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Pisos francos y «telelata» en Malasaña

150 lateros se distribuyen estos días por el centro de la capital para vender hasta 50.000 botes en sólo un fin de semana. Hosteleros y vecinos denuncian que el fenómeno se multiplica en estas fechas de fiestas populares en la calle

  • Los vendedores ambulantes ilegales suelen ser sin papeles que trabajan para otras bandas
    Los vendedores ambulantes ilegales suelen ser sin papeles que trabajan para otras bandas
  • Un latero descargando palés a las puerta de un portal
    Un latero descargando palés a las puerta de un portal

Tiempo de lectura 8 min.

14 de agosto de 2017. 08:37h

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Laura L. Álvarez Madrid. 14/8/2017

Que la noche madrileña y los lateros –personas que venden latas de cerveza de forma ilegal por la calle– van juntas de la mano es un hecho pero, ¿qué hay detrás de este fenómeno? La complejidad del problema obliga a abordarlo desde distintos ámbitos. Por un lado está la problemática social. Detrás de estos vendedores ambulantes ilegales se esconden mafias –controladas por españoles en muchas ocasiones– que se aprovechan de inmigrantes en situación irregular en nuestro país para obtener beneficio económico. Si al cliente le venden el bote de cerveza a un euro, el «jefe» se queda hasta 70 céntimos y los 30 restantes son para el latero que se juega el arresto policial.

Según los datos recabados por la Plataforma de Asociaciones por el Turismo, el ocio, la Hostelería y la Cultura de la Comunidad de Madrid, solo en el distrito Centro, de jueves a sábado, operan un mínimo de 150 lateros en grupos organizados y distribuidos por los barrios más activos. Se estima que cada fin de semana se venden ilegalmente alrededor de 50.000 latas, una barbaridad si se compara con cualquier bodega o supermercado de barrio.

Las asociaciones de hosteleros lo han denunciado en numerosas ocasiones pero parece que desde la Policía Municipal de Madrid todavía no han podido dar con la solución y, a lo sumo, se limitan a multar por venta ambulante ilegal. Una multa, por otra parte, que no suele llegar a ningún puerto al tratarse de gente indocumentada y, por tanto, sin domicilio fiable al que notificar nada. Pero es en estas fechas de fiestas populares en Madrid y especialmente ahora con las fiestas de San Lorenzo y La Paloma cuando estos vendedores se multiplican, para desgracia de hosteleros y vecinos del distrito Centro. Y es que el negocio se ha diversificado hasta tal punto que ya existe el «telelata» y numerosos pisos (muchos de Lavapiés) están alquilados por estas mafias para hacer las veces de almacén.

Al parecer, el jefe de cada grupo de lateros, les proporciona «los miércoles o los jueves palés llenos de latas para que, en ese fin de semana, las vendan todas», explica el coordinador de la Plataforma por el Ocio, Vicente Pizcueta. Esta entidad lleva años denunciando hasta dónde salpica esta problemática pero las administraciones, hasta el momento, han mirado para otro lado y el fenómeno, lejos de extinguirse, está creciendo de forma exponencial. De hecho, ya lo califican como una de las principales amenazas para este sector.

Estos palés se almacenan en determinados pisos de Centro sin ningún tipo de control, lo que da lugar al tercer problema: la inseguridad ante posibles derrumbamientos. Las mafias almacenan cientos de packs en decenas de congeladores que, dado su magnitud y peso, pueden hacer que los cimientos de las antiguas casas del centro de Madrid empiecen a tambalearse poniendo en peligro la seguridad de sus vecinos. En Malasaña ya han detectado varios de estos denominados «pisos lanzadera». Están en la calle Palma, 9; calle Ruiz, 7; calle San Andrés, 32 o calle Infantas, 6. Son sólo algunos de los edificios marcados ya por la lacra de estas bandas organizadas. Juan Antonio Caparros, dueño del bar La Divina, cerca de uno de estos «pisos lanzadera», es uno de los afectados en primera persona. Lleva tres años con el bar y asegura que el fenómeno latero cada vez está más presente en este barrio.

La Plataforma por el Ocio también denuncia que la presencia de lateros, además de engordar el problema del botellón y dar una imagen de inseguridad al normalizar la actuación de grupos organizados, tiene un impacto directo sobre la problemática del ruido, ya que su pico de ventas suele concentrase en la hora del cierre de los locales ocio nocturno.

Así, cuando llegan las 3:00 o las 6:00 horas de la madrugada y los pubs madrileños echan el cierre, el recibimiento en la calle a los clientes que abandonan en local son, al menos, tres o cuatro lateros ofreciendo un bote de cerveza a un euro. «Casi todo el mundo acaba comprando. Ya han bebido y muchos se han quedado con las ganas de tomar la última copa así que les compran encantados las latas», explica el propietario de un establecimiento de la calle San Vicente Ferrer.

Juan Enríquez trabaja también en esta zona y cada fin de semana es testigo de cómo la plaza del Dos de Mayo se llena de «chavales que para continuar con la fiesta se ponen a beber ahí», probablemente, las bebidas alcohólicas que los lateros les proporcionan. Para Enríquez, la Policía Municipal es uno de sus mayores «cómplices» porque «parece que se interesan más por que los bares cierren a su hora que por detener a estas mafias». Carlos también está indignado y se le nota. Confirma que desde hace varios meses la presencia de estos vendedores ambulantes es «mucho mayor». Trabaja en el bar San Joaquín y, aunque nunca había oído hablar de estos pisos lanzadera, es consciente de que «las cañas que se podrían tomar en mi bar, se la toman en la calle a menos precio pero molestando a los vecinos».

Pizcueta reconoce que, a nivel económico, «las magnitudes de la competencia desleal asociada al fenómeno de los lateros es inasumible para las pymes hosteleras» y denuncia que, tantos años después de su aparición, sigan sin tomarse apenas medidas de «orden público».

Los afectados se quejan de que estos vendedores se han adueñado de la zona a base de comercio ilegal en las calles. Es habitual verlos salir a media noche cargados con sus neveras llenas de latas a captar posibles compradores. Da igual si son menores o adultos, su objetivo es despachar bebidas alcohólicas indiscriminadamente a todo el que se cruza en su camino. Su modus operandi es muy sencillo: cogen una pequeña nevera refrigerante, la llenan de hielos y se pasean por las calles ofreciendo latas de cerveza a un módico precio.

Estas mafias se aprovechan de todos los resquicios legales de nuestra legislación y saben aplicarlos bien. Son conocedores de que cuantas menos latas lleven en la nevera, menos consecuencias tendrán ante la ley. Por eso, y para no tener que ir y venir a por más mercancía a los pisos lanzadera, esconden estas bebidas en los lugares más insospechados, empezando por cubos de basura. Porque otra de las aristas de esta problemática sería la economía sumergida que supone su desarrollo pero quizás el fleco que más debería preocupar a los responsables políticos y policiales es que atenta directamente contra la salud pública.

Esta venta clandestina de alcohol, según denuncian desde esta asociación, se produce «al margen de los más elementales protocolos de seguridad alimentaria y el almacenamiento de latas de cerveza puede llegar a producirse en los contenedores y alcantarillado de la vía pública». Y, en caso de intoxicación, ¿a quién se reclamaría? Tampoco estos vendedores piden ningún carné antes de dispensar alcohol y se ha convertido en una de las formas más sencillas de conseguirlo para los adolescentes que no pueden comprarlo en un supermercado ni en ningún establecimiento hostelero legal.

Estas mafias, lejos de estancarse en un modelo de negocio, en los últimos meses han dado a conocer un nuevo servicio llamado «telelateros». Basta con marcar un número de móvil y, en menos de dos segundos, una mujer de nacionalidad china le ofrece la posibilidad de llevarle a su propio domicilio el número de latas que desee en el menor tiempo posible sin que usted tenga, siquiera, que moverse del sofá.

Un delito económico y contra los trabajadores

Según los datos que maneja el sector del ocio, sólo en el distrito centro los lateros pueden vender en torno a 20.000 latas cada noche, lo que supone más de 2,5 millones de latas a lo largo del año. Si se extrapola a nivel nacional, se podría hablar de más de 30 millones de latas de cervezas distribuidas de forma ilegal, lo que supondrían un perjuicio económico directo de mas de 150 millones de euros. La Plataforma del Ocio Nocturno sostiene, además, que estas organizaciones, perfectamente estructuradas y jerarquizadas (además del vendedor o el que suministra, están quienes avisan de la presencia policial) incurren a diario en un delito contra los trabajadores. Los lateros son tratados como «marionetas», muchas veces amenazados y que sufren todos los abusos imaginables, empezando por el acuerdo del 30% para el vendedor y 70% para el jefe del beneficio de las ventas.

Aunque la imagen de los lateros descargando palés a las puertas de los portales donde tiene alquilados sus pisos de almacenamiento de latas es bastante común para muchos vecinos de centro (muchos en calles de Malasaña y Lavapiés), este último mes, con motivo de las fiestas de San Cayetano, San Lorenzo y, ahora, La Paloma, aseguran que las bandas de estos vendedores ambulantes ilegales cargan la mercancía directamente en furgonetas. Son jornadas de mucha venta, entre otras cosas, porque estos días de fiesta sí está permitido el consumo de alcohol en vía pública. Las

aparcan cerca de Las Vistillas o zonas más concurridas por conciertos y verbenas y rellenan sus carritos desde los vehículos. Evitan así tener que desplazarse y pasearse con el carro lleno de latas.

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