Madrid

Mayer hizo un contrato de «excepción» al asesor que fichó a los titiriteros

El Área de Cultura señala a Montserrat Galcerán como responsable de poner al frente de la programación del carnaval a Ramón Ferrer, que firmó un acuerdo «privado» por 5.699 euros

Celia Mayer junto a Inés Sabanés y Jorge García, en el pleno del Ayuntamiento la pasada semana
Celia Mayer junto a Inés Sabanés y Jorge García, en el pleno del Ayuntamiento la pasada semanalarazon

El Área de Cultura señala a Montserrat Galcerán como responsable de poner al frente de la programación del carnaval a Ramón Ferrer, que firmó un acuerdo «privado» por 5.699 euros

Cuando los titiriteros que presuntamente enaltecieron a ETA en el carnaval aún estaban en prisión, Manuela Carmena señaló a Celia Mayer y a la concejala de Tetuán, Montserrat Galcerán, como posibles responsables de un episodio –el de la representación de una obra infantil en la que, además de muertes y violaciones, se exhibió una pancarta con el lema «Gora Alka-ETA»– que ella misma calificó de «deleznable». Junto a la evidente participación del Área de Cultura, a través de Madrid Destino, en la confección del programa festivo, la alcaldesa dejó entrever que la máxima responsable del distrito que había acogido el carnaval también había incumplido su misión de controlar qué montajes se exhibirían finalmente. Pasados cuatro días, Carmena respaldó públicamente a Mayer y la ratificó en su puesto. Guardó, sin embargo, silencio sobre Galcerán.

Ayer, durante la comisión de Cultura y Deportes, el equipo de Mayer dejó aún más en evidencia a la edil de Tetuán. No fue Celia Mayer la encargada de dar las explicaciones respecto a lo sucedido en el pasado carnaval y delegó en su director general de Programas y Actividades Culturales, Jesús Carrillo. Éste fue muy claro: la Junta de Tetuán fue la que propuso el nombre de Ramón Ferrer como coordinador de la programación del Carnaval pese a que luego fuera el área de Cultura la que firmó el contrato con él. Ferrer es, hasta ahora, el único cesado por el polémico carnaval. Según el relato de Carrillo, en el mes de octubre se produjeron las primeras reuniones con los responsables y los técnicos del departamento de Cultura de la Junta de Tetuán. Fueron éstos los que «propusieron a Ramón Ferrer para el diseño de los contenidos por su larga experiencia en cultura vecinal y en trabajos comunitarios». A instancias de la junta de distrito, por tanto, Ramón Ferrer fue contratado. La fórmula empleada para que éste coordinase la programación no es, sin embargo, la habitual para estos casos. Jesús Carrillo detalló que se firmó un contrato privado por valor de 5.699 euros. Esto contraviene la vía habitual para este tipo de colaboraciones, formalizadas a través de un contrato de servicios. Carrillo se defendió a este respecto al asegurar que la contratación se llevó a cabo «según los procedimientos considerados oportunos y aprobados por la Intervención del Ayuntamiento». Carrillo, que antes de su llegada al consistorio era el jefe del departamento de programas culturales del Reina Sofía, añadió que el contrato privado es una figura habitual de contratación en los museos. En el caso de Ramón Ferrer se decidió realizarle un contrato privado como comisario por la «excepción artística». Carrillo dejó claro que en el futuro se utilizarán otros procedimientos más «adecuados» como, por ejemplo, un concurso de proyectos que en esta edición no ha podido llevarse a cabo por la «premura» con la que se ha organizado el carnaval. Tras la explicación de Carrillo, la concejala de Ciudadanos, Sofía Miranda, expresó sus dudas sobre el tipo de contrato y afirmó que éste debería haber sido de servicios ya que los privados se destinan a la creación e interpretación artística, no siendo éste el caso.

Ramón Ferrer, recomendado por Galcerán para la programación, fue candidato a vocal vecino por Ahora Madrid. Es además una persona de confianza de la concejala de distrito. Ésta encomendó a Ferrer el pregón de las fiestas del mes de julio y también ha colaborado y asesorado en el proceso de presupuestos participativos.