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¿Dónde está el Oscar de «1,2,3... Splash»?

Guillermo del Toro ganó el Oscar a mejor película con «La forma del agua», una réplica gótica de la genial comedia de los 80

  •  Sally Hawkins besando al amenazado pez bajo el agua
    Sally Hawkins besando al amenazado pez bajo el agua

Tiempo de lectura 4 min.

06 de agosto de 2018. 09:36h

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Carlos Sala.  6/8/2018

En «La bella y la bestia», la bestia acaba por transformarse en un hombre, un príncipe hermoso para homogenizar su historia de amor. En «Shrek» intentaron darle la vuelta a esta idea, pero el mensaje era el mismo. En esta ocasión era la bellísima princesa quien se transformaba, pero sólo para convertirse en un ogro horrible como él. De nuevo, el amor homogeniza, convierte a los dos amantes en lo mismo, tanto da si los une en la belleza o la bestialidad. No hay peligro de tener que aceptar el amor dentro de la diferencia.

Unos años después, James Cameron intentó poner algo nuevo en el género de amores en la diferencia. En su caso, estamos hablando de «Avatar», hizo que un hombre viviese temporalmente dentro de un avatar de sí mismo como una gigante criatura azul. Aquí la idea era más «Pocahontas» que «La bella y la bestia», pero el resultado era el mismo. El hombre se enamoraba de una criatura azul y la película terminaba con un árbol mágico que le permitía ser siempre un monstruo azul para estar con ella.

Como vemos, el patrón siempre es el mismo. La cultura popular, basada en la aceptación de las masas, necesita mandar un mensaje de homogenización, de transformación de todos en un mismo monstruo. Incluso cuando el amor a la diferencia está permitido, tipo «Máscara», el joven deformado sólo puede encontrar el amor en una chica ciega, porque ya se sabe, la belleza está en el interior sobre todo si no ves.

Incluso en la cúspide de estas películas, en la aclamada y multipremiada «La forma del agua», otra historia de amor a lo diferente, ella, una genial Sally Hawkins, acabará la película... (y aquí hay que avisar que lo que sigue es un spoiler y nadie que no haya visto la película y quiera verla debería seguir leyendo)... confirmando que no es una mujer, sino una especie de pez antropomórfico hembra, como el monstruo, lo que justificará que se haya sentido atraída por él. Otra vez, el amor sólo es apto si homogeniza. Ninguna de estas historias tienen un mensaje que no sea conservador, cerrado y excluyente.

La única historia dentro de este género de amor a lo diferente es una de esas comedias tontas de los ochenta que todo el mundo mira ahora con condescendencia. Sin embargo, es sin lugar a dudas la película con un mensaje más brutalmente progresista y valiente, que no busca en ningún momento igualar a los amantes, sino que defiende a ultranza la posibilidad de que el amor a lo diferente no sólo es posible, sino el más maravilloso. Estamos hablando de «1,2,3,... Splash», la película que en 1984 lanzó las carreras de Tom Hanks, Daryll Hannah, y su director debutante, Ron Howard. Por primera vez en la historia de la cultura pop, la película acaba con los dos juntos sin tontas transformaciones, siendo ellos conscientes de los problemas que tendrán que asumir al ser seres diferentes, pero apostándolo todo a que merece la pena intentarlo. Ella lo lleva al fondo del mar, besándole constantemente para darle aire y permitirle acompañarla.

¿Dónde está el Oscar de «1,2,3... Splash»?

El paralelismo entre las dos películas es obvio. En laprimera imagen vemos a Tom Hanks besando a Daryll Hannah, la sirena, bajo el agua. En la segunda imagen vemos a Sally Hawkins basando al amenazado pez bajo el agua. Las dos películas acaban completamente iguales, con una diferencia, en «Splash» Hanks nunca se convierte en sirena, pero en la película de Guillermo del Toro sí

¿Dónde está el Oscar de «1,2,3... Splash»?
Parece una réplica gótica

Los paralelismos entre esta comedia y «La forma del agua» son asombrosos, tanto que esta última sólo parece una réplica gótica. En ambos casos nos encontramos con un protagonista con una infancia misteriosa, que ha topado con uno de estos seres marinos pero que no lo recuerda. Los dos, ya en su madurez, se toparán con el monstruo, se enamorarán, y tendrán que arriesgarlo todo, incluso enfrentarse a maléficas instituciones gubernamentales, para poder vivir juntos. Incluso en los dos casos idearán un plan para robar al monstruo de su encierro político. Perseguidos por policías, militares y demás, en las dos películas nos encontraremos a las dos parejas en unos muelles en una emotiva escena final. Tanto Tom Hanks como Sally Hawkind dudarán, tendrán miedo, pero acabarán por arriesgarlo todo y lanzarse al mar. El único problema es que Guillermo del Toro no fue valiente para no colocar esa explicación fantástica de que ella también era una especie de ser marino.

Uno de los momentos clave de la película de Ron Howard es cuando el hermano de Tom Hanks le insiste en que no rechace a la sirena. «Con que la gente se enamora cada día, eh. ¿Eso es lo que has dicho? Pues eso es una mierda. No funciona así. ¡Te das cuenta de lo feliz que eras con ella! Eso es, claro está, cuando no te volvía loco. ¡Venga! Algunas personas no serán nunca tan felices. Yo nunca seré tan feliz. Pero para qué hablo contigo. Tú no sabes nada». No hay forma más simple de reivindicar la verdad del amor.

El guión de «Splash» estaba firmado por Babaloo Mandel, Lowell Ganz, y el escritor Bruce Jay Friedman, genial autor posmoderno de novelas como «Stern» (La fuga) o «Besos de madre» y que también firmó el guión de otras comedias brillantes como «Locos de remate». Su toque se deja ver en toda la película. Quizá, de manera inconsciente, esta historia se quedó infiltrada en la cabeza de Guillermo del Toro. Si es así, no hay problema, puesto que su cinta merecía ese Oscar. Sólo que en-tonces «Splash» merecía el suyo.

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