El infierno sin taxis

Desde las 6 de la mañana de ayer hasta esa misma hora de esta mañana, encontrar un taxi en la capital se ha convertido en una auténtica misión imposible. Muchos por convencimiento propio y, otros, por miedo a los piquetes, el cien por cien de los taxistas madrileños –los 15.500, según los datos de las principales asociaciones del sector– aparcaron sus vehículos como protesta contra la implantación de una aplicación para móviles, que, seguran, amenaza con poner «en serio peligro su medio de vida».

La huelga dejó una estampa atípica de las calles de la ciudad, donde los coches de la franja roja sólo se vieron en una manifestación que recorrió la Castellana y que dejó boquiabierto a más de un usuario que, a pesar de afanarse por levantar la mano para llamar la atención de los taxistas, veía cómo uno a uno todos pasaban por delante sin parar. Ajenas a la protesta, Carmen e Isabel esperaban uno de estos vehículos ayer por la mañana frente al Hospital Fundación Jiménez Díaz: «Vaya faena, hoy todo va a ser un caos sin taxis, deberían establecer algún tipo de servicios mínimos», opinaba Carmen tras ser informada de la existencia de la huelga. «Pues a mí me parece bien que luchen por sus derechos», discrepaba Isabel de la opinión de su amiga mientras ambas se encaminaban, resignadas, hacia la parada del autobús urbano. Fuentes del sector aclararon que «los servicios mínimos como asistencia domiciliaria y servicios de urgencia» se respetaron durante toda la jornada.

Luis Caballero es un taxista madrileño que lleva 30 años en el oficio: «en San Francisco esta aplicación prácticamente se ha cargado a los taxis», valoró preocupado. «Esto no es una protesta de los taxis madrileños, es a nivel europeo» indicó acertadamente, puesto que las jornadas de huelga también fueron convocadas y masivamente seguidas en capitales del Viejo Continente como Londres, Roma, París o Berlín. «Nosotros tenemos que pagar una serie de impuestos y de licencias y seguir una estricta normativa y con esta aplicación cualquiera puede coger su vehículo y ponerse a realizar nuestro trabajo sin ningún tipo de garantía, ni permiso y sin saber, por ejemplo, en qué condiciones está el coche o cómo es el conductor, que no es un profesional», argumentó Luis en contra de Uber (que es como se llama la aplicación que ha desatado la polémica). Las medidas anunciadas por Fomento, que estipula una serie de multas tanto a usuarios como a conductores que prestan el servicio tampoco tranquilizan a este taxista, «¿cómo van a regularlo? Es que es muy difícil», mientras que también distingue entre este tipo de servicio y otras plataformas como la conocida de coches compartidos Blablacar: «No es lo mismo cobrar por un servicio que se realiza, como es Uber, contra lo que estamos en contra, que el hecho de que tú realices un viaje y decidas compartir gastos con alguien».

Son muchas las personas que se vieron afectadas por los paros en la capital, de distintas procedencias, oficios y con opiniones para todos los gustos. Un turista inglés se quejaba a la llegada a un hotel de que al no encontrar taxi ha vivido una odisea para llegar a su destino, puesto que no conocía las líneas de transporte público. Los visitantes fueron los peor parados ya que prácticamente ninguno de los viajeros que llegaban al aeropuerto a las principales estaciones de la capital sabían de la convocatoria de huelga y se encontraban con las paradas desiertas de taxis. Los paros pillaron desprevenidos incluso a algunos diputados del Congreso que se vieron afectados por la huelga y llegaron tarde a su escaño el día que se votaba la Ley de Abdicación. Otros ciudadanos, sin embargo, celebraban en las redes sociales «lo bien que se circula en un Madrid sin taxis».

Como consecuencia de esta huelga, Metro registró hasta un 3% más de usuarios que el miércoles pasado hasta las 16:00 horas. Un portavoz de la compañía explicó que, a pesar de todo, no había sido necesario incrementar el número de trenes y que la línea 8 (la que conecta las terminales del aeropuerto con Nuevos Ministerios) había sido la que mayor incremento de viajeros había sufrido. Los que sí tuvieron que disponer de más vehículos para atender la demanda provocada por la protesta de los taxistas fueron los responsables de la EMT. La empresa municipal aumentó un 50% su servicio de autobuses a Barajas. Además, añadió tres coches más, hasta llegar a 9, su servicio exprés al aeropuerto.