El Palacio de Hielo vuelve a la vida

Más de medio año después de que fuera habilitado como morgue, los patinadores regresan a la pista de Hortaleza

Son las 17:00 horas del miércoles 30 de octubre. Niños, niñas y adolescentes se calzan los patines antes de entrar a la pista del Palacio de Hielo, bajo la mirada de sus padres.

Solo dos detalles, aunque bien perceptibles, nos recuerdan que estamos en plena pandemia. Por un lado, las mascarillas, obligatorias pese a tratarse de una práctica deportiva; por otro, los progenitores, que no pueden ver las evoluciones de sus hijos en la pista.

En su lugar, se quedan una planta más arriba, frente a unos grandes ventanales en los que contemplan la cancha en toda su plenitud. La lejanía no evita que muchos inmortalicen los «loops» de sus pequeños a través de sus teléfonos.

La vuelta a los entrenamientos del Club Hielo Madrid Dreams ha supuesto también la vuelta a la vida del Palacio de Hielo. Y no solo para estos aspirantes a futuros profesionales. Desde ayer, el público en general puede acercarse a la pista de la calle Silvano. Más de medio año después de que este centro deportivo, como toda España, tuviera que echar el cierre. Más de medio año después de que el lugar tuviera que ser reconvertido en morgue tras el estallido de la pandemia.

En tiempo récord

Su ubicación y características lo convertían en el mejor candidato: en el distrito de Hortaleza, cerca del entonces Hospital de Emergencias de Ifema, y una superficie de 1.800 metros cuadrados cuyas bajas temperaturas permitían conservar los cuerpos de forma adecuada. Todo se habilitó en tiempo récord para ejercer de mortuorio con plenas garantías.

La improvisada morgue tuvo menos de un mes de actividad. Echaba el cierre el 22 de abril, tras haber acogido a 1.146 fallecidos. Resulta difícil cuantificar su labor, pero sí podemos decir que el Palacio de Hielo fue clave a la hora de descongestionar la saturación sanitaria que experimentó nuestra región.

Durante estos últimos meses, la empresa gestora ha trabajado a pleno rendimiento para que llegara esta semana, ultimando su puesta a punto. Como todos los madrileños, los responsables del recinto están pendiente de las restricciones que pueden surgir. De momento, los aforos se mantienen al 75%.

«¡Moved los pies! ¡Apretad las botas!», indica Esther Iruretagoiena a sus chicas. El entrenamiento está siendo intenso tras tantos meses de inactividad. No faltan los pasos, saltos y piruetas elementales del patinaje artístico. El Club Hielo Madrid Dreams, entrenado por Esther, es un equipo recién fundado esta temporada, pero sus componentes, desde los cinco a los 19 años, ya eran asiduos a la pista de la calle Silvano.

Durante el parón obligado por las circunstancias sanitarias, Esther ha procurado que no estuvieran parados. Sin embargo, las instrucciones que se pueden dar por videoconferencia no llegan igual que cuando se dan en persona, cara a cara, y, sobre todo, en el escenario principal. «Hoy es el primer día, vamos poco a poco. Con calma, pero con ganas», les dijo la entrenadora poco antes de saltar a la pista.

¿Están motivados? «Ha sido un regreso con muchísima ilusión», afirma Esther. Como todo vuelta a la actividad, resulta complicada al principio. Y más aún por no poder separarse ni un milímetro de la mascarilla, un elemento que no casa bien con deporte. Aparte de que dificulta la respiración en una disciplina mucho más exigente y aeróbica de lo que nos pueda parecer a los neófitos, tiene otros inconvenientes: «Muchas veces no se nos oye lo que decimos y, además, no vemos sus expresiones, algo que es muy importante», apunta la entrenadora.

«En cuanto hemos pisado el hielo, es como si no hubiera pasado el tiempo», añade Esther. Y, de algún modo, lo cierto es que no ha pasado. Todo se quedó paralizado en marzo y solo con pequeños pasos –y algún tropezón– vamos regresando a la normalidad. Lejos de lo que podamos pensar, hablar de la utilidad que tuvo el Palacio de Hielo en los meses más difíciles de la pandemia no es un tabú, o algo que haya que reprimir de la memoria. Todos sabemos lo que ocurrió. «Fue muy duro», dice Esther. «Pero yo prefiero pensar en el lado bueno. Al final, todo este hielo estuvo a destinado a una labor importantísima. En ese sentido, estamos orgullosos de haber ofrecido ese servicio», concluye.