Barcelona

Los Coronas, bandoleros del rock

El grupo de «música surf al estilo español» encara una nutrida gira nacional con nuevo disco, «Adiós, Sancho» publius,Quonum publiam

«Intentamos darle una pincelada autóctona a lo que hacemos. A veces rumba, a veces pasodoble», dicen
«Intentamos darle una pincelada autóctona a lo que hacemos. A veces rumba, a veces pasodoble», dicenlarazon

Abran capítulo en sus enciclopedias musicales. Llega el «surf calorro», que no es hacer deportes acuáticos en Benidorm, sino algo parecido a pasar las bandas sonoras de Tarantino por la reinterpretación de Los Chunguitos. Bueno, a esta conclusión se llega después de algún desbarramiento teórico y de que Los Coronas intenten explicar el sonido de su nuevo disco, «Baila Lola». Tomen la receta: una base musical genuinamente americana, actitud de Malasaña, y un poco del picante español. Agitar sin miedo. Después de 20 años «en las catacumbas» de las salas españolas, estos veteranos del underground recorren los cinco continentes y han fichado por la multinacional Sony. La explicación es sencilla: basta ir a uno de los conciertos de esta banda formada por Fernando Pardo, Javier Vacas, David Krahe, Roberto Lozano y Yevhen Riechkalov, que actúan en Sevilla (21 de febrero), Bilbao (12 abril), Santiago (26), Barcelona (3 mayo), Zaragoza (10), Madrid (17) y Valencia (23).

«Seguimos dándole vueltas al mismo concepto, a esa idea del forajido y el ''outlaw'', el tipo que vive al margen de la ley en el oeste americano. Nos gusta el concepto del crecimiento, la búsqueda de la última frontera –cuenta Fernando Pardo–. Los personajes que llegan a un lugar antes de que el colono decida instalarse y son ellos los que ponen su ley. Pues hemos buscado traer esa figura que nos gusta por gente como Johnny Cash o Joe Strummer a códigos del sur, porque aquí también los tenemos», explica. ¿Que cuáles son? Los bandoleros, los asaltadores de caminos. «En nuestra mente está la serranía y en nuestro imaginario Curro Jiménez», añade Pardo guasón. Por eso el disco se llama «Adiós Sancho». «Claro, es una mezcla entre Sancho Gracia (que interpretó al personaje en televisión) y Sancho Panza. Y no hay que olvidar que hace bien poco detuvieron al último bandolero español, El Solitario», dice Javi Vacas en referencia a un conocido atracador de bancos.

Su filosofía es traer esa raíz americana a un sonido ibérico. «Mantenemos la actitud ortodoxa y la mezclamos con cualquier cosa», explican. «Por ejemplo, el tema ''Baila Lola'' es la fusión con el sonido disco de los setenta, con Caño Roto, Los Chichos o los Chunguitos. La rumba pasada por el funk de ''Fiebre del sábado noche'', de los Bee Gees...». «Un sonido un poco calorro», dice Pardo entre la risotada general. Hay mezcla flamenca en «La leyenda del solitario». Vacas: «Es un pequeño homenaje a ''La leyenda del tiempo'', que fue el fin del flamenco ortodoxo». Pardo: «Camarón y Paco de Lucía cogieron el tarro del flamenco, que era para una minoría, y lo estrellaron contra el suelo para que se desparramara y pudiera coger de allí el que quisiera. Y eso le habría encantado a Joe Strummer, porque le interesaba la cultura hispana, pero caló en Francia, en grupos como Ricky Amigo, y los primeros Mano Negra...». De la «fusión» han hecho su método de trabajo Los Coronas. «A veces jugamos en el local. Nos decimos: ''A ver cómo sonaría en tono surfero tal canción de Metallica. O esa otra de Paco de Lucía... Y lo que empieza siendo un juego se acaba convirtiendo en tu voz», dice Pardo. «La pieza que nos faltaba era un trompetista ucraniano –interviene Krahe–. Es justo el toque mediterráneo que necesitábamos. Hemos descubierto que la música hispana pasó por Ucrania en su viaje desde la India». Al margen de esta teoría, que permite a la banda discutir un rato de historia, la mezcla de estilos está en el ADN de su juventud. No sólo porque varios miembros de la banda tocan también en Sex Museum, la banda hermana, sino por otras razones. «Tratamos de darle a la música que nos gusta una pincelada de color autóctono. A veces tira al pasodoble, y a veces lo arrumbamos, o lo traemos al rock castizo, a Malasaña. Hay un punto entre chuleta y sucio que se veía en el Agapo (un bar histórico del barrio), donde compartían barra alguien con una camisa flamenca y un tipo con camiseta de los Stooges», explica Vacas.

«¿A dónde fue Manu Chao cuando tuvo la eclosión brutal de sus referentes punk-rockeros y latinos? A Malasaña», matiza Pardo, algo más que una institución en «La vía Láctea», otro de los bares necesarios. La catarata teórica hay que sintetizarla: «Llega un punto en el que, más allá de lo musical, estás con la actitud de cada músico y su enfoque». «¿Dónde está el origen de todo? En el Agapo y en los Urales», dice Krahe y se retuercen de risa.