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Joyas que fotografiar más allá del modernismo

Joan Busquets presenta «Joies de l'Arquitectura catalana contemporània» donde reúne 115 nuevos iconos arquitectónicos.

  • Los edificios Trade. Obras de Josep Antoni Coderch y Manuel Valls Vergés de 1965 y 1969
    Los edificios Trade. Obras de Josep Antoni Coderch y Manuel Valls Vergés de 1965 y 1969
Barcelona.

Tiempo de lectura 5 min.

19 de marzo de 2018. 08:01h

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Barcelona. 19/3/2018

En la esquina de las calles Collblanc con Progrés se levanta un extraordinario edificio. Muchos no lo ven, muchos vecinos incluso lo niegan, «no hay nada extraordinario aquí», dicen. Hay quien afirma que parece un edificio invisible, poque está tan integrado dentro de un barrio masificado del entorno metropolitano que nadie se percata de su presencia. Es la Casa Pons y en el año 1933, cuando acabó su construcción, fue bautizado como «el rascacielos de Collblanc». Su importancia es tal que incluso fue el primer edificio de la ciudad en tener ascensores, algo imprescindible para sus doce plantas.

No hay turistas a su alrededor fotografiándolo, como ocurre con los iconos del modernismo. Tampoco se disponen postales con su figura en los quioscos de las Ramblas, pero está declarado Bien Cultural de Interés Local y hoy sigue siendo un emblema de L'Hospitalet de Llobregat. «En su tiempo fue el edificio más alto del área metropolitana. Fue una construcción emblemática, peroque después quedó algo diluida dentro del crecimiento que llegó con la posguerra», escribe el arquitecto Arcadi Pla i Masmiquel,

Éste es uno de los 115 edificios y construcciones que reúne el impresionante volumen «Joies de L'arquitectura catalana contemporània», que edita Enciclopèdia Catalana. Joan Busquets coordina un exhaustivo trabajo que recupera lo más destacado de la nueva arquitectura de los años 20 a la actualidad, una historia que reivindicar que va del edificio Mies van der Rohe a los primeros trabajos del estudio RCR, formado por Ramon Vilalta, Carme Pigem y Rafael Aranda, ganadores en 2017 del premio Pritzker, el Nobel de la arquitectura. «Podríamos decir que la arquitectura moderna catalana, en conjunto, puede ser vista con un esplendor comparable a la arquitectura modernista, planteada muy a menudo como una especie de edad de oro. Sin embargo ésta, por muy emblemática que sea, no tuvo la capacidad de dar respuestas más allá de las demandas de las clases dominantes del momento. La espectacularidad actual de la arquitectura contemporánea es más diversa, pero sobre todo está en camino de aportar soluciones al conjunto de la sociedad», asegura Busquets, arquitecto, urbanista y catedrático de Harvard.

El volumen, que cuenta con textos y selecciones, entre otros, de Lluís Domènech i Girbau, Albert Fuster, Julio Garnica, Eulàlia Gómez Escoda, Pere Joan Ravetllat y Carme Ribas Seix, es una especie de canon de la nueva arquitectura, que pasa por el racionalismo, el Gatcpac (Grup d'Arquitectes i Tècnics Catalans per al Progrès de l'Arquitectura Contemproània), el Grup R comandado por Oriol Bohigas, hasta llegar a los nuevos creadores y su visión más orgánica e integrada con el entorno. «La arquitectura catalana atraviesa un gran momento y sobre todo tiene un extraordinario futuro, al haber conjugado las influencias internacionales con la tradición local», señala Busquets en una entrevista con LA RAZÓN.

La lista es muy significativa. Nos tropezamos, por ejemplo, con ediificos que pueden pasar fácilmente desapercibidos en una primera visita por la ciudad, como la «Casa de la Marina», de Josep Antoni Coderch y Manuel Valls Vergés, una construcción en un solar de reducidas dimensiones, 158 metros cuadrados en la Barceloneta, pero cuya fachada, alternando cerámica rojiza y persians de fulgor blanco la convierten en, sí, una auténtica joya visual y funcional a un tiempo hasta el punto de provocar pequeños suspiros involuntarios. «La gran tradición catalana se beneficia de sus grandes maestros y escuelas, que marcan una manera de hacer que, a parte de la lógica diversidad de sus diferentes arquitectos, sí crean una forma de presentarse al mundo», señala Busquets.

El libro se divide por ejes temáticos, de edificios institucionales a viviendas unifamiliares, colectivas, equipamientos locales, generales hasta arquitecturas de espacio libre o edificios de uso mixto. Así, nos podemos encontrar con emblemas como la Casa Bloc, esa maravilla ideada por Josep Lluís Sert, Josep Torres Clavé y Joan B. Subirana en Sant Andreu en 1932 y que ha sido rehabilitada y abierta al público por el Ayuntamiento en los últimos años. Como explica el libro, Sert invitó a Le Corbusier a Barcelona de 1928 al 32 y en la última de estas visitas los dos se reunieron con Francesc Macià, presidente de la Generalitat, dejando claro que la Generalitat republicana apostaba con fuerza por la nueva arquitectura racionalista. A partir de aquí, llegó el encargo de un bloque de edificios para hacer frente a las demandas de vivienda de la clase obrera que daría pie a Casa Bloc, una maravilla que incluyó 200 viviendas de 60 metros cuadrados y que también posibilitaron espacio para escuelas, bibliotecas, economatos, incluso instalaciones deportivas en los espacios libres del patio.

Por supuesto, Busquets recvonoce que limitarse a 115 «joyas» ha hecho que la selección haya sido un «auténtico dolor de cabeza», pero lo que no pued enegarse es que los que sí han pasado el corte lo han hecho con toda justicia. Como esa, sí, «joya» que es la Casa a la Clota, maravilla de Enric Miralles y Benedetta Tagliabue al pie del turó del Carmel, cerca de la Vall d'Hebron. La pareja de arquitectos rehabilitó entre 1997 a 1999 uniendo dos pequeñas casas ya existentes para conformar, a partir de su parcela ajardinada, en una única vivienda. «Consiguen crear un mundo ilusorio, lleno de luz y de espacios que caracolean por todo los rincones», escribe Lluís Donènech i Girbau.

Un futuro prometedor

Para Busquets, la arquitectura no se librará nunca de los llamados «arquitectos estrellas», simplemente porque «los medios de comunicación prefieren a los arquitectos mediáticos, que destaquen y en eso la televisión ha tenido mucha influencia», pero este volumen pretende, sobre todo, mostrar mucho más que grandes postales. Incluso en su voluntad está ser lo más representativos posibles territorialmente. Así, el libro tanto nos puede hablar de diseños de gente como el Grupo R, con Oriol Bohigas y Antoni de Moragas al frente; de la célebre Torre Agbar de Jean Nouvel o ulta visible Torre de Collserola de Norman Foster, una estrucutra esvelta, basada en un fuste central de hormigón armado de 4,5 metros de diámetro que se eleva 288 metros sobre los 445 metros que ya se eleva la montaña del Tibidabo. Como de construcciones igual de impresionantes de nombres no tan conocidos como las «Viviendas Raval del Pallol», del equipo Varis Arquitectes en Reus, un auténtico eje vertebrador de un barrio que ha transformado la manera de vivir y relacionarse de sus vecinos.

El libro dibuja claramente el cambio que vivió Barcelona y el área metropolitana con la irrupción de los Juegos Olímpicos, «un impacto mayor que el que tuvo la exposición universal de 1888 y en la que el arquitecto dejó de pensar en el edificio objeto y se centró en el edificio que hace también ciudad», concluye Busquets, para quien la arquitectura no sólo es pasado, sino que es futuro.

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