Siete años sin Marta del Castillo

El caso pasa al Grupo de Homicidios tras la ardua pero infructuosa labor del Grupo de Menores ante la insistencia de la familia y el clamor de la sociedad por un crimen a medio resolver

Desaparición el 24 de enero de 2009
Desaparición el 24 de enero de 2009

La vida sin Marta, siete años después, no es lo mismo. Sobre todo para su familia. También para los implicados en el crimen.

La vida sin Marta, siete años después, no es lo mismo. Sobre todo para su familia. También para los implicados en el crimen. Y para una sociedad que, salvo catástrofes siderales, asume las tragedias como quien pasa las hojas de un periódico y se baja del dolor y de la esperanza igual que quien se baja de un caballo cansado. El de Marta del Castillo no es un caso más. Esta vez importa. Cicatrices en el alma, en el mejor de los casos. Heridas abiertas, en otros muchos.

Antonio del Castillo y Eva Casanueva –como imagen de todos los que querían a Marta– intentan «ser fuertes para seguir adelante». La habitación –que fue refugio para Eva durante meses– continúa intacta, como la dejó la joven de, entonces, 17 años el 24 de enero de 2009, el día que quedó con Miguel para «aclarar unas cosas». Según Alejandra, su mejor amiga, el escaso mes de relación entre Miguel y Marta estuvo lleno de «altibajos». «No la dejaba en paz». Marta sigue sin reposar en paz siete años después. En la calle Tartessos el vacío que deja la pena huele a vainilla. «Todavía huele a Marta en la casa». «Marta era muy infantil y hasta casi los 14 años jugaba a las barbies con sus hermanas y, bueno, ahí están». «Su olor preferido era el vainilla», recordaba su madre.

El primer día del padre, la primera Semana Santa, la Feria , el verano –cuando solían ir a Chipiona–, la Navidad... Así pasó el primer año sin Marta, y ya van siete. «Un día tendremos que hacer nuestra vida normal», contaba Antonio el día de San José sin su hija. No ha sido posible. Intentan «retomar el pulso» de los días. ¿Cómo se «celebra» nada sin una hija? «Tenemos una cadena perpetua. Mi hija, también. Pero ellos –por los implicados– no». El dolor suspende en el tiempo y no hay analgésico posible. Lo cotidiano es lo que duele. Porque la vida se conforma de actos cotidianos. El cotidiano «buenos días» matutino, la cotidiana «discusión por un rato más en el parque», la cotidiana elección del rincón para «ver a la Esperanza». Ahora, lo cotidiano es la ausencia.

Tras la ausencia, lo que más duele es «no tener un lugar en el que llorarla», en el que derramar esa última lágrima que no llega, recuerda Eva Casanueva. Y tras este dolor, el desconsuelo y la rabia ante la posibilidad de que «no se haga Justicia». Las contradicciones del sistema: cuatro implicados están en la calle; Marta, en ninguna parte. En el fondo, la familia de Marta –con sus hermanas, que eran niñas y se han hecho mujeres– la siguen esperando. Es casi imposible aceptar la muerte de un hijo. El duelo –con sus cinco estados: negación, ira, negociación, depresión y aceptación– siempre será incompleto. A Antonio del Castillo y a Eva Casanueva al quitarles la vida de su hija, les han dejado la vida «a la intemperie». La paz de la familia Del Castillo está donde yace Marta. Siete año, cientos de lugares, 158 evidencias genéticas, cientos de testigos y 5.000 folios de sumario después, perdida. Antonio del Castillo agradecía el viernes al delegado del Gobierno en Andalucía, Antonio Sanz, las «gestiones» gracias a las cuales la Brigada de Análisis y Revisión de Casos de la Policía Nacional se ha hecho cargo de las diligencias de la búsqueda del cuerpo, considerando «un error» que la investigación recayese en el Grupo de Menores (Grume). Del Castillo considera que ante un «homicidio de libro» como el de su hija, «el primer error» fue que el Grume se encargase de la investigación. «En Sevilla hay un Grupo de Homicidios totalmente adecuado, porque de hecho, en 2015 ha resuelto los 15 asesinatos cometidos». «No sé si a alguien le interesaba que el Grume cogiese el caso. Creo que ese fue el primer error», manifestó Del Castillo, que sigue viendo una sombra política tras la investigación y, sobre todo, que la novia del hermano de Carcaño quedara absuelta. Con un respaldo de aproximadamente un millón y medio de firmas cosechadas mediante la conocida plataforma digital Change.org, la familia de la víctima demanda la reapertura del caso con la incorporación de las nuevas pruebas que habría recopilado la familia gracias a los servicios de un infiltrado en el entorno de los condenados, una persona a la que un agente encargado de la investigación policial ha llegado a tachar de «delincuente» en sede judicial.

El único condenado por el crimen y asesino confeso, Miguel Carcaño, está cumpliendo condena en Herrera de la Mancha. Ha dado casi una decena de versiones diferentes sobre los hechos. Ni ha tenido ni tendrá permisos, al menos hasta que cumpla tres cuartas partes de la condena de 21 años y tres meses. Los padres de Marta, desde la lucidez que en ocasiones deja el dolor, cuando hablan sentencian. «La esencia del mal está en Miguel Carcaño», señala Eva Casanueva. «Si me hubiera cargado a Miguel, ya estaría en la calle», señaló el padre.