La Cumbre acusa la frialdad de EE UU, Rusia y China

Sin noticias de un acuerdo. La falta de compañía de las principales potencias (EE UU, Rusia y China) deja en el aire el resultado de la Cumbre. De puntillas han pasado grandes temas como la aportación al cambio climático de la agricultura o la reducción de CO2 del sector aéreo y naval

Todavía no ha terminado la Cumbre y ya hay quien se está preparando para una resaca en clave positiva que contrarreste la decepción si de aquí no sale un compromiso claro. Por eso, una de las consignas en las que se insiste desde el lado técnico, es que esta cita de Madrid no tiene la importancia de otros cumbres como la de París o la próxima en Glasgow. Sin embargo, la expectación social que se ha creado es máxima, quizá un poco por cercanía y otro poco por la velocidad con la que se ha organizado, pero sobre todo por la reivindicación de los miles de jóvenes activistas encabezados por la famosa Greta Thunberg. Entonces, ¿qué se puede esperar en estas últimas horas? ¿Qué puede quedar fuera de la negociación y qué no? “Un mensaje que hay que lanzar es que no debemos desanimarnos porque no se consigan grandes titulares. Sabíamos que esta COP era de transición y lo importante es que se ha avanzado en algunos temas. La sociedad debe saber que tiene que seguir su trabajo paralelo, porque las cumbres de la ONU no representan la única solución. Por otro lado, esta ha tenido algo muy positivo: la gran labor pedagógica sobre clima de estas dos semanas”, opina Fernando Valladares, científico de cambio climático del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

La diferencia con respecto a hace cuatro años es bastante clara. En París casi 200 países contrajeron compromisos y se sumaron a un texto común para luchar contra el cambio climático. “Fue un punto de inflexión histórico, que supuso un antes y después para la industria. Se le mandó el mensaje de que la economía basada en combustibles fósiles se había acabado. Desde entonces los grandes inversores se han movido hacia las renovables”, dice Jesús Martínez Linares, doctor en física cuántica y desde hace unas semanas embajador mundial de la Lucha contra el Cambio Climático. Y eso a pesar de que por primera vez los compromisos de los países no eran vinculantes.

Sin embargo, “los americanos –dice el investigador–, se acostaron una noche con el líder en la lucha contra el cambio climático y se levantaron con el máximo representante del negacionismo. Pero cuidado porque Trump solo puede abandonar París un día después de las elecciones en Estados Unidos y para entonces veremos qué vota la ciudadanía”, exclama. La ausencia del presidente americano es uno de los pinchazos de esta cita, aunque EE UU ha tenido representación durante esta COP25 y como dicen los expertos la sociedad americana va por un lado y su presidente por otro. De hecho, 23 de los 50 estados del país han firmado un acuerdo bilateral por el que se comprometen a cumplir con París.

La tensión geopolítica

A esta hora, y como es habitual en estas cumbres, sólo se puede hablar de impresiones. Una de ellas es que las negociaciones del documento final se pueden alargar al menos hasta mañana. Eso tiñe el ambiente de cierto optimismo y hace pensar que se puede cerrar un acuerdo, al menos en algún apartado, alguna coma, que traslade cierta calma a la expectante masa social, inundada durante dos semanas con mensajes de alerta climática.

El secretismo es máximo en las salas de negociación y lo que trasciende no siempre fiable. Lo que sí se ha hecho patente estos días en las salas es el clima de tensión y la situación de la política internacional. China o Irán han aprovechado la ausencia de los EE UU. Así el primero ha pedido acabar con el multilateralismo en clara alusión a la guerra comercial que tienen abierta con la administración Trump, y el segundo acusaba a la potencia de retirarse de París a pesar de ser responsable de un tercio de las emisiones. “Hasta ahora la posición de Rusia no está nada clara, como tampoco lo está la de China. Estas potencias se desenmascararán sólo en el último momento”, dice Valladares.

La UE es quien lidera la ambición, aunque habrá que esperar a ver si la presentación hecha esta semana del Green New Deal es suficiente para arrastrar al resto de países. Los países del Este de Europa, muy dependientes del carbón, parecen haber relajado posturas en estas negociaciones al saber que Europa va a destinar fondos para alcanzar la neutralidad en carbono en 2050. “Dudo que China tenga capacidad de cambiar si no ve una apuesta clara por parte del resto. Nadie quiere pagar el pato y perder rentabilidad. Hasta 2018 lideraba la instalación de renovables, pero luego ha paralizado estas inversiones y ha vuelto a construir plantas de carbón”, decía Antonio Turiel, investigador del Instituto de Ciencias del Mar en un evento celebrado por el CSIC esta semana.

Algunos temas sobre los que no se ponen de acuerdo parece que se van a posponer directamente para la próxima cita. “Uno de ellos es el de adaptación. Hay muchos países, como China, que no han presentado los resultados sobre sus planes bienales de medidas. El otro tiene que ver con las emisiones del sector aéreo y marítimo. La ONU pidió a ambos sectores la elaboración de planes de reducción de CO2, pero por ejemplo la Organización Marítima Internacional no ha presentado nada”, dice Javier Andaluz, responsable de Clima y Energía de Ecologistas en Acción. El portavoz de la organización también apunta a que se espera que en el texto final se haga alguna alusión al Plan de Acción de Género en cambio climático, pero “probablemente se elimine la integración del lenguaje inclusivo”, dice. El último punto que ha pasado de puntillas por esta COP25 para esta organización es el de la agricultura y su influencia en el cambio climático.

"Lo que queda encima de la mesa para estas últimas horas son los tres puntos que más aristas encuentran en las posiciones nacionales. Por un lado, el famoso artículo 6 que incluye el desarrollo de un mercado internacional de carbono. “La UE prefiere que no se cierre un acuerdo a que al final se firme un texto pobre”, opina Andaluz. Aquí el principal escollo lo representa Brasil, porque está intentando economizar los derechos de carbono. La tonelada de CO2 sigue encareciéndose, matiza Valladares. Este famoso artículo no supone un requisito indispensable para que entre en vigor el Acuerdo de París, por lo que, aparte de sorpresas de última hora, parece que se va a quedar en el cajón hasta Glasgow.

Un aspecto que también resulta arduo para el acuerdo es el de la financiación. “Si no se ata bien, se corre el peligro de lastrar el Acuerdo, puesto que la falta de inversión puede servir de excusa a algunos países para justificar su falta de compromiso”, explica Andaluz. “Siempre hay un tira y afloja con el dinero, porque para los países en vías de desarrollo se trata de una cuestión de justicia climática, ya que ellos son los que menos han contribuido a las emisiones”, dice Martínez.

El tercer punto siempre polémico es el de los objetivos nacionales para la reducción de emisiones. “La sociedad está pidiendo de esta COP un mensaje claro. París mandataba que cada cinco años se revisaran estos objetivos y los países tienen que actualizarlos para 2020. Por eso, esperamos que al menos se fije una fecha límite para que los miembros presenten sus planes y esta no vaya más allá del primer semestre del año. “Tal y como está el ambiente no creo que se vaya a conseguir más compromiso”, opina Martínez. En este sentido, Turiel apunta que "un problema del que se habla poco es que la producción de petróleo cae desde 2005 y se ha sustituido por otros como el que se obtiene con el fracking o las arenas bituminosas (en Estados Unidos o Canadá). Estos productos no serán capaces de mantener la producción. Ya la Agencia Internacional de la Energía alerta de que para 2025 si no se hacen las inversiones necesarias podíamos tener un déficit del 34%. Este petróleo lo necesitamos para la transición y lo estamos sustituyendo por otro que emite más CO2”.