Medio ambiente

Ecoansiedad, la depresión del siglo XXI

Cada vez cobra más importancia este síndrome. Afecta a todo tipo de personas, especialmente a los científicos

Lo que podría parecer una exageración o hasta un chiste de mal gusto es una realidad médica para miles de personas en todo el mundo. La escala global del cambio climático y la pequeña escala de las acciones que la inmensa mayoría de la sociedad puede realizar para hacerle frente genera frustración, desmotivación y en los casos más agudos ansiedad y depresión.

Este síndrome ha ido cobrando importancia con gran rapidez y afecta a todo tipo de personas. Se ha descrito en jóvenes y adultos, en personas sensibilizadas por la conservación del medio ambiente y en personas poco conocedoras de la naturaleza que han tomado contacto reciente con información relativa al cambio climático que ya está aquí y que amenaza con fuerza creciente nuestro bie-nestar e incluso nuestra propia supervivencia. Un grupo social que se lleva, o mejor dicho, que nos llevamos, el problema bien dentro es el de los científicos que trabajamos en el tema. La información que manejamos diariamente sobre los cambios en el clima generados por las actividades humanas y la velocidad a la que se incrementan cada año los impactos no nos deja fríos. En ocasiones sufrimos un bloqueo cuando la sociedad, y muy especialmente los más jóvenes, que ya se están movilizando en todo el mundo, nos piden «la verdad».

¿Está la sociedad preparada para encajar esta «verdad» y sus principales implicaciones? Estamos hablando de cambios muy profundos en nuestro modo de vida. Cambios que o bien comenzamos a realizar ya mismo o bien en poco tiempo no tendremos margen más que para adaptarnos a un mundo muy diferente en el que por haber esperado unas décadas habrá mucho más sufrimiento e injusticia y mayores costes socioeconómicos para mantenernos operativos. Un informe de 2018 de Yale (EEUU) reflejaba que seis de cada diez norteamericanos están preocupados y dos muy preocupados por el cambio climático. Y esto ha dado lugar a un aluvión de artículos, estudios y escritos sobre lo que se está conformando como un nuevo y preocupante síndrome de ansiedad.

Los científicos sufrimos o estamos muy expuestos a un doble bloqueo en relación al cambio climático, uno personal y uno en nuestra responsabilidad de informar a la sociedad. No es fácil gestionar esto y se han publicado varios artículos científicos y una extensa carta indicando que científicos y académicos en general deben «permitirse llorar» para ayudar a lidiar con el «dolor» de documentar el deterioro ambiental. Charles Darwin ya argumentaba que los científicos a los que no se ayuda a procesar su «trauma emocional» corren el riesgo de perder sus facultades críticas.

Los autores de una nueva carta sobre este problema advierten de que muchos científicos pueden responder y algunos están respondiendo ya al deterioro ambiental ignorando, reprimiendo o negando las emociones dolorosas resultantes mientras están en el trabajo. Y esto tiene profundas consecuencias a la hora de procesar y comunicar la información sobre el cambio climático y sus impactos, ya que el trauma emocional puede comprometer sustancialmente la autoconciencia, la imaginación y la capacidad de pensar de manera coherente tal como explican en un artículo del 10 de octubre en «The Telegraph».

La ansiedad climática es un caso particular de la ansiedad ecológica o eco-ansiedad, que se define como una preocupación o agitación causada por el temor sobre el estado actual y futuro del medio ambiente. No la sufren solo los científicos, ni mucho menos. Circula una interesante lista de ocho consejos para lidiar con esta ansiedad, consejos que podemos aplicarnos todos, que se explicaron hace poco mas de un mes en «New Scientist» y que se resumen en:

1 ) Vive más alineado con tus valores

2) Dale a tu hogar un chequeo de salud

3 ) Reduzca los vuelos, especialmente si es un viajero frecuente

4) Concentra tus esfuerzos en cambiar los sistemas, no en ti mismo

5 ) Encuentra personas con ideas afines

6) Protege y cuida los espacios verdes locales

7) Habla sobre los cambios que haces

Sin embargo, para Caroline Hickman, de la Universidad de Bath (Reino Unido), la ansiedad climática, como la depresión climática o la ira climática, no es una patología, es una respuesta razonable y saludable a una amenaza existencial real. De hecho, ella, como muchos de nosotros, se pregunta cómo alguien podría no sentirse ansioso o muy preocupado ante lo que sabemos del cambio climático y sus efectos. Sea como sea, la ansiedad climática es un hecho y debemos aprender a gestionarlo.