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Las bandas latinas entran en el negocio de la droga en Vallecas

La Policía detuvo el viernes a tres Trinitarios en un «narcopiso» de Puente de Vallecas. Tiraban cubos con lejía a policías y vecinos que protestaban contra la proliferación de puntos de venta de estupefacientes.

  • Los toxicómanos a veces tratan de pagar sus dosis con algo robado
    Los toxicómanos a veces tratan de pagar sus dosis con algo robado

Tiempo de lectura 8 min.

19 de octubre de 2017. 13:26h

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Laura L. Álvarez 19/10/2017

Cuando las bandas latinas irrumpieron en Madrid, allá por 2004, la preocupación policial no sólo se centraba en la violencia que ejercían entre ellos. Los homicidios entre miembros rivales, las extorsiones para colaborar con los «coros» y las maneras de imponer su ley en los parques de barrio aumentaron de forma alarmante teniendo como víctimas a menores de edad en la mayoría de las ocasiones. Pero si la respuesta policial fue severa –hasta se creó un grupo específico en la Brigada de Información de Madrid para luchar contra ellos– también lo fue preventiva; es decir, sabían lo que había detrás si estos pandilleros se hacían fuertes. Aunque durante los últimos años se les creyó casi extinguidos, lo cierto es que los peores pronósticos de estos expertos en bandas se han cumplido. Ahora son parte del negocio de las drogas. Por diferentes motivos, la actividad delictiva de las bandas se ha duplicado, según ha alertado la Fiscalía de la Comunidad de Madrid en su último balance –un 127 por ciento más que en 2014– y ahora, muchos de ellos, se han convertido en mafias que mueven el tráfico de drogas en «narcopisos» de Puente Vallecas, el distrito por excelencia de estas bandas.

Los golpes policiales a los grandes clanes de la Cañada Real han trasladado de alguna manera el supermercado de la droga –que siempre habrá en algún punto de la ciudad– al distrito vecino. Así, estas mafias han encontrado un filón con los toxicómanos que ya no se trasladan a Valdemingómez y que en los últimos meses han copado las calles del barrio, para desgracia de sus vecinos. Consiguen el estupefaciente en estos pisos okupados –los latinos comparten negocio con subsaharianos– y muchas veces hasta lo consumen en el interior del inmueble. Este hecho, aunque los vecinos lo agradezcan, es un handicap para la Policía porque «necesitan» levantar actas de posesión de droga a la salida de una vivienda para poder conseguir el mandamiento judicial de entrada y registro al inmueble en cuestión y poder acabar con ellos. Pero tampoco dudan en consumir, orinar o defecar en plena calle y por el día. En cualquier lugar.

«Un día uno se metió en la oficina. Cuando le vi ahí pensé que era para pincharse pero qué va, estaba a ver si pillaba la caja», explican desde el local de enfrente, un taller de vehículos. «Dejas un coche con el capó abierto para arreglar lo que sea y, a la que te descuidas, ya te han cogido la llave inglesa para sacar alguna pieza y revenderla. Hasta el carricoche de mi niño se llevó un “yonqui” en cuanto me despisté un momento. Menos mal que me di cuenta enseguida y conseguí pillarle de una carrera».

«A mí me dan pena porque son enfermos, pero no puedo dejar que mi hija vea a una mujer, como pasó el mes pasado, defecando entre dos coches. Es que les da igual que haya un colegio aquí», comenta otra vecina que asegura que también se pelean entre toxicómanos y traficantes «porque a lo mejor un día no les venden o les deben dinero». Estas escenas han empujado a los vecinos a organizarse y, desde hace quince días, convocan caceroladas diarias frente a estos pisos. Unas protestas que poco han durado porque, desde el incidente del pasado viernes, se han dejado de hacer. Fue a eso de las 21:00 horas cuando una veintena de afectados se manifestaron ante el edificio de tres plantas okupado por unos traficantes en el número 23 de la calle Puerto Mano de Hierro. Los «inquilinos» decidieron disolver la concentración de la peor forma que se les ocurrió y comenzaron a arrojar desde una de las ventanas del piso superior cubos con amoníaco y lejía. Muchos lograron apartarse pero el líquido al final dio de lleno a dos jóvenes que comenzaron a sufrir un fuerte picor de ojos. Una ambulancia del Samur tuvo que acudir al lugar para atenderles y una de ellas ha sufrido daños en la córnea de un ojo. «Queratitis por abrasión y conjuntivitis», explican fuentes cercanas. La otra, que habló el martes con este diario, está leve. «En cuanto me cayó eso y olí lo que era me volví loca, lo reconozco. Empecé a golpear la puerta del portal como una loca. Uno de ellos me vio quien era y supo que había “metido la pata” porque a mí me conocen de sobra. Soy del barrio de toda la vida y nunca me han hecho nada porque saben a quien tienen que respetar. Lo habían hecho hasta ahora, pero es que ya nos tienen al límite y yo no sé cómo va a acabar esto», explica. En cuanto sucedió eso, llamaron a la Policía y, lejos de calmar los ánimos, los traficantes siguieron con su táctica. «Un cubo le cayó entero a uno de los agentes. Por eso entraron y se los llevaron detenidos», explica la otra víctima.

Todos con antecedentes

El policía también sufrió diversas lesiones por las que continúa en tratamiento. Los agentes se llevaron detenidos a los tres individuos responsables, que fueron arrestados por atentado contra agente de la autoridad y lesiones. «No suelen tener mucha droga en los pisos, por eso les sueltan enseguida», sostiene otra vecina. Los arrestados son dominicanos y pertenecen a la banda Trinitarios. Los tres tienen antecedentes por delitos contra el patrimonio, lesiones, riña tumultuaria y malos tratos en el ámbito familiar. Uno de ellos tenía prohibido la entrada en territorio Schengen por las autoridades suizas por lo que el juez autorizó su ingreso en el CIE de Aluche para su deportación a la República Dominicana. El pasado martes, según comprobó este diario, el edificio volvía a estar «activo».

La representante de estos vecinos, que ha hecho un inventario con las calles donde hay «narcopisos», se reunió ayer con la Junta de Distrito desde donde les aseguraron que iban a tomar medidas como, por ejemplo, retirar coches abandonados que utilizan para pincharse dentro. Desde Ciudadanos también han denunciado esta semana lel problema con el tráfico de dorgas en Puente de Vallecas.

Las 16 calles del nuevo Valdemingómez

Los vecinos tienen controlados los pisos que se han okupado para vender estupefacientes. Muchos, como el de la calle Puerto Mano de Hierro, son además lugar de consumo. Son 16 calles de la zona del Bulevar, San Diego, Monte Igueldo y Entrevías. En la calle Convenio, 40 también se meten a fumar base o inyectarse, pero hay pisos distribuidos por la calle Alfredo Castro Camba, Melquiades Biencinto, Puerto Alto, Emilio Raboso, Tomás García, José Serrano, Hachero, Argente o Quijada de Pandiellos. Como se ve en las imágenes de la izquierda, los toxicómanos campan a sus anchas, para asombro de los vecinos.

Además de broncas y problemas de insalubridad en la vía pública, les roban el agua y la luz, que la enganchan hasta del tendido eléctrico de la calle.

Pero lo más preocupante es que en algunos de ellos hay menores viviendo en el interior. Los pequeños presencian unas escenas y viven en unas condiciones que vulneran todos sus derechos sin que nadie haya hecho nada hasta ahora.

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