotros defendemos que la tierra, como el agua o el aire, no deben ser de nadie». Habla el alcalde de Marinaleda (Sevilla) desde 1979, Juan Manuel Sánchez Gordillo, a quien el picotazo de la inquietud ha sacado de un estado de cierto adormecimiento. A esa intención del Ejecutivo autonómico, él opone otra que impulsa: «Queremos que se cree un organismo, una fundación o entidad pública ‘x’, en la que estén representados todos los sectores del pueblo, las mujeres, los jóvenes, los pensionistas... –baraja también la presencia de ‘fichajes’ como el del ahora diputado en el Congreso de Podemos Diego Cañamero, o el ex Defensor del Pueblo Andaluz José Chamizo– como depositarios de ese bien y que no sea propiedad de nadie», explica.

Esas tierras, enclavadas en la Vega del Genil, acumulan décadas de historia de puños apretados de jornaleros que se negaron a ser mansos. Cuando Sánchez Gordillo llegó a la Alcaldía miles de sus vecinos labraban las tierras del cortijo del Duque del Infantado. Tras múltiples ocupaciones, encierros, peleas y presiones a la Consejería de Agricultura en el contexto de un intento fallido de reforma agraria, la Junta expropió 1.200 hectáreas que cedió al pueblo en 1991. De lo cultivado de forma colectiva en ese terreno nació, gastado otro tiempo, la cooperativa Humar, desde la que se comercializan ahora conservas vegetales de pimientos, alcachofas o habas, y que permite al alcalde presumir de pleno empleo en su localidad. Pero el propietario de la simbólica finca de Marinaleda es el Ejecutivo regional y éste se marcó como objetivo, cuando la crisis comenzó a ahogar las arcas públicas, venderla, como otras que posee, a ser posible a los jornaleros que la trabajan y que, según el alcalde, «no las quieren comprar». «Nunca hemos estado por la propiedad, hemos luchado por un cambio profundo en la concepción de ese bien y no queremos que se le dé a nadie. La tierra no puede servir para especular y revenderse», apunta a LA RAZÓN el también ex diputado de IU e histórico dirigente del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT, antes SOC).

«La Junta está en plan severo y no entendemos su actitud, igual quiere que la vuelva a comprar un terrateniente», desliza para añadir un aviso: «Me pondré en huelga de hambre hasta la muerte si es necesario para que el Humoso no se venda, no voy a consentir que se escriture a nombre de nadie». Lo tiene muy claro e insiste en que «a estas alturas de la vida, hay principios a los que no se puede renunciar». «Ni la trayectoria del SAT ni las luchas que hemos llevado a cabo», apostilla, «permiten que nos crucemos ahora de brazos», sobre todo, cuando «ni los que se llaman de izquierdas ni los que se llaman de derechas han sido capaces de hacer una ley que garantice siquiera que no se pueda especular con el suelo para la primera vivienda», lamenta. Su relación con los sucesivos gobiernos andaluces ha sido a menuda tensa, pese a que las subvenciones de éste le han permitido sacar adelante iniciativas como su plan municipal de autovivienda. Sánchez Gordillo no frenó en sus críticas y proclamas contra la gestión autonómica ni cuando IU –coalición en la que está integrada la CUT, el partido que fundó– ha formado parte de éstos. Ahora, advierte, tampoco cederá en la batalla que se muestra dispuesto a abrir «si se empeñan en vender estas tierras».

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