El casero, haciéndose pasar por Adriana: «He conocido al hombre de mi vida, es magrebí»

El detenido estuvo presente en el registro de la «casa de los horrores» de Majadahonda, en el número 6 de la calle La Sacedilla, desde las 11 de la mañana –hora en que acudió el secretario judicial– hasta bien entrada la noche con un parón para comer.
El detenido estuvo presente en el registro de la «casa de los horrores» de Majadahonda, en el número 6 de la calle La Sacedilla, desde las 11 de la mañana –hora en que acudió el secretario judicial– hasta bien entrada la noche con un parón para comer.

Se despidió del hermano de la víctima por WhatsApp diciéndole que se iba a vivir a Francia con su nueva pareja

Las sombras que envolvían la desaparición de Adriana Gioiosa comienzan a despejarse. Su presunto asesino se llama Bruno Hernández Vega, tiene 31 años y los indicios contra él se acumulan a pasos agigantados. La hipótesis que manejan los investigadores es que el joven asesinó a su inquilina la noche del 30 de marzo al 1 de abril. Para elaborar su coartada y ganar tiempo, robó el móvil a su víctima, suplantó su personalidad y en los días posteriores comenzó a enviar whatapps a Eduardo Gioiosa, el hermano de su víctima, que vive en Buenos Aires. Se despidió de él para siempre. Le explicaba que había conocido al amor de su vida, un hombre magrebí del que se había enamorado, y que se iba a vivir con él a Francia. Eduardo la llamó desconcertado, pero a pesar de estar «en línea», ella, que en realidad era Bruno, no cogía. Le llenó el buzón del móvil con mensajes de voz tratando de lograr una explicación a su extraño comportamiento. Sin éxito.

El presunto asesino, para dar verosimilitud a sus mentiras, se montó en un tren con destino a Barcelona. Previamente había cargado al máximo la batería del móvil de Adriana. Buscaba engañar a la Guardia Civil. Si rastreaban el número a través de las antenas de telefonía móvil, lo acabarían localizando en la Ciudad Condal, lo que aparentemente sostenía la coartada como un paso previo a llegar a Francia. Sin embargo, los agentes, bregados en infinidad de casos, se dejaron los ojos buscando imágenes de Adriana en las cámaras de seguridad, pero para su sorpresa encontraron a Bruno, su casero. No es el único vídeo que le delata. También se le ve dejando una carta en el restaurante de comida rápida en el que trabajaba Adriana. «Es una sola hoja», comenta uno de los trabajadores, que prefiere no dar su identidad. «Decía que se despedía del trabajo voluntariamente y que no iba a regresar. Le daba las gracias a la empresa por lo bien que se había portado con ella y nos mandaba un saludo». Tal y como reveló ayer «Espejo Público», de esa carta había dos copias. Una, la que entregó en el restaurante y otra, en la que ensayó el texto, la hallaron los investigadores en la casa de Móstoles en la que Bruno vive con su padre, Juan Enrique, y su hermana. Cerca de ese domicilio también localizaron el Opel Zafira gris de Adriana. Bruno lo escondió allí para que la Guardia Civil no se preguntase por qué se había ido a Francia sin su vehículo.

Bruno tenía una nueva pareja

La noticia de la detención la conocieron los vecinos el domingo por la noche a través de este periodista. «¿Ha sido él? Yo lo he visto en las noticias, pero jamás pensé en Bruno», comenta una mujer. Hay nervios, alguno se frota los ojos incrédulo: «¿Estás seguro?», otros se llevan la mano a la boca aterrorizados por lo que les podría haber pasado a ellos. Según va calando la noticia, van encontrando sentido a lo ocurrido. Cuentan que desde que se había emparejado con una joven rubia madre de una niña parecía más calmado. «Ella también es un poco rara, pero no se mete con nadie», explican. Sin embargo, la semana anterior a Semana Santa volvieron los gritos invocando a Lucifer, la música satánica y la quema de papeles e inciensos. «Mi mujer me dijo: “A éste le ha vuelto a dar el ataque”». Tenía razón. Días después desaparecía Adriana Gioiosa, su inquilina.