Los mercados esperan que la campaña se anime con la visita de última hora

El sector de la alimentación confía en remontar con el consumo en los hogares

Es uno de los «clásicos» de estas fechas. Una cita que nos resistimos a perder. Género fresco, sin envasar, del que entra por los ojos, casi una obra de artesanía. Sin olvidar el trato cercano, por tu nombre, y con ese consejo definitivo que nos hace decantarnos por unos langostinos en lugar de unos percebes. La visita a los mercados de abastos no puede faltar en Navidad. Y salvo por las mascarillas, la imagen que acompaña a estas líneas, ayer, en el Mercado Maravillas, podría pertenecer perfectamente a diciembre del año pasado. Con aforos limitados y midiendo más que nunca las distancias, pero con la misma y sana intención de darnos un pequeño homenaje, aunque sea una o dos veces al año. Y sobre todo en este año. Nos lo hemos ganado.

Todos tenemos en mente a los comercios ahogados por la crisis, desde la hostelería hasta el ocio nocturno. Y sin embargo, no tanto a los mercados. Quizá porque siempre han estado ahí. No cerraron ni siquiera en aquellas primeras y duras semanas de marzo, cuando, además de dispararse los contagios y las muertes, planeaba la sombra del desabastecimiento. Sin embargo, afortunadamente, no faltaron ni fallaron los suministros.

Meses antes, se había puesto en marcha una «app» para la compra online de sus productos, Mercado47. La pandemia supuso para ello, más que una prueba, un desafío: ¿serían estos establecimientos, por los que parece no pasar el tiempo, capaces de competir en la era de la digitalización? Para sorpresa de muchos, así fue. La «app» reflejó un crecimiento del 400% durante los primeros meses de pandemia. Y en términos generales, la facturación en la venta online de los mercados municipales aumentó un 25%: alrededor de cuatro millones de euros.

El hecho de que los mercados municipales sigan sobreviviendo se debe también a un inesperado recambio generacional en la clientela. Puede que los jóvenes no se paseen tanto por las carnicerías, pescaderías y fruterías como lo hacían sus padres. Pero tontos no son. Saben dónde se esconde el buen género. Y sobre todo, a buen precio.