Política

Ensayo

Veinte años en busca de un fármaco contra el cáncer

Marie-Eve Beaulieu y Laura Soucek en el laboratorio del VHIO donde trabajan para encontrar un fármaco contra el cáncer
Marie-Eve Beaulieu y Laura Soucek en el laboratorio del VHIO donde trabajan para encontrar un fármaco contra el cáncerlarazon

Laura Soucek y Marie-Eve Beaulieu cuentan cómo han creado un medicamento que frena un tumor de pulmón en ratones

El primer día de primavera, las investigadoras Laura Soucek y Mari-Eve Beaulieu del Vall d’Hebron Instituto de Oncología (VHIO) publicaron en la revista «Science Translational Medicine», su último avance para desarrollar un fármaco que puede ser eficaz contra la mayoría de cánceres. Un estudio donde demuestran haber tratado con éxito y sin efectos secundarios tumores de pulmón en ratones de laboratorio. El jueves, su laboratorio era las ramblas, cámaras de televisión, fotógrafos y periodistas haciendo preguntas. «¿Estamos ante una posible cura para el cáncer?», les insisten. «Esta es nuestra esperanza», responde Soucek. Pese al revuelo que ha despertado la publicación de su último trabajo, su hallazgo no es flor de un día. Se puede decir que las dos llevan toda una vida persiguiendo el sueño de encontrar un remedio contra el cáncer. Aunque con conciencia y determinación, Soucek lleva concretamente 20 años, que se dice rápido, estudiando cómo inhibir la proteína MYC una molécula clave para que las células cancerígenas se puedan reproducir.

Soucek y Beaulieu descubren charlando sobre cómo han llegado a curar un cáncer de pulmón a un ratón con un medicamento inventado por ellas que las dos fueron niñas muy curiosas. «Yo nunca superé la fase en la que los niños preguntan por qué, me fascina todo», dice Soucek.

Soucek optó por estudiar Biología. «Tenía interés en el cáncer, me parece la enfermedad del siglo y esencial atacarla». Así es como conoció a MYC, una proteína que se encuentra en el núcleo de todas las células y que facilita su reproducción. En las células normales, se utiliza temporalmente cuando crecemos o cuando se cierra una herida. Pero en las células cancerígenas, MYC está alterada y se utiliza constantemente para multiplicarse. «Las células cancerígenas se comportan como atletas, siempre están corriendo, van revolucionadas. Pero si inhibimos MYC, las células se mueren de hambre. Además, MYC también es responsable de que las células tumorales sean invisibles a los anticuerpos. Al inhibirlo, descubrimos que los soldados del sistema inmunitario corren hacia el tumor y ayudan a eliminarlo», resume Soucek.

Esto lo sabe ahora. Pero cuando era estudiante y dijo que quería bloquear a MYC, le replicaron que era imposible, porque también está en las células sanas y podía dañarlas. Y porque está en el núcleo de la célula donde es difícil que llegue un fármaco. «Se equivocaban», dice Soucek. «Donde otros veían algo imposible, yo veía dificultades técnicas que se podían resolver».

Tiró adelante con su tesis y acabó diseñando Omomyc, la proteína que bloquea a MYC. Tiene un tamaño un poco más grande que otras moléculas y encaja a la perfección con MYC. Empezó con la tesis en 1996. Cinco años después, se fue a San Francisco. En los Estados Unidos, había dinero para investigar y un profesor que no la desanimó cuando propuso probar Omomyc en animales. En 2008, publicó los resultados en la revista «Nature». Y Beaulieu la descubrió. Se econtrarían más tarde, después de que Soucek aceptara una oferta de Josep Baselga para dar otro paso y hacer investigación traslacional en el VHIO, o sea, trasladar a la práctica clínica los hallazgos del laboratorio. Esto fue en 2011, en plena crisis económica.

Piezas complementarias

Soucek tenía el antídoto contra MYC, pero no sabía cómo llegar al núcleo de la célula. Y en una conferencia en Quebec descubrió a Beaulieu, la pieza que le faltaba para desarrollar un fármaco. Ellas son como MYC y Omomyc dos piezas complementarias en el desarrollo de un posible fármaco contra el cáncer. Sin saber ni una palabra de español, Beaulieu lo dejó todo y se fue. Era la persona que faltaba en un equipo con argentinos, ingleses, índios y españoles. Una experta en proteínas, capaz de encontrar la fórmula para que Omomyc llegara al núcleo de la célula. Lo logró. Están pletóricas. Aunque llegar aquí no ha sido fácil. «Es frustrante recibir mails de personas enfermas que buscan una cura para su cáncer y no poder ayudarlas», dice Soucek.

Para poder desarrollar el fármaco han creado la compañía Peptomyc. Tras demostrar en ratones que Omomyc frena la enfermedad y la revierte, en 2020 arrancará la fase 1 de ensayos en pacientes que demostrará si es seguro. Si va bien, se pasará a la fase 2, donde se valora la eficacia. Son las fases más delicadas porque requieren de inversión privada. Ellas cuentan con la ayuda de Worldwide Cancer Research, la Comisión Europea, el Instituto de Salud Carlos III, la Fundación BBVA y FERO. Antes de comercializar el fármaco, quedará la fase 3.

Aunque en el estudio publicado, han probado su fármaco en cáncer de pulmón, tienen otros experimentos en marcha con tumores de mama, cerebro y melanoma. Llevan media vida persiguiendo un sueño, vencer al cáncer, y van a seguir hasta verlo hecho realidad.