Puig descarta que la CUP invista ahora a Mas y sitúa el desenlace tras el 20-D

El conseller de Empresa y Empleo, Felip Puig, en una imagen de archivo
El conseller de Empresa y Empleo, Felip Puig, en una imagen de archivo

Tenía que ser Felip Puig –y no otro– el primer dirigente de Convergència en protagonizar una embestida en público contra la CUP. El titular de Empresa y Ocupación, un peso pesado de CDC que agota sus días como conseller (ERC y la CUP piensan vetar su presencia en el futuro Govern), ofreció ayer un crudo diagnóstico de las conversaciones que existen en estos momentos para alcanzar un pacto de gobernabilidad. «No creo que haya investidura ni el 9 de noviembre en primera votación ni el 11 de noviembre en segunda», afirmó Puig durante un coloquio con empresarios organizado por ESADE en el monasterio de Sant Benet de Bages.

Puig se dejó ir en sus valoraciones sobre la CUP después de tres semanas en que ningún dirigente de Convergència se ha atrevido a lanzar ningún tipo de crítica contra la formación anticapitalista. El conseller de Empresa, en cambio, defendió que Junts pel Sí se plante ante la CUP y no abra paso a todo su ideario de desobediencia y de combate contra las grandes empresas. «No estamos en condiciones de aceptar según qué planteamientos de la CUP. Me cuesta pensar que con la CUP podremos pactar un modelo de gobernanza», consideró Puig.

El conseller se refirió de esta forma a la dificultad de consensuar, por ejemplo, una política económica. «El modelo económico de Junts pel Sí y de la CUP son muy diferentes, en algunos aspectos incompatibles», advirtió. Y añadió: «Yo ya he transmitido que me parece que hay algunas líneas rojas que nosotros no podemos cruzar».

Las dudas expresadas por el dirigente de Convergència reflejan con exactitud el laberinto donde se sitúan en estos momentos las conversaciones entre Junts pel Sí y CUP. En opinión de Puig el Govern va a tener que seguir en funciones «al menos dos meses y medio o tres» o, dicho de otra forma, hasta después de las elecciones generales del 20 de diciembre.

El 9 de noviembre es la fecha límite para convocar la primera votación de investidura del presidente de la Generalitat y el 11 de noviembre es la siguiente. En el caso de que las dos concluyan sin mayoría (ni absoluta ni simple), el Parlament abriría un plazo de dos meses para seguir explorando la posiblidad de una investidura. Puig se sitúa en este último escenario y considera que las elecciones generales pueden abrir nuevas posibilidades de pactos en el Parlament o incluso puede llegarse a la conclusión de que es necesario volver a llamar a los catalanes a las urnas.

ERC, en cambio, mostró su esperanza en que Junts pel Sí y la CUP puedan sellar un acuerdo de gobernabilidad antes del 20-D.