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Zona Franca de Cádiz, todo un privilegio en un enclave estratégico

La institución nació en 1929 con el objetivo de fomentar la actividad socioeconómica de su área de influencia. Hoy es el motor de desarrollo de toda la provincia

En todas las publicaciones referentes a la Zona Franca de Cádiz y sus orígenes se destaca que la historia de la institución gaditana es la historia del último siglo de vida de la ciudad de Cádiz. En los años 20 del siglo pasado la situación en la que se encontraba la capital, con problemas de paro, pobreza y una intensa crisis económica en general, era tan grave que en junio de 1929, tras las peticiones realizadas por los responsables municipales gaditanos al Gobierno de España para aliviar en parte esa situación, se concedió a la ciudad, por Real Decreto, la Zona Franca con el objetivo de «fomentar el desarrollo socioeconómico de su área de influencia». Cádiz ya contaba con un antecedente: el Real Decreto del rey Fernando VII de 21 de febrero de 1829, otorgando el Puerto Franco a la ciudad.

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La concesión de la Zona Franca a la capital gaditana no solventó el problema y el proceso para que aquella entidad comenzara a funcionar fue largo y difícil, con numerosas trabas, trámites burocráticos y duros trabajos que llevaron años después a la constitución física del recinto fiscal en el lugar que hoy lo conocemos, con un suelo ganado al mar de la bahía de Cádiz.

Tras la aprobación de los estatutos en 1933, ya en los años 40, y para configurar físicamente la Zona Franca, se contrató al ingeniero de caminos sevillano José Ochoa Benjumea, que diseñó un proyecto de un nuevo puerto y una zona industrial de gran calado en una zona de la bahía situada en las afueras de la ciudad.

Los trabajos de relleno, con material traído de la cantera de El Berrueco, en Medina Sidonia, dieron empleo a numerosos ciudadanos de la capital y a otros venidos de diversos puntos de la provincia. Según los testimonios de antiguos trabajadores, la tarea de configurar el recinto fiscal fue especialmente dura, con escasez de medios, condiciones laborales poco beneficiosas y sujetos a las inclemencias del tiempo, con temperaturas extremas, influencia de las mareas y humedad.

La Zona Franca de Cádiz quedó así configurada físicamente como un recinto acotado dentro de la ciudad. Una zona delimitada con ventajas aduaneras y fiscales en la que las empresas instaladas no liquidan derechos arancelarios a las mercancías depositadas en ella o a determinadas actividades industriales, entre otros beneficios. El proceso de despegue industrial y empresarial fue sumamente lento. Las obras de construcción de la zona franca física culminaron a mediados de los años 50 del pasado siglo y poco después se construyó la central térmica, que comenzó a funcionar en 1956, convirtiéndose en el emblema de la Zona Franca. Fue precisamente al final de esta década cuando empezaron a asentarse en el recinto las primeras empresas.

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Desde sus inicios, la actividad estuvo estrechamente vinculada al comercio exterior y siempre ha ejercido de nexo de unión con empresas y entidades de Iberoamérica, convirtiéndose por su experiencia y situación privilegiada en un verdadero referente para las zonas francas del otro lado del Atlántico.

La entrada de España en la Unión Europea en 1986 supuso un antes y un después en la forma de trabajo de la institución, que tuvo que amoldarse a la nueva manera de hacer comercio y diversificar su actividad para ofrecer a las empresas otros atractivos a la hora de instalarse en sus suelos. De esta forma, la Zona Franca se fue adecuando a los nuevos tiempos y en 1998 se llevó a cabo una modificación de los estatutos, con el objeto de permitir la extensión de sus actividades fuera del recinto fiscal, al que hasta entonces estaban limitadas.

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Actualmente, en pleno siglo XXI, y aunque Cádiz sigue siendo el epicentro de la actividad económica y empresarial del Consorcio, la Zona Franca ha ampliado su radio de acción y ha ejecutado proyectos en distintos municipios de la provincia, creando una amplia oferta de instalaciones que van desde centros de negocio hasta viveros de empresas, pasando por naves industriales y parcelas.

El centro neurálgico

El recinto fiscal funciona como el centro neurálgico de la Zona Franca de Cádiz. A los 330.000 m2 de superficie que tiene desde sus orígenes hay que añadir 150.000 m2 más desde marzo de 2016, fecha en la que el Ministerio de Hacienda autorizó la ampliación del recinto. Esta ampliación era sumamente necesaria debido a que el recinto primigenio está colmatado prácticamente al 100%. En el suelo gaditano perteneciente al Consorcio comparten espacio empresas dedicadas al comercio exterior y la logística y actividades tradicionales, con los edificios de oficinas que ofrecen servicios para las pymes.

Las ventajas aduaneras y fiscales, tan beneficiosas para las industrias tradicionales dedicadas a las operaciones de comercio internacional, se dan la mano con los servicios añadidos propios de los centros de negocio, además de la oferta de restauración y guardería infantil que ofrecen un beneficio añadido para las empresas instaladas.

Hoy por hoy, la bahía de Cádiz puede preciarse de contar con una gran Zona Franca, un foco empresarial e industrial de primer nivel para la captación de inversiones, aportando nuevos espacios productivos con ventajas aduaneras y fiscales que favorecen la implantación de nuevas empresas y, por tanto, ayudan al desarrollo económico de su área de influencia. Actualmente operan en el recinto fiscal más de 250 empresas, con 2.500 empleos directos y 3.000 indirectos, incidiendo de forma directa en el desarrollo de la actividad económica de la ciudad de Cádiz y de los municipios de su entorno.

Aunque el suelo de la capital gaditana, como embrión, sigue siendo el referente de la Zona Franca, la ampliación y expansión a otras poblaciones de la provincia está consolidando una nueva y gran Zona Franca, que sin duda será a corto plazo el primer polo productivo de la provincia.

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La Zona Franca es actualmente un auténtico motor de desarrollo en toda la provincia. Ha configurado una potente infraestructura industrial y empresarial y ha sabido aprovechar las sinergias de Cádiz, su situación estratégica y el potencial logístico que supone contar con entidades como el puerto de Algeciras, el puerto de Cádiz y el aeropuerto de Jerez, que dibujan un triángulo logístico capaz de captar parte de los flujos comerciales de América y Asia hacia la Unión Europea, con el fin de generar la actividad que garantice la captación de inversiones industriales y proyectos empresariales que fomenten la actividad y el empleo.

En sus casi 90 años de historia, la Zona Franca de Cádiz ha recorrido un duro camino, con años de trabajo que han dado sus frutos y le han proporcionado una valiosa experiencia, convirtiendo a la institución en una herramienta eficaz para el fomento de la actividad económica de la provincia, creando las condiciones y los espacios productivos aptos para la implantación de empresas, configurando un modelo de desarrollo que siente las bases de la industrialización del territorio y fomente la creación de riqueza y empleo.