El principio del fin de los carriles-bici de Carmena en Madrid

Se trata de los tramos de Vinateros, Bulevares, Oporto y Niño Jesús. Algunos de ellos sólo reciben seis usuarios a la hora. Los ciclistas están dividos sobre su potencial utilidad y peligrosidad

El carril de Santa Engracia es uno de los que tiene mejor acogida: casi un ciclista por minuto / Foto: Cipriano Pastrano
El carril de Santa Engracia es uno de los que tiene mejor acogida: casi un ciclista por minuto / Foto: Cipriano Pastrano

Se trata de los tramos de Vinateros, Bulevares, Oporto y Niño Jesús. Algunos de ellos sólo reciben seis usuarios a la hora. Los ciclistas están dividos sobre su su potencial utilidad y peligrosidad.

Los carriles-bici inaugurados por Manuela Carmena en esta legislatura pasarán a mejor vida. Fuentes del Grupo Municipal del PP aseguran a LA RAZÓN que, de llegar a la Alcaldía, se cumplirá el programa por distritos anunciado en campaña por su candidato José Luis Martínez-Almeida. ¿Su promesa? Cuatro vías a eliminar: tres reversiones y una supresión que, a tenor de los populares, han causado más perjuicios que beneficios a los madrileños.

Una de las reversiones más destacables es la del reciente carril-bici de Camino de los Vinateros y la Avenida de Moratalaz, en el distrito homónimo. Una infraestructura que costó, según el PP, 3,5 millones de euros, que no obtuvo respaldo en el pleno de Moratalaz y que ha provocado el rechazo de muchos vecinos. Los datos de aforamiento de bicis, pertenecientes al Ayuntamiento de Madrid, señalaban que en los dos primeros meses de 2019 transcurrieron por la vía 12 ciclistas a la hora.

Otro de los compromisos es la reversión del carril de la Avenida de Oporto, que transcurre por sentido calle Mercedes Domingo y sentido Plaza Elíptica. Una vía que aún ha tenido menos acogida que la anterior: alrededor de seis usuarios a la hora.

También es reseñable la conversión de la actual vía del Eje de Bulevares. Se trata de uno de los carriles-bici más criticados por los grupos de la oposición. No sólo por los pocos ciclistas con los que cuenta –es uno de los más usados de la capital, con 24 a la hora–, sino por la poca seguridad que otorga a unos usuarios que deben convivir con los autobuses de la EMT y con el tráfico motorizado en un estrecho margen.

Por último, el PP planteará también la «supresión» del carril-bici de la calle del Conde de Cartagena, cerca del Niño Jesús, en el distrito de Retiro. Un proyecto ganador de los presupuestos participativos.

En líneas generales, y con datos pertenecientes a los dos primeros meses del año, en total circularon por los nuevos carriles alrededor de 511.677 usuarios.

¿Cuál es el sentir de los ciclistas ante estas inminentes decisiones? Las sensibilidades son distintas. «Es un error reducir las vías adaptadas a la bicicleta», afirma a LA RAZÓN Miguel de Andrés, responsable de ciclismo urbano de Pedalibre. Sí es cierto «que bastantes de las infraestructuras dejan que desear», al caer en «una falta de criterio y no ser lo suficientemente accesibles». Sin embargo, la capital «apenas tiene nada» más. De hecho, señala que, últimamente, sólo se han hecho 22 kilómetros de carriles. «Estamos viviendo una etapa inicial de la bicicleta en Madrid, y tenemos que hacerla lo suficientemente atractiva para que la pueda usar cualquier persona», asegura de Andrés. Sobre todo, que la gente «deje de usar el coche para trayectos de menos de seis kilómetros» y opten por las dos ruedas «como un medio de transporte posible y eficaz».

Y para lograr eso, aseguran en Pedalibre, «lo importante es crear redes ciclistas». Para la asociación, eliminar el carril de Vinateros sería una «barbaridad». «Es un enlace desde el anillo verde al centro de Madrid. Y es una infraestructura que sí que ofrece la seguridad necesaria». En cuanto al del eje de Bulevares, hay que tener en cuenta que hablamos de una zona fronteriza con otra sensible: Madrid Central. «Si se cambia ese carril-bici, se debería hacer de forma que goce de la accesibilidad que ahora no tiene: expone al ciclista a niveles de contaminación y estrés –los usuarios están entre el carril para coches y el carril-bus– que no le corresponden. Podemos repensarlos, pero no quitarlos».

Sobre la escasa acogida que tienen entre los ciclistas, De Andrés señala que el de la calle Santa Engracia «ha crecido un 275%, y el de Bulevares, un 45%. También el de la calle Toledo, o en vías ciclistas muy deficientes, como la de la calle Serrano». «La gente pide a gritos carriles-bici segregados del tráfico», apuntan desde la asociación. «Necesitamos más Vinateros, más Santa Engracias, más Yeserías y más Choperas. Más seguridad y percepción de seguridad».

Segregado, no

Opinión diferente es la que tiene la asociación Madrid Ciclista. Como dice su portavoz, Luis Ovalle, «en general, los carriles-bici en mitad de la ciudad son contraproducentes», por lo que les parece bien que se «reviertan los que están mal». De hecho, el criterio de Madrid Ciclista es la «oposición a que las bicis circulen segregadas por ciudad. Nos obligan a ir por la derecha y a girar en intersecciones, lo cual conlleva bastante peligro ya que los coches no te ven en los cruces. La segregación es una ventaja psicológica, pero no es real».

Así, el del Eje de Bulevares lo consideran «un absoluto desastre, muy estrecho, y en el que los propios autobuses tienen problemas de circulación, porque casi no caben por su carril». En cuanto a Vinateros, si bien «cuenta con intersecciones peligrosas, la calle mejora respecto a lo que había antes, aunque las condiciones para la bici no, que cuentan con un metro escaso de ancho». Sobre el de Avenida de Oporto, creen que «genera un problema donde antes no lo había: pasó de ser bidireccional para coches a ser unidireccional. Y bidireccional para las bicis. Los vecinos acabaron muy descontentos».

Con todo, desde Madrid Ciclista creen que, «si tienen que revertir, deberían empezar por el de la calle Alcalá, que se hizo durante la época del PP». Y es que hace un año, en dirección a la Plaza de Cibeles, falleció un usuario de BiciMAD tras ser atropellado por un camión.