Buen marisco, cañeo y buen vino antes de las campanadas

Terminamos el año entre gambas, percebes y bogavantes. Pedimos a 2022 salud y el fin de las restricciones

Fernando Amorós dirige el emblemático Cantábrico
Fernando Amorós dirige el emblemático Cantábrico FOTO: Enrique Cidoncha Enrique Cidoncha

Nos enfrentamos a un segundo Fin de Año raruno, para muchos amargo, y esperemos que sea el último, por favor. Sin embargo, nosotros no perdemos la tradición de citarnos para brindar con quienes no podremos hacerlo tras las campanadas y pedir juntos mucha salud y el fin del Covid. Dicho esto, vamos a hacer una excepción y dedicar estas líneas a una pequeña ruta por nuestras tabernas preferidas para rogar a 2022 una larga vida a las barras, aún a medio gas a causa de las restricciones, al tapeo y al cañeo patrio y, por supuesto, al disfrute de nuestros buenos vinos por copas. Comenzamos en El Cantábrico. ¿Qué pedir tal día como hoy? Lo de siempre. Es decir, una de gambas, de Huelva, otra de boquerones y centollo. Y, por qué no, al quedar horas para despedir el año, unos percebes y el imprescindible salpicón. Y como hoy la cosa va de tesoros del mar, una dirección obligada es La Toledana, en cuya selección encontramos la ostra plana, de Cambados, la cañaílla extra, de Isla Cristina, camarones gallegos, langostinos del Mediterráneo y mojama de atún o de hueva de maruca. De beber, vermut de grifo y cañas, que desaparecen de la barra ¿Quién da más? Naveira do Mar cuenta con una pequeña en la que situarse para un aperitivo digno del día de hoy. La carta anuncia ostras a tres euros la unidad, angulas del Miño, almejas a 120 euros el kilo y el buey de mar, a 35. La ración de coquinas está a 19 y las vieiras, a 12. En el 53 de la calle Ortega y Gasset se sitúa La Tierruca, mítico espacio al que se va a comer bien y en el que las raciones de calamares fritos, las gambas rebozadas y los boquerones en adobo son una delicia para acompañar esa cerveza bien fría, que fulmina todos los males.

A pocos metros, nos gustan las croquetas de camarón rojo, la banderilla de langostinos con salsa brava y las cigalitas aliñadas de La Casa del Abuelo, aunque los parroquianos y clientes fijos de esta mítica taberna no se privan de los tan castizos soldaditos de Pavía, pero hoy es hoy y nos centramos en el marisco. Por eso, nos estudiamos el apartado que anuncia los calamares, la sepia a la plancha y el cazón en adobo.

Desde 1906, aquí se viene a comer gambas (a la plancha y al ajillo) y a beber vino. A día de hoy, con la etiqueta recogida dentro de La Viña del Abuelo, ya sea de Toro o de la Ribera del Duero. Cuando se nos antoja pulpo, nos hacemos hueco en la barra de Lúa, pero estos días Manuel Domínguez ha optado por descansar hasta el 4 de enero. Sigamos. Por la terraza de La Retasca, con el sello de Juanjo López-Bedmar, desfilan las gambas al ajillo, los calamares a la andaluza con ralladura de lima y los bocaditos de merluza con salsa tártara, que lo suyo es degustar con un Alta Alella Mirgin Gran Reserva Brut Nature 2017. Y, por último, en la vitrina de la joyería que es Rafa observamos cada uno de los mariscos de temporada, sí, además de los ya mencionados, hay percebes, claro, hoy por las nubes, sólo accesibles para pocos bolsillos, bogavante, almejas… A nosotros, nos entusiasman los salpicones de langostino y de carabinero, ya tradicionales.

El Cantábrico
El Cantábrico FOTO: Enrique Cidoncha Enrique Cidoncha

Centollo de El Grove

El Telégrafo y el Gran Barril de Castellana son dos direcciones a tener en cuenta en las que asegurarse la calidad del marisco, de ahí que nosotros acudamos a saborear el centollo, procedente de El Grove, y los fritos de rape con mahonesa Tártara, una de las raciones más demandadas.