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La clínica jurídica de Corazón y Manos: 40 casos y 90 beneficiarios en tan solo un año

En Corazón y Manos, se hizo evidente el valor que podría aportar un servicio de asesoramiento legal.
En Corazón y Manos, se hizo evidente el valor que podría aportar un servicio de asesoramiento legal.UnsplashLa Razón

La voluntad de las personas es, muchas veces, el mejor motor de cambio. Un claro ejemplo es Corazón y Manos, la asociación sin ánimo de lucro que surgió hace cuatro años por iniciativa de empleados de Clece, con el propósito de canalizar la ayuda que querían prestar a personas de su ámbito laboral que se encontraban en difícil coyuntura personal o familiar, por vicisitudes de la vida.

En aquel momento, “nos dimos cuenta de que entre nuestros más de 70.000 empleados había personas y familiares que tenían verdaderas historias de necesidad. Corazón y Manos nació para atender a esas personas tan cercanas, compañ̃eros de trabajo con necesidades de todo tipo”, explica Cristóbal Valderas, socio fundador y presidente de la asociación.

A medida que la asociación comenzaba a impulsar proyectos para ayudar a compañeros en situaciones delicadas, iba detectando que parte de la solución a los problemas de muchos de ellos estaba relacionada con aspectos legales. “Por falta de conocimientos, de información o por carencias con el idioma, hay mucha gente que necesita ayuda para comprender la situación en la que está y los recursos legales que puede emplear para resolverla”, comenta Carlos Comín, secretario de Corazón y Manos.

Así es como se hizo evidente el valor que podría aportar un servicio de asesoramiento legal, que Corazón y Manos logró establecer a través de acuerdos de colaboración con la Clínica Jurídica de la Facultad de Derecho (ICADE) de la Universidad Pontificia Comillas, con la Universidad Villanueva y con la Universidad Rey Juan Carlos. La reacción de estas universidades a la propuesta de la asociación “fue magnífica, inmediatamente pusieron en marcha la colaboración entre profesores y alumnos y crearon grupos de trabajo para que los alumnos pudieran abordar nuestros casos reales de vulnerabilidad social”, desarrolla Comín.

El servicio parece difícilmente mejorable, ya que los estudiantes trabajan con la guía de los docentes, y además, por la de despachos de abogados que se dedican a casos similares en su día a día. De esta forma, las personas necesitadas de ayuda legal reciben una orientación completísima y desde el código deontológico de la práctica profesional.

“Nos parece fundamental devolver a la sociedad lo que la sociedad nos aporta”

Isidoro Ugena es partner en Kennedys, un despacho de abogados de ámbito internacional que colabora con la clínica jurídica de la Universidad de Comillas. Para este profesional del Derecho, la importancia de esta iniciativa reside en que “es fundamental tratar de devolver a la sociedad lo que la sociedad nos aporta” y para ello, es necesario el compromiso de muchos abogados que prestan, de forma desinteresada, su colaboración.

“Generalmente hablamos de personas en una situación de desvalimiento y desprotección muy marcada, a veces incluso con dificultades para leer y escribir, y con una situación económica que no les permitiría acceder a un servicio de orientación”, explica Ugena.

Pero el beneficio que reciben estas personas, ni empieza ni termina en la orientación legal: “Muchas veces lo que más valoran es sentirse escuchados, sentir que tienen un lugar al que llamar y saber que una persona les va a ayudar”, añade Comín.

¿Quién le cambia la vida a quién?

Este proyecto social no solo tiene efectos en las vidas de las personas en riesgo de vulnerabilidad que acuden a recibir los servicios de orientación. Los alumnos voluntarios también ven cómo esta labor “les cambia la vida”, como hace ver Comín. “Para muchos profesores y alumnos, esta ha sido una experiencia más allá de la parte educativa o jurídica. También, para muchos abogados, la implicación personal ha sido tal, que han acabado por participar en su tiempo libre y lejos del contexto laboral”, desvela.

“Es una buena demostración de que, ayudando, la sociedad puede ser mucho mejor”, comenta Isabel Lázaro, directora de la Clínica Jurídica de la facultad de Derecho de la Universidad Pontificia de Comillas. “Para los alumnos, es una forma de colaborar y aprender, mientras se ofrece un servicio a los demás y se hacen cargo de la realidad con la que van a trabajar el día de mañana”.

Para esta profesional docente, es importante que la universidad forme parte de esta voluntad de ayudar: “Cada uno en su ámbito y sector tiene mucho que aportar y eso no se improvisa, sino que se aprende. La mayoría de los estudiantes universitarios tienen una posición en la que, a lo mejor, de otra forma, jamás le pondrían cara a la vulnerabilidad. Es una forma de enseñarles que tienen una responsabilidad con la sociedad.” Lázaro está al frente de los acuerdos con profesionales de despachos legales y tutores que asesoran a más de 400 alumnos con sus proyectos.

El valor de revertir una situación vulnerable gracias a la implicación de todos

Los casos a los que se enfrentan estas clínicas jurídicas son de tipos muy distintos, pero todos tienen por denominador común la situación desfavorable de quien solicita orientación.

Ejemplo de ello es el caso de un trabajador de Clece que buscó ayuda en Corazón y Manos y, gracias al excelente trabajo asistencial de un alumno, consiguió adaptar su caso a los requisitos de la Administración para la reagrupación familiar, y pudo traer a sus padres y a su hermana desde Marruecos. “Gracias a la implicación de todos,” comenta Ugena, “se materializó un proyecto de arraigo y una persona sacó adelante a su familia, y eso tiene el valor, para todos, de haberlo conseguido”.

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