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Una calle para el capitán Duque, el profesor más querido de los «polillas»

El Ayuntamiento de Valdemoro aprobó por unanimidad esta concesión por su dedicación durante tres décadas a formar a los jóvenes guardias civiles.

  • El capitán Duque en la calle de Valdemoro que llevará su nombre en homenaje a su trabajo al servicio de los vecinos de Valdemoro y del Colegio de Guardias jóvenes
    El capitán Duque en la calle de Valdemoro que llevará su nombre en homenaje a su trabajo al servicio de los vecinos de Valdemoro y del Colegio de Guardias jóvenes
Madrid.

Tiempo de lectura 8 min.

25 de junio de 2018. 23:34h

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C.S. Macías Madrid. 25/6/2018

Su DNI dice que tiene 80 años, pero su complexión atlética, sus ganas de servir y su amor por el colegio de Guardias, lo negarán «siempre».

Los que le conocen dicen que es «incombustible». El capitán Francisco Duque ha dedicado 32 de su vida a «servir, servir y servir». Dice que ése es su lema y lo que durante su etapa en el Instituto Armado le ha hecho inmensamente feliz. Mentor de infinidad de «Polillas» –como se conoce a los guardias jóvenes hijos del Cuerpo– hoy dispersos por España deben al capitán Duque su preparación para pasar las pruebas físicas en todos los exámenes y convocatorias. A lo largo de tres décadas se convirtió en el profesor más querido entre los guardias jóvenes, porque asegura que «les trataba como personas». También es muy querido entre el resto de profesores del Colegio y los vecinos de Valdemoro porque siempre ha estado dispuesto a ayudar a todos de manera altruista. Dice que él era «del montón» hasta que un día comenzó a destacar. Su secreto se esconde en su lema, que le hizo estar dispuesto a colaborar en todo en cada momento. «La sacrificada era mi mujer, Julia Martínez, que nunca se ha quejado», y a la que caballerosamente llama «la dama».

Por eso, cuando le llamaron del Ayuntamiento de Valdemoro para comunicarle que le iban a rendir homenaje concediéndole una calle se emocionó. «Fue para mí una sorpresa muy grande, no me lo creía y pregunté. ¿Yo, por qué?». Aunque la idea no ha sorprendido a nadie del Colegio de Guardias y, como asegura el coronel director Rafael Morales, «es muy querido por todos». La propuesta se llevó para su aprobación al Pleno Ordinario celebrado el 31 de mayo –día en el que el Congreso debatía la moción de censura contra Rajoy– con un único punto en el orden del día y salió adelante por «unanimidad» con el voto favorable de todos los grupos políticos.

Se trata de una calle peatonal que carecía de denominación y está ubicada entre las calles Añover de Tajo y Toledo, junto a un colegio en el que además su hija Sonia trabaja como coordinadora del comedor.

¿Y cómo quiere que le recuerden los niños y jóvenes que pasen por su calle? «Que me imiten en lo bueno, en servir, servir y servir; disciplina y tesón», insiste.

Entre los invitados al acto de inauguración de su calle, que tendrá lugar este jueves, figuran el astronauta y hoy Ministro de Ciencia, Innovación y Universidades, Pedro Duque, porque antes que todo eso es sobrino del capitán. «No sé si podrá venir», destaca. Y es que la calle que le conceden es por méritos propios.

El capitán Duque es jinete, deportista, guardia civil, padre e incluso doble de acción en el cine. En sus años como profesor del Colegio recuerda que la mayor lección que les dio a sus alumnos fue la de «obedecer y saber estar». De ellos también ha aprendido «que la vida va cambiando», pero «que la disciplina tiene que existir siempre, porque sin ella no hay mando ni voluntad».

A los catorce años estuvo en la mili, trabajó en una imprenta de repartidor de paquetes y con diecisiete se preparó una oposición para entrar en unos grandes almacenes. Mientras trabajaba allí como dependiente, un primo de Badajoz se fue a vivir a su casa para sacarse el curso de guardia civil que se impartía en El Escorial. «Me gustó el tricornio y el uniforme» y con veinte años se animó a entrar en el Cuerpo. Su padre pensó que estaba loco y le insistió en que iba a ganar más dinero fuera del Cuerpo, pero «era lo que a mí me gustaba». Llegó hasta a salir en el catálogo como modelo. «En la familia siempre hemos tenido buena complexión», subraya.

De padre, abuelo y tío en la milicia también su hijo ha seguido sus pasos. El Cabo Duque es instructor en el Colegio de Guardias.

Al capitán le gusta enseñar, «porque ha habido personas que también me enseñaron a mí». Estando en el Escuadrón de Madrid, empezó a dar clases de equitación a la hija de un coronel. Poco a poco se corrió la voz hasta que se crearon grupos más numerosos. Empezó a instruir a los «polillas» dentro y fuera del Colegio creando un grupo de «cross». Desde hace años los guardias honran su labor como docente con una carrera solidaria en su nombre. «La última vez me tuve que preparar la de 10 kilómetros, estos chicos me quieren matar», bromea. «Como profesor daba clases, pero también daba ejemplo», asegura y es que siempre iba a la cabeza del pelotón. Le mantiene joven sus entrenamientos. Los lunes, miércoles y jueves sale a correr; y martes y viernes va al gimnasio. Le gusta mucho leer. Y el resto de tiempo es para las labores de la casa, hacer la compra y cuidar de «su dama», que para él es lo primero.

Perteneció a la unidad de el Móvil, lo que hoy se conoce como el GRS –los antidisturbios de la Guardia Civil–. En el escuadrón de caballería entró en 1959 donde se convirtió en una especie de centauro y recuerda especialmente a sus caballos Huracán, Tabulo, Delio y Pandino. Llegó incluso a concursar en trofeos militares.

Estando en el escuadrón, en el año 1961, les propusieron formar parte de la figuración de «55 días en Pekín». Participaron cuarenta guardias y el dinero que consiguieron sirvió para comprar máquinas de escribir para el Móvil. Cuando asistieron a la película «La caída del imperio romano» le dieron un papel más importante. Necesitaban un portaestandarte de una bandera de hierro estando a dos grados de temperatura y las manos se congelaban. «Había que ser jinete y estar fuerte, recuerda». Los especialistas estaban fuertes, pero no eran buenos jinetes y el capitán Duque había empezado ya a despuntar en esta especialidad. Uno de los capitanes que les acompañaba entonces le propuso a la producción de la película que probaran con él y le escogieron para todo tipo de figuración. Ahí trabajó con actores y actrices como Sophia Loren, Stephen Boyd o Anthony Quayle.

Llegó al escuadrón de Valdemoro de la mano del teniente coronel Macías, que acababa de ascender a Coronel y le destinaron al Colegio. Fue él quien le propuso dar las clases de equitación. Era el año 72. Insiste en mencionar al coronel Antonio Benitez Paniagua, de quien guarda mucho cariño por ser el último coronel que tuvo de «jefe» en el Colegio y las palabras que le dedicó entonces.

¿Su mejor recuerdo? «Los alumnos, porque sin ellos no hay Colegio». Y destaca las veces que los «polillas» haciendo guardia en la garita le llamaban porque «se había movido algo por ahí».

Se marcha a paso marcial, por la misma calle que llevará su nombre y subraya: «Todavía no me creo esto. ¡Se han pasado!».

Tío del astronauta y ministro Pedro Duque

En el museo del Colegio de Guardias de Valdemoro muchos se sorprenden al ver una dedicatoria del astronauta y ahora ministro de Ciencia Pedro Duque en las vitrinas. «Es sobrino del capitán Duque», destacan.

El capitán Duque pasó a la reserva con 56 años y fue jefe de protocolo lo que le llevó a tratar, por sus funciones con diferentes gobiernos y partidos políticos de cada momento. Asegura que «nunca» le han interesado las inclinaciones políticas, sino las personas. ¿Y se imaginaba que su sobrino sería ministro? «¡Qué va!» «Sí le llamé y le dije, pero qué sorpresa. Y me dijo, a ver, si me han elegido, ¿qué hago?». «Ahí está, por lo menos le

veo ahora en televisión» y destaca que son sobre todo sus hijos quienes se encargan de organizar las comidas familiares. Dice que su sobrino Pedro Duque no le trasladó nunca su interés por ser guardia civil, «pero venía mucho a vernos porque mi mujer era una predilección para la comida». Eso sí, han entrenado juntos en la piscina, en el gimnasio o alguna vez montando a caballo. «Es muy sencillo, nota media de 10, pero normal». Y destaca que un día le tuvo que pedir a una periodista que le informara del currículum de su sobrino. El astronauta participó en una ocasión en la carrera solidaria que homenajea a su tío y dice que ya no podrá escaparse con la moto para dar sus charlas.

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