Madrid

Madrid vive su primer San Isidro de pandemia

Lluvias, chubascos y temperaturas bajas. Por lo menos el tiempo acompañará en el San Isidro más raro que Madrid recuerde, por lo menos en lo que va de siglo. Este año, en la Pradera de San Isidro y las Vistillas solo se verán las patrullas de la Policía Municipal para desanimar a los listos que intenten saltarse las normas del estado de alarma para improvisar picnics y botellones.

Resulta difícil creer que la pandemia pare la tradición de acudir de forma masiva para celebrar la festividad del santo jornalero que multiplicaba trigo, regalaba palomas y salvó a su hijo caído en un pozo gracias a la oración. Las aguas le escucharon, subieron y así San Isidro pudo rescatar al pobre Illán que también llegará a ser devoto y santo en la madurez.

No habrá chotis, no habrá salchipapas, no habrá la pasarela de políticos -que iban a la Pradera para recibir ovaciones e insultos- pero sobre todo no habrá aglomeraciones. Habrá paseos solitarios, habrá multas para los que incumplan, habrá más calles peatonalizadas, nostalgia, tristeza y las muchas ganas de los madrileños de volver a empezar.

De mantener el aspecto más formal de la fiesta se encargarán, como siempre, las instituciones de toda la vida: el cura y el regidor. El cardenal Osoro celebrará en la Ermita del Santo la misa en honor al patrono de Madrid a puerta cerrada pero en directo por YouTube.

El alcalde Almeida entregará a su pueblo, los madrileños, la Medalla de Oro de la ciudad «en reconocimiento a la responsabilidad y solidaridad de todos en los momentos más críticos y desesperanzadores de la pandemia de la COVID-19».

El encargado del pregón será el escritor y premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, en la Galería de Cristal del Palacio de Cibeles. Muy madrileño, don Mario, no es. Pero Madrid es ciudad del mundo y todos los que la habitan son sus hijos.