Barcelona cobrará 71 euros por cada bici y moto compartida que ocupe la calle

La modificación de las ordenanzas fiscales prevé regular esta actividad y limitar a 6.000 las licencias disponibles.

La modificación de las ordenanzas fiscales prevé regular esta actividad y limitar a 6.000 las licencias disponibles.

El pleno municipal, celebrado ayer, se saldó sin grandes sobresaltos y algunos acuerdos mayoritarios inéditos en estos tiempos. Así, el gobierno de la alcaldesa Ada Colau aprobó de forma provisional una nueva tasa para las empresas de bicicletas y motos compartidas («sharing») que ocupan la vía pública. También se dio luz verde, a título póstumo, entregar la Medalla de Oro de la Ciudad de Barcelona a Montserrat Caballé, o la despedida del concejal de ERC, Albred Bosch, para ocuparse de la conselleria de Exteriores. Y todo esto con el Belén municipal ya instalado en la plaza de Sant Jaume que, como de costumbre, resulta difícil de comprender.

Así las cosas, la nueva tasa municipal, será de 71,51 euros por vehículo al año y recibió el apoyo de BComú, ERC, PSC; la abstención del PP y el voto en contra de Pdecat, Cs y la CUP. La aprobación definitiva se prevé en el pleno de enero de 2019. El primer teniente de alcalde, Gerardo Pisarello, defendió la tasa por «grabar las empresas que hacen negocio con el aparcamiento en la vía pública». Desde ERC, Jordi Coronas señaló que «quien hace negocio en el espacio público tiene que devolver el beneficio a la ciudad en tributos», pero pidió concretar la regulación de un sector que puede contribuir a reducir la contaminación y el tráfico. Montserrat Ballarín (PSC) dijo que la tasa servirá para «poner orden» pero pidió al gobierno municipal que dialogue con el sector, que ha expresado rechazo a la medida. En la misma línea se expresó el popular Xavier Mulleras, quien reprochó la ausencia de una regulación general del sector en lugar de una tasa. El gobierno prevé limitar a unas 3.400 las motos compartidas (ahora hay 2.325) y a 2.550 las bicicletas (ahora hay 1.500). Los votos en contra de Pdecat, CUO y C’s se fundamentaron precisamente en esa falta de regulación.

A propósito de la Medalla de Oro hubo acuerdo mayoritario e incluso el PSC pidió que se incorpore al nomenclátor de la ciudad tanto el nombre de Montserrat Caballé como el de Freddie Mercury. En concreto, proponen dedicarles el parque que se hará en la plaza de las Glòries porque consideran que la ciudad tiene «una deuda pendiente» con ellos para «todo lo que representaron».

Colau, en cualquier caso, tiene pendiente la negoaciación de los presupuestos municipales. Al respecto, Colau señaló que necesita un «margen que depende muchísimo de que se aprueben los estatales», motivo por el que no tiran la toalla y seguirán insistiendo en la importancia de que se aprueben. Así respondió a a preguntas del líder municipal del PP, Alberto Fernández, quien criticó que parece que Colau renuncia a presentar una propuesta de cuentas municipales si no hay Presupuesto en el Estado, y le advirtió de que «su obligación» es presupuestar unos Presupuestos municipales. Colau aseguró que no quieren prórrogas presupuestarias ni en Estado, Generalitat ni Ayuntamiento, pero que «en la actual coyuntura, al que menos afectaría es a Barcelona», porque viene de unas cuentas expansivas y sociales, mientras que las del Estado vienen de un Presupuesto con recortes de un Gobierno del PP que no sólo era anticatalán, sino también antimunicipalista, según ella.

Lo cierto es que no fue el único encontronazo con el PP. De hecho, BComú, el partido de la alcaldesa, vetó la lectura en el pleno del Ayuntamiento de Barcelona de una declaración de condena contra los ataques y amenazas a representantes de los diversos poderes del Estado. Un texto propuesto por el PP, que pedía al Ayuntamiento que manifestara su «apoyo y respeto al Poder Judicial, la Fiscalía, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y el resto de instituciones encargadas de velar por la garantía del ejercicio de nuestros derechos y libertades, el apoyo a todas aquellas personas atacadas y que ven vulnerados sus derechos y libertades, así como la condena a los ataques que sufren».

Las despedidas del Ayuntamiento suelen conllevar una relajación de las formas en favor de las buenas palabras. No ocurrió asi con Bosch. Mientras el flamante conseller mostró su predisposición a «entenderse» con la alcaldesa, recibió los reproches de el concejal no adscrito, antes en ERC, Juanjo Puigcorbé, quien le reprochó una puñalada por la espalda tras «dejar profesión, casa y ciudad». Puigcorbé fue expulsado del partido después de que se filtrase un informe sobre posibles malos tratos a sus subordinados en la Diputación de Barcelona.